• Zenda
    Jefe de claves

    6 octubre, 2020 a las 10:47 am #39580

    Escribe una historia rural, ambientada en nuestro tiempo o en cualquier otro tiempo, en el campo, en un pueblo, en la naturaleza, real o ficticia,  y participa en el nuevo concurso de Zenda, patrocinado por Iberdrola y dotado con 2.000 euros en premios. Aquí te explicamos cómo participar en este concurso, con el que queremos rendir homenaje a Miguel Delibes, en su centenario.

    Manda tus historias aquí, en este foro, hasta el 18 de octubre.

    El jurado de este concurso lo forman los escritores Juan Eslava Galán, Juan Gómez-Jurado, Espido Freire, Paula Izquierdo y la agente literaria Palmira Márquez.

    El primer premio está dotado con 1.000 €. El premio para la dos historias finalistas es de 500 € para cada uno.

    A continuación te explicamos cómo participar.

    1) Las historias rurales deberán ser originales e inéditas. La extensión mínima de los textos es de 100 caracteres y la máxima, de 1.000 palabras. Cada concursante podrá participar con un máximo de dos textos.

    2) Debes publicar tu historia en internet, como entrada de un blog, como una anotación en Facebook, en Twitter con un tuit o un hilo, o en Instagram mediante una publicación o una historia destacada.

    3) Después, si aún no estás dado de alta debes registrarte en este foro de Zenda y escribir una respuesta al final de esta misma entrada. En la respuesta, incluye la dirección donde has publicado el texto. No es necesario publicar aquí el texto completo, basta con la URL (la dirección web).

    4) Calendario del concurso: puedes participar del martes 6 de octubre de 2020 al domingo 18 de octubre de 2020 a las 23:59. El miércoles 21 de octubre publicaremos en Zenda una selección con las 10 historias que optan a los premios. El viernes 23 de octubre de 2020 se difundirán los nombres del ganador del primer premio de 1.000 euros y de los ganadores de los segundos premio de 500 euros.

    Y podrás divulgarlo con la etiqueta #historiasrurales en las redes sociales.

    En este enlace puedes consultar las bases del concurso.

    ¡Participa y escribe tu historia!

     

    Luis Olivares Gsdea
    Participante

    6 octubre, 2020 a las 5:08 pm #39590

    Zenda el 6 de octubre, 2020 a las 10:47

    Escribe una historia rural, ambientada en nuestro tiempo o en cualquier otro tiempo, en el campo, en un pueblo, en la naturaleza, real o ficticia,  y participa en el nuevo concurso de Zenda, patrocinado por Iberdrola y dotado con 2.000 euros en premios. Aquí te explicamos cómo participar en este concurso, con el que queremos rendir homenaje a Miguel Delibes, en su centenario.

    Manda tus historias aquí, en este foro, hasta el 18 de octubre.

    El jurado de este concurso lo forman los escritores Juan Eslava Galán, Juan Gómez-Jurado, Espido Freire, Paula Izquierdo y la agente literaria Palmira Márquez.

    El primer premio está dotado con 1.000 €. El premio para la dos historias finalistas es de 500 € para cada uno.

    A continuación te explicamos cómo participar.

    1) Las historias rurales deberán ser originales e inéditas. La extensión mínima de los textos es de 100 caracteres y la máxima, de 1.000 palabras. Cada concursante podrá participar con un máximo de dos textos.

    2) Debes publicar tu historia en internet, como entrada de un blog, como una anotación en Facebook, en Twitter con un tuit o un hilo, o en Instagram mediante una publicación o una historia destacada.

    3) Después, si aún no estás dado de alta debes registrarte en este foro de Zenda y escribir una respuesta al final de esta misma entrada. En la respuesta, incluye la dirección donde has publicado el texto. No es necesario publicar aquí el texto completo, basta con la URL (la dirección web).

    4) Calendario del concurso: puedes participar del martes 6 de octubre de 2020 al domingo 18 de octubre de 2020 a las 23:59. El miércoles 21 de octubre publicaremos en Zenda una selección con las 10 historias que optan a los premios. El viernes 23 de octubre de 2020 se difundirán los nombres del ganador del primer premio de 1.000 euros y de los ganadores de los segundos premio de 500 euros.

    Y podrás divulgarlo con la etiqueta #historiasrurales en las redes sociales.

    En este enlace puedes consultar las bases del concurso.

    ¡Participa y escribe tu historia!

     

    - CEMENTO , PURO CEMENTO -

    - Esto que es tía?.
    - Un botijo , para beber agua.
    - Si vienes de la ciudad para molestar ya te puedes ir por donde has venido. Entendido?.
    - Que era broma.
    - Qué , un poco triste en la ciudad?.
    - Hace rato que andas por aquí no?.
    - Has estado en el garaje?.
    - Si . El coche del abuelo no estaba bien cubierto y lo he tapado mejor , no vaya a comer frío.
    - Pero si es un trasto viejo que ?.
    - Si , pero me gusta venir a verlo y montarme en él.
    - Pero no tenías novia en la ciudad?.
    - Si , pero ahí van las cosas muy rápidas y ya hemos roto.
    - Ósea , que vas a llorar al coche de tú abuelo?.
    - No tiene nada que ver.
    - Oh , el triunfador !!!... Te quedas para cenar?. Y te preparo ese cocido. Que no se cómo no te da algo en plena noche después de zarpar te eso?.
    - Si. Me quedo. Voy a por palos para él fuego.
    - Quieto , que tu primo estuvo aquí el otro día y me ha instalado un horno eléctrico.
    - Pero no sale tan bueno ! .
    - Que si. Ahora no se que pasa pero voy recibiendo visitas de todos vosotros. Tu prima me ha regalado una tele pequeña. No le digas nada pero es muy pequeña.
    - Tía , es un móvil grande , pero que muy grande. Madre mía !!!...
    - Qué os pasa ?...
    - Que al final es verdad. La ciudad es puro cemento.
    - Tía , cemento. Puro cemento.

    Miguel Rodríguez
    Participante

    6 octubre, 2020 a las 6:15 pm #39591

    Buenas tardes a todos,

    Aquí os dejo el enlace a los dos relatos que presento al concurso publicados en mi blog:

    La Leona
    https://www.mrecheandia.es/la-leona/

    El sustanciero
    https://www.mrecheandia.es/el-sustanciero/

    ¡Mucha suerte a los participantes!

