• 18 octubre, 2020 a las 11:15 pm #40528

    Zenda el 6 de octubre, 2020 a las 10:47

    Escribe una historia rural, ambientada en nuestro tiempo o en cualquier otro tiempo, en el campo, en un pueblo, en la naturaleza, real o ficticia,  y participa en el nuevo concurso de Zenda, patrocinado por Iberdrola y dotado con 2.000 euros en premios. Aquí te explicamos cómo participar en este concurso, con el que queremos rendir homenaje a Miguel Delibes, en su centenario.

    Manda tus historias aquí, en este foro, hasta el 18 de octubre.

    El jurado de este concurso lo forman los escritores Juan Eslava Galán, Juan Gómez-Jurado, Espido Freire, Paula Izquierdo y la agente literaria Palmira Márquez.

    El primer premio está dotado con 1.000 €. El premio para la dos historias finalistas es de 500 € para cada uno.

    A continuación te explicamos cómo participar.

    1) Las historias rurales deberán ser originales e inéditas. La extensión mínima de los textos es de 100 caracteres y la máxima, de 1.000 palabras. Cada concursante podrá participar con un máximo de dos textos.

    2) Debes publicar tu historia en internet, como entrada de un blog, como una anotación en Facebook, en Twitter con un tuit o un hilo, o en Instagram mediante una publicación o una historia destacada.

    3) Después, si aún no estás dado de alta debes registrarte en este foro de Zenda y escribir una respuesta al final de esta misma entrada. En la respuesta, incluye la dirección donde has publicado el texto. No es necesario publicar aquí el texto completo, basta con la URL (la dirección web).

    4) Calendario del concurso: puedes participar del martes 6 de octubre de 2020 al domingo 18 de octubre de 2020 a las 23:59. El miércoles 21 de octubre publicaremos en Zenda una selección con las 10 historias que optan a los premios. El viernes 23 de octubre de 2020 se difundirán los nombres del ganador del primer premio de 1.000 euros y de los ganadores de los segundos premio de 500 euros.

    Y podrás divulgarlo con la etiqueta #historiasrurales en las redes sociales.

    En este enlace puedes consultar las bases del concurso.

    ¡Participa y escribe tu historia!

     

    Dejo aquí mi relato. Es un enlace a un tuit. Por si acaso, copio aquí también el relato entero. Un saludo.

    https://twitter.com/CHV95013987/status/1317936319679614981

     

    ¡Y YO QUEMANDO!

     

    Aquel verano fue diferente. Y no fueron ni mucho menos los partidos de futbol, las canicas o las trincheras que teníamos al pie de las puertas de nuestras casas para jugar a la guerra debido a las obras del alcantarillado en el pueblo. Ni siquiera aquella piedra saliente en una de las zanjas que casi me parte la rodilla en dos me dolió tanto como lo que pasó más tarde.

    Los días de verano traían un poco de agua y mucho de sol. Me encantaba dormir la siesta escuchando el sonido de la lluvia y despertarme con olor a petricor. Me hacía feliz. La mayoría de las tardes, cuando amainaba, solía salir del pueblo y dirigirme al huerto donde mi padre trabajaba la tierra. No llegaba a entender por qué le gustaba tanto si siempre estaba maldiciendo a los topos al tiempo y a las chufas. Mi madre le decía que no sembrase nada, que la tierra le daba más disgustos que alegrías. Él se justificaba diciendo que el ser humano había cultivado desde sus orígenes y que es algo que va en los genes. Que no lo puede remediar y que lo hará hasta el final de sus días como “el Pepe”.

    Mientras mi padre hacía sus faenas, yo me dedicaba a hacer barquitos con juncos y colocarlos en la reguera para ver cual era el que llegaba al final sin volcar. Cuando mi padre terminaba, solíamos acercarnos al huerto de “el Pepe”. Charlaban un rato y nos volvíamos a casa.