     

    Miguel Rodríguez Echeandía

    Lola Sanabria García
    Participante

    6 octubre, 2020 a las 6:57 pm #39593

    Hola

    Participo con dos cuentos:

    - El campesino y la azada: https://davidverdejoblog.wordpress.com/2020/10/06/el-campesino-y-la-azada/

    - La reserva: https://davidverdejoblog.wordpress.com/2020/10/06/la-reserva/

    ¡Suerte a todos y todas!

    Abrazos

    6 octubre, 2020 a las 7:35 pm #39594

    SUS TEMORES

    Escondía sus temores en frascos herméticos en el último rincón de la despensa, detrás de los botes de tomate frito, los paquetes de pasta italiana y el azúcar. Estaban muy bien ordenados y sólo ella sabía de su contenido.
    Cuando la juventud era más fuerte que cualquier otra cosa, nada de lo que allí guarda ahora, supuso preocupación alguna.
    El vacío de su casa la obliga a distraer su soledad cocinando historias. Y así pasan las horas, las semanas, y los meses.
    Un día cualquiera su rutina es caminar, antes de volver a encerrarse entre esas cuatro paredes que la asfixian; a veces camina una hora, otras veces dos horas, no lleva prisa, nadie la espera.
    Paso a paso peina esos senderos llanos e interminables alrededor de su pueblo, éste que la ha visto nacer, crecer y también envejecer. Esos caminos le susurran historias de otros tiempos, son testigos de una felicidad pisoteada por el paso de los años.
    La recuerdan, mientras mira a lo lejos la torre de la iglesia, en aquel hermoso octubre, que allí tiempo atrás era todo belleza.
    Se da la vuelta, respira hondo y sigue paseando por aquel sendero rodeado de almendros, para distraer sus demonios.
    Nunca pensó que le faltaría su compañero, tampoco imaginó que algún día sus padres no estarían cerca, y no pasó nunca por su cabeza, llena de historias, que su hija se haría mayor y se marcharía lejos. No le puede reprochar nada, su mundo que creía perfecto, había quedado demasiado pequeño para ella, para su única hija.
    Ese mundo que había confeccionado hacía años, para compartir con su familia. Los patrones entonces, no tenían hilvanes, sino puntadas firmes que no podían descoserse, o eso pensaba.
    Los caminos le susurran y ella recuerda cuando en su pueblo había avalancha de niños, de distracciones y de sueños.
    Hace unos días escuchó en la calle que quizás el siguiente curso tengan que cerrar la escuela porque ya no hay niños.
    A veces quiere estar cansada para dormir al llegar a casa, o escribir historias, por si alguien, alguna vez, las quiere leer, y sino, piensa, no pasa nada, le sirve para desahogarse.
    Una tarde siente una gran bofetada cuando escucha que dentro de unos años solo se mantendrá en pie la iglesia.
    Cerró la puerta de su casa con decisión, y se puso a escribir, y escribió tanto que le dolían los dedos, un poco torcidos por la artrosis, y lloró tanto que las letras comenzaron a emborronarse, y tiró todo a la papelera. En ese momento pensó que el frasco de la soledad y el de la tristeza tenían demasiado contenido. Le dolía en el alma tener que llenar otros.
    Una noche soñó que en su despensa había todo lo necesario para preparar la fiesta de cumpleaños de su hija.
    Volvió a revisar cada estante, y se mostraba satisfecha, porque no había olvidado nada, los frascos de más al fondo, contenían azúcar, tomate, café, harina, leche, galletas, etc.
    Estaba segura que no había otros tarros, ni siquiera ese que tenía una etiqueta demasiado grande donde decía “falta de recuerdos”.

    https://www.instagram.com/p/CGAqnXkhwum/?igshid=1tlst4jrcgw5s

    https://www.facebook.com/531344403578234/posts/3472370939475551/?extid=0&d=n

    Marta López
    Participante

    6 octubre, 2020 a las 8:15 pm #39595

    Zenda el 6 de octubre, 2020 a las 10:47

    Escribe una historia rural, ambientada en nuestro tiempo o en cualquier otro tiempo, en el campo, en un pueblo, en la naturaleza, real o ficticia,  y participa en el nuevo concurso de Zenda, patrocinado por Iberdrola y dotado con 2.000 euros en premios. Aquí te explicamos cómo participar en este concurso, con el que queremos rendir homenaje a Miguel Delibes, en su centenario.

    Manda tus historias aquí, en este foro, hasta el 18 de octubre.

    El jurado de este concurso lo forman los escritores Juan Eslava Galán, Juan Gómez-Jurado, Espido Freire, Paula Izquierdo y la agente literaria Palmira Márquez.

    El primer premio está dotado con 1.000 €. El premio para la dos historias finalistas es de 500 € para cada uno.

    A continuación te explicamos cómo participar.

    1) Las historias rurales deberán ser originales e inéditas. La extensión mínima de los textos es de 100 caracteres y la máxima, de 1.000 palabras. Cada concursante podrá participar con un máximo de dos textos.

    2) Debes publicar tu historia en internet, como entrada de un blog, como una anotación en Facebook, en Twitter con un tuit o un hilo, o en Instagram mediante una publicación o una historia destacada.

    3) Después, si aún no estás dado de alta debes registrarte en este foro de Zenda y escribir una respuesta al final de esta misma entrada. En la respuesta, incluye la dirección donde has publicado el texto. No es necesario publicar aquí el texto completo, basta con la URL (la dirección web).

    4) Calendario del concurso: puedes participar del martes 6 de octubre de 2020 al domingo 18 de octubre de 2020 a las 23:59. El miércoles 21 de octubre publicaremos en Zenda una selección con las 10 historias que optan a los premios. El viernes 23 de octubre de 2020 se difundirán los nombres del ganador del primer premio de 1.000 euros y de los ganadores de los segundos premio de 500 euros.

    Y podrás divulgarlo con la etiqueta #historiasrurales en las redes sociales.

    En este enlace puedes consultar las bases del concurso.

    ¡Participa y escribe tu historia!

     

    Buenas tardes a todos, este es la historia con la que participo "Perderme para encontrarme".

    https://www.facebook.com/permalink.php?story_fbid=1649131771922964&id=100004784718871

    Gracias y suerte a todos!