    Al Pepe también le gustaba trabajar la tierra. Era un hombre mayor, delgado y no muy alto, de carácter sosegado y tranquilo, de los que no esperan ya nada de la vida. Solía llevar siempre la cabeza cubierta. Decía que el sol no es bueno para el coco porque marchita los pensamientos. Poseía una mirada afable, perezosa y arrugada por los años. Una nariz no muy fina y unas orejas redondas como platos. Yo le preguntaba a mi madre que por qué “el Pepe” tenía las orejas tan grandes. Mi madre me decía que era para proteger los cigarros del aire y que no se le apagaran. “El Pepe” siempre llevaba uno en la boca. Me encantaba ver la maña que tenía para hacer aquellos finísimos cigarrillos.

    Digamos que desde que tengo uso de razón ha estado presente. Probablemente, mi primer recuerdo suyo sea años antes de aquel verano:

    -         Y tú, Tinin, ¿tienes pitusa o no tienes pitusa? – me decía.

    Ellos reían y yo me escondía detrás de las piernas de mi padre. Él siempre decía que “el Pepe” era un buen hombre.

    Un día de los que fui, me sorprendió invitándome a labrar con la mula Juanita.

    -         Tinin, ¿Quieres labrar? Ya eres mayor y fuerte y a mi ya me va costando. – Dijo “el Pepe”.

    Deseaba con mucha fuerza que llegara aquel momento. Para un niño de mi edad era todo un logro. Según él, para aprender había que meterse dos chinas gordas entre la mano y las manceras. Cuando yo estaba preparado, él llegaba por detrás y apretaba con sus manos bien fuerte las mías. Era tremendo el dolor que sentía, pero no podía quejarme. Quería aprender a labrar y sabía que había que hacerlo así, porque así era como lo decía “el Pepe”.

     

    Otra de las tardes justo cuando llegué empezó a llover. “El Pepe” y yo nos resguardamos en una pequeña casa para guardar el arado. Nos sentamos en el suelo a esperar a que amainase. Él intentaba hablar conmigo, pero yo siempre he sido muy retraído. Probablemente por eso congeniábamos tan bien. “El Pepe” hablaba por los codos y a mí me complacía escucharlo. Aprendí mucho sobre temas como la suerte, la tentación, el bien y el mal o incluso la muerte. Para terminar siempre me decía que nunca dejara de ser un crio. Más tarde lo entendí.

    -         Hoy no vamos a poder sacar a “la Juanita”, Tinin. - Dijo “el Pepe”.

    -         No.  - Le contesté.

    -         Hoy lo mismo tu padre ni viene, mira como llueve. - Me dijo al rato.

    -         Puede. - Le contesté.

    Pasamos unos minutos en silencio y me preguntó:

    -         ¿Quién manda en tu casa, Tinin?

    -         Mi madre. - Le dije le dije algo extrañado.

    En ese instante, el olor a tabaco pasaba a ser muy penetrante y pesado.

    -         Mi madre manda, mi padre manda… ¡y yo, quemando!

    Sentí en mi cuerpo como si un cuchillo me partiese por la mitad. Miré mi pierna y vi como su cigarrillo dejaba en mi muslo destapado una marca perfectamente redonda de color ocre y negro. Él, riendo a carcajadas se levantó y dijo:

    -         Ya está bien por hoy. Nos vamos a ir que es tarde.

    Y tanto que si estaba bien… pensé.

    En realidad, me gustaba estar con “el Pepe”. A veces lo quería y otras lo odiaba. Era una fuerza extraña que, a pesar de acabar el día anterior enfadado, siempre acababa pasando con él la tarde. Los niños siempre eligen los corazones grandes y “el Pepe” lo tenía.

    Semanas más tarde dejó de ir. De un día para otro. Me preguntaba a mí mismo si es que se habría enfadado. Mi padre veía que yo lo esperaba cada tarde ilusionado. Recogía y con un suspiro, volvíamos a casa en silencio. Él lo sabía y yo no quería preguntar. Yo también lo sabía.

    Pronto me daría la noticia de que “el Pepe” nos había dejado. Le odié más que cuando me quemó con el cigarrillo. Se había esfumado sin decirme nada, sin despedirse. Con el tiempo lo llegué a entender. Él siempre decía que la vida no viene como queremos. Sin saberlo, me había dejado un inmenso legado en calidad de persona.

    A mis cincuenta y seis años me acuerdo de sus conversaciones, sigo poniéndome algo en la cabeza para el sol en la huerta y sigo llevando un pequeño círculo perfecto en mi muslo derecho.

     

     

    Loreto Felipe
    Participante

    18 octubre, 2020 a las 11:15 pm #40529

    Zenda el 6 de octubre, 2020 a las 10:47

    Escribe una historia rural, ambientada en nuestro tiempo o en cualquier otro tiempo, en el campo, en un pueblo, en la naturaleza, real o ficticia,  y participa en el nuevo concurso de Zenda, patrocinado por Iberdrola y dotado con 2.000 euros en premios. Aquí te explicamos cómo participar en este concurso, con el que queremos rendir homenaje a Miguel Delibes, en su centenario.

    Manda tus historias aquí, en este foro, hasta el 18 de octubre.

    El jurado de este concurso lo forman los escritores Juan Eslava Galán, Juan Gómez-Jurado, Espido Freire, Paula Izquierdo y la agente literaria Palmira Márquez.

    El primer premio está dotado con 1.000 €. El premio para la dos historias finalistas es de 500 € para cada uno.

    A continuación te explicamos cómo participar.

    1) Las historias rurales deberán ser originales e inéditas. La extensión mínima de los textos es de 100 caracteres y la máxima, de 1.000 palabras. Cada concursante podrá participar con un máximo de dos textos.

    2) Debes publicar tu historia en internet, como entrada de un blog, como una anotación en Facebook, en Twitter con un tuit o un hilo, o en Instagram mediante una publicación o una historia destacada.

    3) Después, si aún no estás dado de alta debes registrarte en este foro de Zenda y escribir una respuesta al final de esta misma entrada. En la respuesta, incluye la dirección donde has publicado el texto. No es necesario publicar aquí el texto completo, basta con la URL (la dirección web).

    4) Calendario del concurso: puedes participar del martes 6 de octubre de 2020 al domingo 18 de octubre de 2020 a las 23:59. El miércoles 21 de octubre publicaremos en Zenda una selección con las 10 historias que optan a los premios. El viernes 23 de octubre de 2020 se difundirán los nombres del ganador del primer premio de 1.000 euros y de los ganadores de los segundos premio de 500 euros.

    Y podrás divulgarlo con la etiqueta #historiasrurales en las redes sociales.

    En este enlace puedes consultar las bases del concurso.

    ¡Participa y escribe tu historia!

     

    Buenas noches,

    Dejo aquí mi relato "De profesión, testigo", porque las mejores historias de los pueblos se fraguaban en las escuelas... ;)

    https://www.instagram.com/p/CGf9YQSF0KPas92JbXXloguVhcq1sWxMRaV_m00/?igshid=9lbeymtv4ksc

    https://www.instagram.com/p/CGf9qLOl5TguiR6C6MdY2fhAoLaFVSqklIQWKI0/?igshid=1vt9rhyc3sg6g

    https://www.instagram.com/p/CGf9_D_lOSIZsyYnoGM1gfzodvdl_SbV8VwnGo0/?igshid=1g6t3b34f9n3q

    Muchas gracias y buena suerte a todos.

     

    Copio aquí mi relato por si hubiera algún problema a la hora de leerlo en las publicaciones de Instagram:

    De profesión, testigo.

    No dudo que mis padres me quisieran, eso nunca, pero no me equivoco si digo que preferían que buscara las respuestas en Don Eugenio. Y así, cada mañana me mandaban con mi hermano a clase, aunque tuviera poco más de tres años.