    Jorge Arce Gálvez
    Participante

    6 octubre, 2020 a las 8:29 pm #39596

     

    Desde México les envío mis #historias rurales.

    https://twitter.com/arcejorge61/status/1313545200615280648?s=20

    ¡Saludos a todos!

    Eduardo Boix
    Participante

    6 octubre, 2020 a las 9:41 pm #39597

     

     

     

    Ramón Castro Pérez
    Participante

    6 octubre, 2020 a las 9:53 pm #39598

    Zenda el 6 de octubre, 2020 a las 10:47

    Escribe una historia rural, ambientada en nuestro tiempo o en cualquier otro tiempo, en el campo, en un pueblo, en la naturaleza, real o ficticia,  y participa en el nuevo concurso de Zenda, patrocinado por Iberdrola y dotado con 2.000 euros en premios. Aquí te explicamos cómo participar en este concurso, con el que queremos rendir homenaje a Miguel Delibes, en su centenario.

    Manda tus historias aquí, en este foro, hasta el 18 de octubre.

    El jurado de este concurso lo forman los escritores Juan Eslava Galán, Juan Gómez-Jurado, Espido Freire, Paula Izquierdo y la agente literaria Palmira Márquez.

    El primer premio está dotado con 1.000 €. El premio para la dos historias finalistas es de 500 € para cada uno.

    A continuación te explicamos cómo participar.

    1) Las historias rurales deberán ser originales e inéditas. La extensión mínima de los textos es de 100 caracteres y la máxima, de 1.000 palabras. Cada concursante podrá participar con un máximo de dos textos.

    2) Debes publicar tu historia en internet, como entrada de un blog, como una anotación en Facebook, en Twitter con un tuit o un hilo, o en Instagram mediante una publicación o una historia destacada.

    3) Después, si aún no estás dado de alta debes registrarte en este foro de Zenda y escribir una respuesta al final de esta misma entrada. En la respuesta, incluye la dirección donde has publicado el texto. No es necesario publicar aquí el texto completo, basta con la URL (la dirección web).

    4) Calendario del concurso: puedes participar del martes 6 de octubre de 2020 al domingo 18 de octubre de 2020 a las 23:59. El miércoles 21 de octubre publicaremos en Zenda una selección con las 10 historias que optan a los premios. El viernes 23 de octubre de 2020 se difundirán los nombres del ganador del primer premio de 1.000 euros y de los ganadores de los segundos premio de 500 euros.

    Y podrás divulgarlo con la etiqueta #historiasrurales en las redes sociales.

    En este enlace puedes consultar las bases del concurso.

    ¡Participa y escribe tu historia!

     

    Buenas noches:

    Participo en el concurso con este relato:

    https://marlentina.es/un-buen-pueblo/

    Muchas gracias.

    Eduardo Boix
    Participante

    6 octubre, 2020 a las 10:17 pm #39599

    Zenda el 6 de octubre, 2020 a las 10:47

    Escribe una historia rural, ambientada en nuestro tiempo o en cualquier otro tiempo, en el campo, en un pueblo, en la naturaleza, real o ficticia,  y participa en el nuevo concurso de Zenda, patrocinado por Iberdrola y dotado con 2.000 euros en premios. Aquí te explicamos cómo participar en este concurso, con el que queremos rendir homenaje a Miguel Delibes, en su centenario.

    Manda tus historias aquí, en este foro, hasta el 18 de octubre.

    El jurado de este concurso lo forman los escritores Juan Eslava Galán, Juan Gómez-Jurado, Espido Freire, Paula Izquierdo y la agente literaria Palmira Márquez.

    El primer premio está dotado con 1.000 €. El premio para la dos historias finalistas es de 500 € para cada uno.

    A continuación te explicamos cómo participar.

    1) Las historias rurales deberán ser originales e inéditas. La extensión mínima de los textos es de 100 caracteres y la máxima, de 1.000 palabras. Cada concursante podrá participar con un máximo de dos textos.

    2) Debes publicar tu historia en internet, como entrada de un blog, como una anotación en Facebook, en Twitter con un tuit o un hilo, o en Instagram mediante una publicación o una historia destacada.

    3) Después, si aún no estás dado de alta debes registrarte en este foro de Zenda y escribir una respuesta al final de esta misma entrada. En la respuesta, incluye la dirección donde has publicado el texto. No es necesario publicar aquí el texto completo, basta con la URL (la dirección web).

    4) Calendario del concurso: puedes participar del martes 6 de octubre de 2020 al domingo 18 de octubre de 2020 a las 23:59. El miércoles 21 de octubre publicaremos en Zenda una selección con las 10 historias que optan a los premios. El viernes 23 de octubre de 2020 se difundirán los nombres del ganador del primer premio de 1.000 euros y de los ganadores de los segundos premio de 500 euros.

    Y podrás divulgarlo con la etiqueta #historiasrurales en las redes sociales.

    En este enlace puedes consultar las bases del concurso.

    ¡Participa y escribe tu historia!

     

    Buenas noches a todos,

     

    aquí les dejo los enlaces de dos relatos publicados en la revista blog https://letrasenvena.com/ con los que participo

    CARALENTEJA: https://letrasenvena.com/2020/caralenteja-de-eduardo-boix

    EL GORDO YOU: https://letrasenvena.com/2020/el-gordo-you-de-eduardo-boix

    Eduardo Boix

     

    6 octubre, 2020 a las 10:22 pm #39600

    Buenas noches,

    Quiero participar en el concurso con este relato:

    https://www.instagram.com/p/CGA-Owfl-Dr/?igshid=b5vgkuxenxcm

    OBJETIVO STEPHEN HAWKING

    Fue su sonrisa. Mis mal pensados amigos de la adolescencia aseguraban que fueron sus colosales pechos los que me atrajeron en un principio, pero eso no es cierto. Puede que sus calenturientas mentes juveniles solo repararan en aquellos detalles tan superficiales, pero a mí lo que me cautivó de verdad, fue la dulce expresión de su rostro al sonreír. Sí, definitivamente fue su sonrisa la que me enamoró sin remedio. No exagero si os prometo que supe desde el primer instante que ya no podría escapar nunca a su hechizo.
    Ahora, quince años después, Eva, quiere dejarme. Hace tres meses le diagnosticaron ELA. Sin entrar en los farragosos términos médicos que envuelven la enfermedad, tan solo os diré que su esperanza de vida no es mayor de cuatro años. Bueno, decir esperanza me parece demasiado optimista si hablamos de condenados a muerte. En pocos meses, tal vez semanas, todos sus músculos se atrofiarán, impidiendo que pueda moverse, hablar, o tan siquiera alimentarse.
    Ante tal panorama, es comprensible que haya pensado en evitarme pasar por todo lo que le espera. Entiendo que se trata de un honroso, aunque desesperado acto de amor; pero va a ser que no. Después de tanto tiempo juntos, pienso seguir a su lado cada segundo que la vida me regale. Será duro, de eso no tengo duda, pero el mismísimo infierno se posaría en mi alma si le abandonara a su suerte en una situación tan dramática como la que nos ocupaba.
    El mes pasado abandoné mi trabajo como abogado en uno de los bufetes más importantes de Barcelona para dedicarme por completo a su cuidado. Ella no me lo ha pedido, pero sabía que le gustaría pasar sus últimos días de vida en su tierra. Con anterioridad a la fulminante aparición de su enfermedad, ya habíamos sondeado la posibilidad de, en un futuro lejano, retirarnos del mundano ruido metropolitano para trasladarnos a su plácido y colorido pueblo. La idea original era mucho más romántica que la que nos veíamos forzados a improvisar, pero, aun así, sé que mi iniciativa le había conmovido profundamente.
    Tras la muerte de sus padres, Eva heredó la coqueta residencia familiar situada en las afueras de la población. Se trataba de una casa antigua, desprovista de las comodidades superfluas a los que acostumbrábamos en nuestro ático del centro de la ciudad.
    Pienso que lo que más le atraía de regresar al hogar de su niñez era volver a vivirlo toda una vez más. Como si fuera la primera, pero sabiendo que sería la última. En concreto, sé que volver a embriagarse del inimitable olor del huerto de naranjos que se encontraba junto a la casa, le resultaba prioridad absoluta.
    Llevamos aquí solo una semana y he de asegurar que pocas veces la había visto tan feliz. Regresar a sus raíces le había almibarado el carácter hasta límites empalagosos. Amaba los matutinos y largos paseos flanqueados por árboles frutales. Tenía la sensación de que andaba y andaba hasta la extenuación con la firme certeza de que ninguna enfermedad, por muy cruel que ésta fuera, podría arrebatarle esas caminatas ya caducadas.
    Estamos adaptando la casa para cuando la enfermedad progrese. Ha sido curioso comprobar como acciones tan poco agradables como elegir una silla de ruedas, las podía convertir en actos ilusionantes.
    Anoche, mientras Eva dormía, me puse a ver un documental en You tube: STEPHEN HAWKING EL INMORTAL. Obviamente, trataba de la insólita relación del físico teórico y su resistencia a la ELA. Le diagnosticaron la misma enfermedad que a mi amada esposa a la temprana edad de 21 años. Como al resto de afectados por la letal patología no le dieron más de cuatro años de vida, pero contra todo pronóstico, el resistió hasta los setenta y seis. En el reportaje mostraban como Hawking procuraba adelantarse a los acontecimientos con actos preventivos, los cuales nadie pudo demostrar que sirvieran finalmente para prolongar su vida. Nadie sabe a ciencia cierta si sus cuidados y terapias sirvieron para mantenerle con vida tanto tiempo, pero por si acaso apunté todo lo que él hizo: fisioterapia pasiva para el pecho, dieta rica en vitaminas y minerales, fuera aceites vegetales
    Estaba decidido, ¡Eva iba a ser Stephen Hawking! Entre los dos lograríamos anticiparnos a cada paso de la enfermedad. La muerte tendría que andar hábil si quería alcanzar a mi amada. Haríamos que los médicos volviesen a equivocarse, como con Stephen. Romperíamos todas las estadísticas. Seríamos un caso a estudiar por futuras generaciones. Si Stephen pudo, nosotros también.
    En plena celebración de esperanza renovada, se me ocurrió la infundada teoría de que el brillante físico había vivido tantos años con esclerosis lateral amiotrófica porque tenía que acabar su obra. Su plan de vida no podía concluir de manera anticipada. No me importó demasiado si mi teoría era descabellada o pudiera tener lógica, por si acaso, buscaría de manera express un propósito profundo que sustentara la vida de Eva. De ese modo, ni el mismo destino se atrevería a arrebatármela. No pegué ojo en toda la noche. Estuve tentado por despertarla a cada instante, para proponerle cada estúpida propuesta que se me pasaba por la cabeza, pero no me atreví a interrumpirla. Hacía mucho tiempo no la observaba descansar tan plácidamente.

    Aquella noche mi estrella partió hacia el cielo. No hubo tiempo para más. El doctor certificó su muerte sin hallar ninguna explicación médica razonable a su apresurada marcha. Simplemente había dejado de respirar: muerte natural. Eva quería abandonar este mundo antes de tiempo para evitarnos los meses más duros de la enfermedad. Quiero pensar que se marchó de manera voluntaria, sin hacer ruido, manteniendo así su recuerdo vital intacto en mi memoria. Cumpliré su última voluntad y enterraré sus cenizas en su paraíso particular. Así quedará para siempre su esencia más pura, unida a aquel perfume frutal, que a ella tanto la cautivaba. Desde hoy, este maravilloso paisaje es mucho más hermoso.
    Sé que fue su sonrisa; no hay duda.

     

     

     

    6 octubre, 2020 a las 10:32 pm #39601

     

     

     

     

    7 octubre, 2020 a las 10:08 am #39606

    Zenda el 6 de octubre, 2020 a las 10:47

    Escribe una historia rural, ambientada en nuestro tiempo o en cualquier otro tiempo, en el campo, en un pueblo, en la naturaleza, real o ficticia,  y participa en el nuevo concurso de Zenda, patrocinado por Iberdrola y dotado con 2.000 euros en premios. Aquí te explicamos cómo participar en este concurso, con el que queremos rendir homenaje a Miguel Delibes, en su centenario.

    Manda tus historias aquí, en este foro, hasta el 18 de octubre.

    El jurado de este concurso lo forman los escritores Juan Eslava Galán, Juan Gómez-Jurado, Espido Freire, Paula Izquierdo y la agente literaria Palmira Márquez.