    Me gustaba llegar temprano. La escuela era como una gran colmena donde cada niño tenía su cometido. El orden alfabético prevalecía a los años de experiencia en las tareas asignadas, por lo que un día podías ser el encargado de ir a buscar agua a la fuente del pueblo o el responsable que madrugaba para encender y azuzar la estufa antes de que los compañeros llegaran. También estaban los castigados, que solo conocían los sábados entre polvo y paños ventilando el olor a almizcle de un aula irreconociblemente insonora, ¡vaya faena! Seguramente yo era el único cuya juventud le eximía de responsabilidades, así que me limitaba a pasar desapercibido, observando como un fantasma el futuro que me estaba tocando vivir antes de tiempo.

    Los días empezaban con un rebaño de niños haciendo sonar la vieja escalera de madera de una forma muy característica. Creedme si os digo que sería capaz de distinguir si subían o bajaban al recreo. Mayores, medianos y pequeños compartían aula y, mientras unos repetían las tablas de multiplicar al unísono con una cantinela tan rimbombante como pegadiza, otros se esforzaban por seguir un dictado o leer por enésima vez las andanzas de un hidalgo y su escudero entre molinos o gigantes, o los dos, o ninguno…nunca me quedó claro. Bajo la atenta mirada de Francisco, José Antonio y Jesús crucificado, Don Eugenio hacía auténticas algarabías para coordinar aquella orquesta ratonil sin perder por el camino ni un pelo de su canosa melena.

    Entre esas cuatro paredes se fraguaban las historias más insólitas del pueblo entero y las más ingenuas fechorías: Doroteo, el hijo del pastor, echaba con rabia a la estufa las varas de olivo que tantas veces habían acusado a sus manos de no saber escribir. Era su pequeña venganza, “como cenizas ya no podrán lastimarme”, decía. También estaba el Juanín, pequeño de siete hermanos, que combinaba sin pudor ropa demasiado larga y demasiado corta como buen último heredero. Cuando Don Eugenio andaba despistado, chistaba a sus compañeros para que le mirasen cambiar la paleta por su propio brazo y removía socarrón el agua que se calentaba al fuego. ¡Lo difícil de mi trabajo era aguantarme la risa con tanto pícaro suelto!

    La mejor parte llegaba unos “caralsol” más tarde. Cada uno sacaba su vaso y cuchara del taleguillo y esperaba su ración de leche de los americanos, unos polvos que sabían a gloria, aunque la mayoría de las veces se masticaban más que bebían. Con una cuerda de guitarra, se cortaba poco a poco el queso amarillo anaranjado que salía de una lata made in USA como si de un ritual se tratase. Primero en lascas y luego en triángulos, y de paso, aprendíamos geometría y proporción mientras se llenaba el buche. En el recreo, muchos aprovechaban para correr barranco abajo detrás del castillo para hacer aguas. Los más valientes, o los más pobres, pedían permiso para hacer el cuerpo también. A mí me gustaba ir al frontón y apostar a que mi hermano Ernesto ganaría todas las partidas. Era el mejor con la pelota, de eso no había duda, algún día jugaría como él.

    De vuelta a clase, los jerséis de lana tejidos por madres y abuelas con tanto esmero destilaban tanto barro como diversión, y algunos tenían que ponerse en los pupitres más cercanos a la lumbre para evitar catarros para los que no había dinero en medicinas. Comenzaba la lección, cada día una materia y un método para aprenderla. Para matemáticas, las multiplicaciones se contabilizaban a tortazos. ¿Nueve por nueve? (Silencio sepulcral) Ochenta y…(sugería Don Eugenio) Tortazo ¡Y uno, ochenta y uno! Infalible, ya no se te olvidaría. Imaginad al que le tocó el siete por siete… La lengua castellana se aprendía a base de repeticiones. El que tenía dinero, en cuartillas, el que no, compraba a Doña Julia la pescadera papel de estraza para copiar cien veces el castigo de ese día. La parte buena de la reincidencia era poder reutilizarlas entre amigos y hermanos. Luego estaban los catecismos. Todavía me acuerdo de la primera vez que escuché al maestro preguntar por el Misterio de la Santísima Trinidad… jamás se ha presenciado una mudez tan generalizada. Todos los niños aguantaban la respiración para no ser preguntados, juraría que sus dientes rechinaban incluso con las bocas cerradas. Aquellos desafortunados que no se encomendaron al Espíritu Santo para repetirlo a pies juntillas no tenían permitido salir a comer a sus casas. El ayuno como escarmiento era ligeramente menos efectivo, ya que pronto se les veía devorar disimuladamente el pan que sus amigos les habían traído oculto en los bolsillos del pantalón.