    El primer premio está dotado con 1.000 €. El premio para la dos historias finalistas es de 500 € para cada uno.

    A continuación te explicamos cómo participar.

    1) Las historias rurales deberán ser originales e inéditas. La extensión mínima de los textos es de 100 caracteres y la máxima, de 1.000 palabras. Cada concursante podrá participar con un máximo de dos textos.

    2) Debes publicar tu historia en internet, como entrada de un blog, como una anotación en Facebook, en Twitter con un tuit o un hilo, o en Instagram mediante una publicación o una historia destacada.

    3) Después, si aún no estás dado de alta debes registrarte en este foro de Zenda y escribir una respuesta al final de esta misma entrada. En la respuesta, incluye la dirección donde has publicado el texto. No es necesario publicar aquí el texto completo, basta con la URL (la dirección web).

    4) Calendario del concurso: puedes participar del martes 6 de octubre de 2020 al domingo 18 de octubre de 2020 a las 23:59. El miércoles 21 de octubre publicaremos en Zenda una selección con las 10 historias que optan a los premios. El viernes 23 de octubre de 2020 se difundirán los nombres del ganador del primer premio de 1.000 euros y de los ganadores de los segundos premio de 500 euros.

    Y podrás divulgarlo con la etiqueta #historiasrurales en las redes sociales.

    En este enlace puedes consultar las bases del concurso.

    ¡Participa y escribe tu historia!

     

    ¡Saludos!

    Por aquí mi participación: http://lamanoqueescribeconpluma.com/2020/10/07/concurso-de-historiasrurales/

    Que haya suerte :)

    M.

    7 octubre, 2020 a las 11:13 am #39607

    Zenda el 6 de octubre, 2020 a las 10:47

    Escribe una historia rural, ambientada en nuestro tiempo o en cualquier otro tiempo, en el campo, en un pueblo, en la naturaleza, real o ficticia,  y participa en el nuevo concurso de Zenda, patrocinado por Iberdrola y dotado con 2.000 euros en premios. Aquí te explicamos cómo participar en este concurso, con el que queremos rendir homenaje a Miguel Delibes, en su centenario.

    Manda tus historias aquí, en este foro, hasta el 18 de octubre.

    El jurado de este concurso lo forman los escritores Juan Eslava Galán, Juan Gómez-Jurado, Espido Freire, Paula Izquierdo y la agente literaria Palmira Márquez.

    El primer premio está dotado con 1.000 €. El premio para la dos historias finalistas es de 500 € para cada uno.

    A continuación te explicamos cómo participar.

    1) Las historias rurales deberán ser originales e inéditas. La extensión mínima de los textos es de 100 caracteres y la máxima, de 1.000 palabras. Cada concursante podrá participar con un máximo de dos textos.

    2) Debes publicar tu historia en internet, como entrada de un blog, como una anotación en Facebook, en Twitter con un tuit o un hilo, o en Instagram mediante una publicación o una historia destacada.

    3) Después, si aún no estás dado de alta debes registrarte en este foro de Zenda y escribir una respuesta al final de esta misma entrada. En la respuesta, incluye la dirección donde has publicado el texto. No es necesario publicar aquí el texto completo, basta con la URL (la dirección web).

    4) Calendario del concurso: puedes participar del martes 6 de octubre de 2020 al domingo 18 de octubre de 2020 a las 23:59. El miércoles 21 de octubre publicaremos en Zenda una selección con las 10 historias que optan a los premios. El viernes 23 de octubre de 2020 se difundirán los nombres del ganador del primer premio de 1.000 euros y de los ganadores de los segundos premio de 500 euros.

    Y podrás divulgarlo con la etiqueta #historiasrurales en las redes sociales.

    En este enlace puedes consultar las bases del concurso.

    ¡Participa y escribe tu historia!

     

    Buenas. Aquí está el enlace a la publicación de Instagram: https://www.instagram.com/p/CGCV1_5lzX9/?igshid=1g9l3oek6yytl

    Son 882 palabras y no me cabía en un solo post, de modo que continúa en los comentarios. Para que la tengáis entera, aquí está:

    #historiasrurales

    JUANITO EL LOBO

    No hacer nada le tenía ocupado la mayor parte del día.

    Al amanecer, a veces cantaba el gallo. Pero todos los días del año, más o menos a esa hora imprecisa, Juanito se enderezaba en su colchón gris mugre y tanteaba el suelo de cemento con la punta de los dedos, barriendo un poco de paja hasta palpar el calcetín del día anterior. Vivía en la parte baja del pueblo con su mula, en una casucha de una sola estancia, apéndice de otro casuto. La puerta era la tranquera desvencijada de un viejo corral. Dentro olía a pezuñas y callos osificados. Juanito se acercaba al bebedero y se remojaba la cara, la nuca, y después formaba un cuenco con su mano y bebía. El agua era templada, con sabor a moscas. La mula se incorporaba a su lado. Tenía un pelaje uniforme del color del hollín y ojos de alquitrán. La cabeza ancha, las orejas largas, el cuello arqueado, las patas finas y la cola gruesa, llena de pelo. Movía su cabeza como una grúa pesada, despacio, de lado a lado, y después abajo para beber también.

    Juanito el Lobo no tenía manada ni la quería. Era un hombre de pecho estrecho, escuchimizado, sin chepa pero encorvado. Cano, las mejillas hundidas y la cara arrugada, quizá ya había nacido así. Cada mañana Juanito cruzaba el pueblo llevando a cuestas una cesta de esparto vacía. La mula, delante, iba anunciando su paso rompiendo el silencio de la mañana con el ritmo parsimonioso de sus cascos. Juanito vestía siempre la misma camisa gastada con recuerdos de azul. Si acaso en invierno, no se la remangaba. Aún tan temprano, el aire era espeso a su alrededor y el sudor nuevo empezaba a acumularse encima del sudor de ayer. Con paso cadente, Juanito seguía a su mula, que remontaba la cuesta de la plaza, la cruzaba en diagonal, bajaba hasta la calle del Arroyo, llegaba al repechete de la curva de la carretera y se metía por el camino de piedrecillas hasta su huerta.