    Más de uno encontró en el contrabando su profesión, incluso yo, que sin saberlo, me estaba labrando un futuro: De profesión, testigo, le decía a mi madre y ella siempre me respondía que ojalá algún día pudiera vivirse de esto.

    susana plaza
    Participante

    18 octubre, 2020 a las 11:17 pm #40530

    Zenda el 6 de octubre, 2020 a las 10:47

    Escribe una historia rural, ambientada en nuestro tiempo o en cualquier otro tiempo, en el campo, en un pueblo, en la naturaleza, real o ficticia,  y participa en el nuevo concurso de Zenda, patrocinado por Iberdrola y dotado con 2.000 euros en premios. Aquí te explicamos cómo participar en este concurso, con el que queremos rendir homenaje a Miguel Delibes, en su centenario.

    Manda tus historias aquí, en este foro, hasta el 18 de octubre.

    El jurado de este concurso lo forman los escritores Juan Eslava Galán, Juan Gómez-Jurado, Espido Freire, Paula Izquierdo y la agente literaria Palmira Márquez.

    El primer premio está dotado con 1.000 €. El premio para la dos historias finalistas es de 500 € para cada uno.

    A continuación te explicamos cómo participar.

    1) Las historias rurales deberán ser originales e inéditas. La extensión mínima de los textos es de 100 caracteres y la máxima, de 1.000 palabras. Cada concursante podrá participar con un máximo de dos textos.

    2) Debes publicar tu historia en internet, como entrada de un blog, como una anotación en Facebook, en Twitter con un tuit o un hilo, o en Instagram mediante una publicación o una historia destacada.

    3) Después, si aún no estás dado de alta debes registrarte en este foro de Zenda y escribir una respuesta al final de esta misma entrada. En la respuesta, incluye la dirección donde has publicado el texto. No es necesario publicar aquí el texto completo, basta con la URL (la dirección web).

    4) Calendario del concurso: puedes participar del martes 6 de octubre de 2020 al domingo 18 de octubre de 2020 a las 23:59. El miércoles 21 de octubre publicaremos en Zenda una selección con las 10 historias que optan a los premios. El viernes 23 de octubre de 2020 se difundirán los nombres del ganador del primer premio de 1.000 euros y de los ganadores de los segundos premio de 500 euros.

    Y podrás divulgarlo con la etiqueta #historiasrurales en las redes sociales.

    En este enlace puedes consultar las bases del concurso.

    ¡Participa y escribe tu historia!

     

    Buenas noches.

    https://www.facebook.com/susa.plaza.1/posts/2923688031065194

    Gracias.

     

    Marianela Salas
    Participante

    18 octubre, 2020 a las 11:17 pm #40531

    Buenas noches aqui dejo mi participación en el concurso #historiasrurales

    https://www.facebook.com/settings?tab=account§ion=username

    Exitos a todos...

    Galo Kronemberger
    Participante

    18 octubre, 2020 a las 11:24 pm #40532

    Zenda el 6 de octubre, 2020 a las 10:47

    Escribe una historia rural, ambientada en nuestro tiempo o en cualquier otro tiempo, en el campo, en un pueblo, en la naturaleza, real o ficticia,  y participa en el nuevo concurso de Zenda, patrocinado por Iberdrola y dotado con 2.000 euros en premios. Aquí te explicamos cómo participar en este concurso, con el que queremos rendir homenaje a Miguel Delibes, en su centenario.

    Manda tus historias aquí, en este foro, hasta el 18 de octubre.

    El jurado de este concurso lo forman los escritores Juan Eslava Galán, Juan Gómez-Jurado, Espido Freire, Paula Izquierdo y la agente literaria Palmira Márquez.