    En su trozo de tierra había sembrado pepinos rastreros, algunas vainas de judías y ajos tiernos. Entre un cerezo y un peral, tenía dos bañeras oxidadas. En una echaba heno y maíz ensilado para la mula y en la otra vaciaba varios cubos de agua como bebedero. Soltaba el riego, peinaba los surcos desdibujados en la tierra y recortaba la hojarasca sobrante de los cultivos. Enfrente de los frutales caía la buena sombra de una higuera borde. Debajo, en una silla de anea coja, se sentaba Juanito el Lobo.

    El silencio del campo era ruidoso: el zumbido tempranero de un abejorro, un ladrido perdido, los vibrantes susurros de las chicharras al medio día, el gorjeo de dos pájaros enamorándose, algún balido alejado, el rebuzno aburrido de la mula cuando empezaba a bajar el sol. Juanito el Lobo veía pasar las horas y, de vez en cuando, sobre todo en verano, a algún andarín despistado, inoportuno, buscando la ruta al nacimiento del río.

    Una tarde le pareció ver a lo lejos dos figuras femeninas, dos puntitos de colores vivos que se iban acercando a la vez que se empezaban a distinguir palabras sueltas de su charloteo. Caminaban despreocupadas, siguiendo el camino como borregas. Aún estaban lejos como para ver sus facciones, pero Juanito las reconoció. Eran dos muchachas del pueblo. Si se cruzaban con él y su mula, siempre le saludaban. «Qué pasa, Juanito». Él, detrás de su mula, sin despegar los ojos de sus pasos y con un ligero cabezazo de reconocimiento, contestaba, «Yeh».

    Ahora traían algo a su nada. Juanito gruñó y decidió darles el alto. Tanta algarabía perturbaba sus esfuerzos de indiferencia. Se levantó y aulló.

    —¡Auyeh! ­—gritó con las manos de visera.

    Las muchachas, ensimismadas en su conversación se pararon en seco. Se giraron hacia la voz.

    —¿Hola? —Escudriñaron la figura raquítica—. ¿Juan?

    —Si sé quién sois —estiró un brazo, como lanzándoles aire —. ¡Y vosotras también vais pa’viejas!

    Las muchachas se miraron, se carcajearon y volvieron por donde habían venido, cuchicheando como dos colegialas reprendidas. La risa humana no encajaba con los demás ruidos del monte.

    Ninguna brisa peinaba las amapolas de la cuneta. Aun así llegó la voz. «Qué animal es», les escuchó decir, «Más que lobo parece burro, cargado siempre por esos costanetos y la mula delante tan pancha». Unas burbujas de rabia le asomaron por los incisivos apolillados. Quiso zampucarlas a cada una en una bañera, pero en vez de eso, marcó el tronco de la higuera borde con su orina.

    Juanito el Lobo miró a su mula. Se acercó a ella y le acarició el lomo, rígido pero suave como cerdas de escoba gastada. Ésta le respondió con un rebuzno. Juanito se incorporó y llenó de frutos la cesta de esparto. Los tallos de los ajos tiernos sobresalían. Se echó la carga a la espalda y, soltando un bufido por el esfuerzo, dio dos palmadas en la grupa de la mula. Ésta se puso en pie y comenzó a guiar el camino de vuelta. Doblado, sin apartar la mirada de los cascos traseros de la mula, volvieron por el camino de piedrecillas, bajaron la curva de la carretera, llegaron a calle del Arroyo y cruzaron la plaza en diagonal. Sólo quedaba la cuesta abajo. Su mula ya le llevaba a descansar.

    7 octubre, 2020 a las 12:17 pm #39609

    Buenos días:

    Mi aportación al concurso:

    https://javirfdz.blogspot.com/2020/10/luchy-o-el-peso-de-la-ciudad.html

    Muchas gracias.

     

    7 octubre, 2020 a las 1:34 pm #39610

    Zenda el 6 de octubre, 2020 a las 10:47

    Escribe una historia rural, ambientada en nuestro tiempo o en cualquier otro tiempo, en el campo, en un pueblo, en la naturaleza, real o ficticia,  y participa en el nuevo concurso de Zenda, patrocinado por Iberdrola y dotado con 2.000 euros en premios. Aquí te explicamos cómo participar en este concurso, con el que queremos rendir homenaje a Miguel Delibes, en su centenario.

    Manda tus historias aquí, en este foro, hasta el 18 de octubre.

    El jurado de este concurso lo forman los escritores Juan Eslava Galán, Juan Gómez-Jurado, Espido Freire, Paula Izquierdo y la agente literaria Palmira Márquez.

    El primer premio está dotado con 1.000 €. El premio para la dos historias finalistas es de 500 € para cada uno.

    A continuación te explicamos cómo participar.

    1) Las historias rurales deberán ser originales e inéditas. La extensión mínima de los textos es de 100 caracteres y la máxima, de 1.000 palabras. Cada concursante podrá participar con un máximo de dos textos.

    2) Debes publicar tu historia en internet, como entrada de un blog, como una anotación en Facebook, en Twitter con un tuit o un hilo, o en Instagram mediante una publicación o una historia destacada.

    3) Después, si aún no estás dado de alta debes registrarte en este foro de Zenda y escribir una respuesta al final de esta misma entrada. En la respuesta, incluye la dirección donde has publicado el texto. No es necesario publicar aquí el texto completo, basta con la URL (la dirección web).

    4) Calendario del concurso: puedes participar del martes 6 de octubre de 2020 al domingo 18 de octubre de 2020 a las 23:59. El miércoles 21 de octubre publicaremos en Zenda una selección con las 10 historias que optan a los premios. El viernes 23 de octubre de 2020 se difundirán los nombres del ganador del primer premio de 1.000 euros y de los ganadores de los segundos premio de 500 euros.

    Y podrás divulgarlo con la etiqueta #historiasrurales en las redes sociales.

    En este enlace puedes consultar las bases del concurso.

    ¡Participa y escribe tu historia!