    El primer premio está dotado con 1.000 €. El premio para la dos historias finalistas es de 500 € para cada uno.

    A continuación te explicamos cómo participar.

    1) Las historias rurales deberán ser originales e inéditas. La extensión mínima de los textos es de 100 caracteres y la máxima, de 1.000 palabras. Cada concursante podrá participar con un máximo de dos textos.

    2) Debes publicar tu historia en internet, como entrada de un blog, como una anotación en Facebook, en Twitter con un tuit o un hilo, o en Instagram mediante una publicación o una historia destacada.

    3) Después, si aún no estás dado de alta debes registrarte en este foro de Zenda y escribir una respuesta al final de esta misma entrada. En la respuesta, incluye la dirección donde has publicado el texto. No es necesario publicar aquí el texto completo, basta con la URL (la dirección web).

    4) Calendario del concurso: puedes participar del martes 6 de octubre de 2020 al domingo 18 de octubre de 2020 a las 23:59. El miércoles 21 de octubre publicaremos en Zenda una selección con las 10 historias que optan a los premios. El viernes 23 de octubre de 2020 se difundirán los nombres del ganador del primer premio de 1.000 euros y de los ganadores de los segundos premio de 500 euros.

    Y podrás divulgarlo con la etiqueta #historiasrurales en las redes sociales.

    En este enlace puedes consultar las bases del concurso.

    ¡Participa y escribe tu historia!

     

    Buenas noches.

    Envío mi contribución:

    https://cuadernodeunseudonimo.blogspot.com/2020/10/pro-vino.html

    Muchas gracias.

     

    Celia Santos García
    Participante

    18 octubre, 2020 a las 11:26 pm #40533

    Zenda el 6 de octubre, 2020 a las 10:47

    Escribe una historia rural, ambientada en nuestro tiempo o en cualquier otro tiempo, en el campo, en un pueblo, en la naturaleza, real o ficticia,  y participa en el nuevo concurso de Zenda, patrocinado por Iberdrola y dotado con 2.000 euros en premios. Aquí te explicamos cómo participar en este concurso, con el que queremos rendir homenaje a Miguel Delibes, en su centenario.

    Manda tus historias aquí, en este foro, hasta el 18 de octubre.

    El jurado de este concurso lo forman los escritores Juan Eslava Galán, Juan Gómez-Jurado, Espido Freire, Paula Izquierdo y la agente literaria Palmira Márquez.

    El primer premio está dotado con 1.000 €. El premio para la dos historias finalistas es de 500 € para cada uno.

    A continuación te explicamos cómo participar.

    1) Las historias rurales deberán ser originales e inéditas. La extensión mínima de los textos es de 100 caracteres y la máxima, de 1.000 palabras. Cada concursante podrá participar con un máximo de dos textos.

    2) Debes publicar tu historia en internet, como entrada de un blog, como una anotación en Facebook, en Twitter con un tuit o un hilo, o en Instagram mediante una publicación o una historia destacada.

    3) Después, si aún no estás dado de alta debes registrarte en este foro de Zenda y escribir una respuesta al final de esta misma entrada. En la respuesta, incluye la dirección donde has publicado el texto. No es necesario publicar aquí el texto completo, basta con la URL (la dirección web).

    4) Calendario del concurso: puedes participar del martes 6 de octubre de 2020 al domingo 18 de octubre de 2020 a las 23:59. El miércoles 21 de octubre publicaremos en Zenda una selección con las 10 historias que optan a los premios. El viernes 23 de octubre de 2020 se difundirán los nombres del ganador del primer premio de 1.000 euros y de los ganadores de los segundos premio de 500 euros.

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    En este enlace puedes consultar las bases del concurso.

    ¡Participa y escribe tu historia!

     

    Aquí está mi relato:

    https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=10158770225635747&id=671390746

    Un saludo y suerte a todos.