     

    Querid@s amig@s,

    Estoy encantada de participar en vuestro concurso con este relato. Aparece en mi blog "Escritura". Muchas gracias.

    https://www.blogger.com/blog/post/edit/preview/2971739926143755172/7209158020409271827

    UNA NUBE EN RAINHILL
    El pueblo de Rainhill, en el condado de Berckshire, se hallaba en el camino del parque de Frogmore, a los pies del Támesis. Rainhill era el lugar más maravilloso del mundo para vivir. Las gentes del pueblo eran justas y bondadosas tanto que, su juez de paz, a falta de trabajo, daba clases de apoyo en la escuela infantil. En la última década no había habido ni una sola denuncia a la policía. Bueno, si exceptuamos la desaparición de Miss Ruttle, claro.
    Rainhill era un jardín flotante sobre el río Támesis, deliciosamente habitado por centenares de ranas y quién sabía qué otros seres maravillosos que escapaban a nuestra percepción. Es cierto que llovía demasiado en Rainhill, pero sólo entre la una de la madrugada y las seis. Casi nadie recuerda una lluvia a otra hora. Las hayas numerosas, los deliciosos castaños y los frágiles olmos eran frondosos y centenarios y, a sus pies, florecían cientos de campanillas de invierno que lograban sobrevivir hasta la primavera. Todo era como debía ser en Rainhill: la navidad era blanca. el verano azul, y las personas una gran familia.

    Sin embargo, aquel anochecer me encontraba cansada y aburrida. Llevaba dos horas mirando al horizonte. Sentada en mi cama, podía determinar, segundo a segundo, cómo el día se hundía sin remedio mientras mis ojos se llenaban de un sol en miniatura. ¿El motivo de mi aburrimiento? Me encontraba confinada en mi habitación mientras Jim, mi padre, y tía Flora, charloteaban sin tregua. Aquélla era una tarde Brown, así denominaba papá las visitas de su hermana, vete a saber por qué, porque, en realidad, se apellidaban Grey. Hasta mi madre había decidido irse de pesca. ¿Por qué no habría ido con ella? Claro que solo de pensar en esas pobres boquitas heridas...

    En fin, llevaba horas mirando como caía el sol, esperando que la noche se llevase a mi tía Flora y trajera a mi madre de vuelta. Es lo que pasaba siempre. Primero oscurecía y, después, el vozarrón de mi padre me llamaba para despedirme de mi tía, ésta me daba una propina, un beso en la frente, y murmuraba: “qué chica más atolondrada”, vete a saber por qué decía aquello. Pero me daba igual. La alegría se apoderaba de mí cuando tía Flora se alejaba más allá de la valla de nuestro jardincillo, rozando las amapolas salvajes y olisqueando las siemprevivas recién regadas. “¡Adiós tía Flora! ―añadía yo con fingida emoción―, hasta otra”. Finalmente entraba ella, Mía, mi madre y sufrida esposa de mi padre Jim. Como si hubiese estado esperando escondida tras un matorral, Mía aparecía en la lontananza con su atuendo de pesca.

    ―¿Has pescado algo, cariño? ―preguntaba Jim.

    Mi madre negaba con la cabeza y enseñaba la cesta vacía con una media sonrisa.

    ―Prepararé la cena ―decía siempre mi padre como si quisiera compensarnos por haber pasado una tarde bochornosamente aburrida.

    A partir de ahí todo se recomponía de nuevo. Volvíamos a ser una familia y, poco a poco, regresaba la diversión. Sin embargo, aquella noche algo no sucedió como debía. Llamaron por teléfono y luego hubo un silencio que me paralizó el corazón. Creo que nunca había oído un silencio semejante. Luego, tía Flora se marchó sin despedirse, sin rozar las amapolas ni oler las siemprevivas recién regadas. ¡Qué extraño! Entonces me asomé yo.

    ― ¿Qué pasa, papi? ¿Os habéis enfadado?

    ― Nada, nada, guapita. Jim se secó las manos con un delantal de paño gris que le había regalado por su santo. Nunca se lo ponía, pero siempre se secaba las manos con él. Jim parecía algo indispuesto.

    ―Cielo, asómate a ver si encuentras a tu madre, ¿quieres? Enseguida estará lista la cena.

    Salí al jardín. La noche había transformado nuestro entorno, apacible y bello, en una jauría de ruidos aterradores. El cielo azul era ahora una noche tétrica que miraba hacia el infinito. Mi madre estaba por allí, en algún lugar cercano más allá de la valla. Podía respirar su perfume a Moschino y la oía farfullar entre dientes..

    Cenamos casi en silencio. Jim sirvió las tortillas. Mi padre hacía las mejores tortillas del condado y las saboreábamos hasta que ya no podíamos más. Sin embargo, aquella noche las tortillas estaban quemadas, el pan rancio, y nadie quería conversación.

    ―La...bueno, nada ―dijo mi padre.

    ―¿Cómo? ―preguntó mi madre.

    ―¿Qué qué? ―dije yo.

    ¡Madre mía, cómo estaba el patio! Cogí un pastel de nata y me largué a mi habitación. Mañana será otro día, ¡Jesús! Y, ahora, volvía a mirar por la ventana. Era noche cerrada. Ninguna fuente de luz se interponía entre mis ojos y el jardín. La mansión de Miss Ruttle se elevaba sombría y misteriosa. Tan sólo interrumpía la oscuridad una extraña luz que acababa de iluminarse en la parte trasera de la mansión. Enfoqué un poco más los ojos y vi algo parecido a un coche. Apenas podía entreverlo porque se había apostado entre dos tristes álamos que se retorcían siniestros en el descuidado jardín de la anciana señora. Justo cuando conseguí distinguir de qué se trataba ‒un coche de policía‒, Mía llamó a la puerta. Mi madre tenía esa sombra en la cara, esa falta de luz en los ojos de las ocasiones tristes o decepcionantes de la vida. Se sentó a los pies de mi cama y me tomó de las manos. Miré al cielo: la luna parecía una media sonrisa trágica.

    -Lara, ha ocurrido algo malo ‒Mía señaló hacia la mansión de Miss Ruttle‒. Han encontrado a la anciana señora en el bosque. Está muerta, cielito.

    Mamá me abrazó y lloró débilmente procurando contener un llanto más poderoso. Me giré hacia la casa de Miss Ruttle; luego alcé la vista. Una nube enorme atravesó el horizonte y pude percibir cómo la tristeza, por primera vez en mucho tiempo, se apoderaba de Rainhill, el pueblo más dichoso del mundo.

    7 octubre, 2020 a las 2:14 pm #39611

    Zenda el 6 de octubre, 2020 a las 10:47

    Escribe una historia rural, ambientada en nuestro tiempo o en cualquier otro tiempo, en el campo, en un pueblo, en la naturaleza, real o ficticia,  y participa en el nuevo concurso de Zenda, patrocinado por Iberdrola y dotado con 2.000 euros en premios. Aquí te explicamos cómo participar en este concurso, con el que queremos rendir homenaje a Miguel Delibes, en su centenario.

    Manda tus historias aquí, en este foro, hasta el 18 de octubre.

    El jurado de este concurso lo forman los escritores Juan Eslava Galán, Juan Gómez-Jurado, Espido Freire, Paula Izquierdo y la agente literaria Palmira Márquez.

    El primer premio está dotado con 1.000 €. El premio para la dos historias finalistas es de 500 € para cada uno.

    A continuación te explicamos cómo participar.

    1) Las historias rurales deberán ser originales e inéditas. La extensión mínima de los textos es de 100 caracteres y la máxima, de 1.000 palabras. Cada concursante podrá participar con un máximo de dos textos.

    2) Debes publicar tu historia en internet, como entrada de un blog, como una anotación en Facebook, en Twitter con un tuit o un hilo, o en Instagram mediante una publicación o una historia destacada.

    3) Después, si aún no estás dado de alta debes registrarte en este foro de Zenda y escribir una respuesta al final de esta misma entrada. En la respuesta, incluye la dirección donde has publicado el texto. No es necesario publicar aquí el texto completo, basta con la URL (la dirección web).

    4) Calendario del concurso: puedes participar del martes 6 de octubre de 2020 al domingo 18 de octubre de 2020 a las 23:59. El miércoles 21 de octubre publicaremos en Zenda una selección con las 10 historias que optan a los premios. El viernes 23 de octubre de 2020 se difundirán los nombres del ganador del primer premio de 1.000 euros y de los ganadores de los segundos premio de 500 euros.

    Y podrás divulgarlo con la etiqueta #historiasrurales en las redes sociales.

    En este enlace puedes consultar las bases del concurso.

    ¡Participa y escribe tu historia!

     

    Buenos Días

    Participo con este relato que he publicado en facebook titulado "Maldita zorra"

    https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=3530820146979630&id=100001550382866

    Suerte a todos los participantes.

    7 octubre, 2020 a las 5:14 pm #39614

    Buenas tardes,

    Aquí el primero de mis textos para el concurso #historiasrurales.

    http://en-letra-minuscula.blogspot.com/2020/10/mas-puentes-que-los-de-madison.html

    Saludos cordiales

    7 octubre, 2020 a las 5:59 pm #39617

    Hola participo con el cuento "Aprendizaje" publicado en el blog "Antelespejo" y se puede leer en el siguiente link:

    https://antelespejo.blogspot.com/2020/10/aprendizaje.html

    o haciendo clic en el titulo del cuento: "Aprendizaje"

    Como veo que en otras respuestas también se ha copiado el cuento, entonces acá va:

      Aprendizaje

    La niebla subía del río Cauca y una capa blanca impedía que se viera a más de un metro, por lo que se me dificultaba el camino. Había ido a la plaza de mercado a conseguir un queso, un pan y una botella de vino porque había escuchado que era lo que le gustaba al monje que vivía en la montaña.

    Del pueblo a la casa hay zonas muy pantanosas, específicamente en el último tramo. La primera parte es una carretera rodeada de potreros. A lado y lado de la carretera hay eucaliptos que dan la sensación de estar andando bajo un túnel vegetal. Luego se toma un desvío por un camino precolombino en muy mal estado.

    Juan estaba sentado en una silla mecedora como si estuviera esperándome. Por eso, me sorprendí al verlo. Lo curioso era que llevaba más de diez años sin recibir visita porque afirmaba que desde que el pueblo había olvidado el cuidado de sus vidas espirituales había dejado de ser su pueblo. Por ello le pregunté, en son de burla, si llevaba mucho tiempo esperándome. Él sonrió y me contestó que sí. Además, me ordenó que me quitara los zapatos y me pusiera una bata blanca. Quedé muy inquieto, pero no le pedí explicaciones.

    En la sala había sobre la mesa una canasta con frutas y semillas.  Al lado Juan dejó el paquete.

    —Sígueme que ya empezó tu trabajo. Después nos sentaremos a descansar —dijo Juan y continuó— en la mañana vi un colibrí tigre dando vueltas por la casa. Esa era la señal de que vendría alguien con un camino espiritual trazado y que era necesario empezar con su iniciación.

    Caminamos juntos hasta el altar ubicado en un cuartucho al costado derecho de la casa, lugar en el que Juan pasaba días encerrado meditando. Era un cuarto pequeño con una alfombra y cojines. En la mitad había un candelabro de siete puestos y algunos cuarzos de diversos tamaños. Él se sentó cerca de la entrada indicándome que cerrara los ojos y tratara de pensar en un propósito mayor.

    No habían transcurrido más de diez minutos cuando escuché la voz de un hombre diciéndome que era requerido en la alcaldía municipal. Sin abrir los ojos respondí que lamentaba no poder acompañarlo. Al día siguiente, llegaron dos hombres con un papel firmado por el Alcalde. Juan sonrió y con un movimiento de cabeza aprobó mi partida. A los días fui nombrado alcalde. Misteriosamente a mi despacho llegó una carta de Juan con una lista de libros, estatuillas, esencias, collares, camándulas, entre otra infinidad de cosas. Al mes, Juan escribió otra carta donde incrementó el pedido.

    Una mañana me comunicaron que había sido nombrado el mejor alcalde del país. Entonces Juan me escribió otra carta con la solicitud de una casa y un sueldo fijo de por vida. Respondí que esa petición era imposible. Incluso sentí que Juan estaba abusando de mi generosidad y dudé de su espiritualidad por lo que le dije de manera tajante y grosera que ya había pagado sus enseñanzas.

    Ya era de noche cuando abrí los ojos y vi las velas casi consumidas en el candelabro. Estaba solo en el altar. Estiré las piernas y al salir me sorprendí al ver a Juan sentado en la silla mecedora con una manzana en la mano.

    —El que desea gobernar debe poner toda su fuerza interior en dominar las emociones y evitar que las emociones lo dominen. Cuando las emociones son las que dominan el espíritu se turba y el gobernante mira pero no ve. Sin control de las emociones es muy difícil gobernarse a sí mismo y casi imposible gobernar a un pueblo.

    Recibí la manzana que el monje me había obsequiado para el camino. Cabizbajo, con la bata blanca, di la vuelta y desaparecí entre la niebla.

     

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