    Carlos Cobos Moreno
    Participante

    18 octubre, 2020 a las 11:26 pm #40534

    Zenda el 6 de octubre, 2020 a las 10:47

    Escribe una historia rural, ambientada en nuestro tiempo o en cualquier otro tiempo, en el campo, en un pueblo, en la naturaleza, real o ficticia,  y participa en el nuevo concurso de Zenda, patrocinado por Iberdrola y dotado con 2.000 euros en premios. Aquí te explicamos cómo participar en este concurso, con el que queremos rendir homenaje a Miguel Delibes, en su centenario.

    Manda tus historias aquí, en este foro, hasta el 18 de octubre.

    El jurado de este concurso lo forman los escritores Juan Eslava Galán, Juan Gómez-Jurado, Espido Freire, Paula Izquierdo y la agente literaria Palmira Márquez.

    El primer premio está dotado con 1.000 €. El premio para la dos historias finalistas es de 500 € para cada uno.

    A continuación te explicamos cómo participar.

    1) Las historias rurales deberán ser originales e inéditas. La extensión mínima de los textos es de 100 caracteres y la máxima, de 1.000 palabras. Cada concursante podrá participar con un máximo de dos textos.

    2) Debes publicar tu historia en internet, como entrada de un blog, como una anotación en Facebook, en Twitter con un tuit o un hilo, o en Instagram mediante una publicación o una historia destacada.

    3) Después, si aún no estás dado de alta debes registrarte en este foro de Zenda y escribir una respuesta al final de esta misma entrada. En la respuesta, incluye la dirección donde has publicado el texto. No es necesario publicar aquí el texto completo, basta con la URL (la dirección web).

    4) Calendario del concurso: puedes participar del martes 6 de octubre de 2020 al domingo 18 de octubre de 2020 a las 23:59. El miércoles 21 de octubre publicaremos en Zenda una selección con las 10 historias que optan a los premios. El viernes 23 de octubre de 2020 se difundirán los nombres del ganador del primer premio de 1.000 euros y de los ganadores de los segundos premio de 500 euros.

    Y podrás divulgarlo con la etiqueta #historiasrurales en las redes sociales.

    En este enlace puedes consultar las bases del concurso.

    ¡Participa y escribe tu historia!

     

    Buenas noches.

    Dejo el enlace a una historia rural sobre lo que ocurre cada año a finales de verano y principios de otoño en los campos manchegos. Un honor tener como lectores a autores como Eslava Galán, creo saber que es mucho más aficionado a los olivos pero intentaré no aburrirle si me he subido mucho a la parra. Gracias por dedicar tiempo a leer este relato.

    http://plumabinaria.wordpress.com/

    Cicatriz en la tierra.

    -¡Abajo!¡Agachad la cabeza!¡rápido que viene la Guardia Civil!¡Como nos pillen, multa al canto y os retiran el permiso de trabajo a todos!

    Dorin no tenía ni idea de castellano, pero en los pocos días que llevaba en España había aprendido que ese grito en boca de Pablo el capataz mientras conducía el tractor, a esa hora significaba que debía evitar rápidamente que su cabeza asomara por encima del remolque, coreografía que realizaban a la vez los otros trece jornaleros de su mismo país.

    Era lo mismo cada mañana y se repetiría durante los próximos cincuenta días, comenzando a finales de agosto y terminado una vez entrado el otoño. Cuando salió en autobús del norte de Rumanía con destino a aquel otro pueblo de La Mancha poco podía imaginar que el frío se colaría así entre sus poros hasta llegar a los huesos a pesar del sol abrasador del resto del día. Aquella brisa temprana recorría a su antojo la aridez de la infinita llanura salpicada de cepas que recordaba a Dorin a las cicatrices ya cerradas en la piel del hombre. Si el viaje hacia la viña donde tocaba ganarse el jornal ese día era lo suficientemente largo y si los baches de tierra tomados por el tractor lo permitía, se podía observar el juego de colores rojizos que provocaba el sol asomando por la línea horizontal al final de aquella hilera de cepas que nunca terminaba.

    Más tarde cuando Pablo el capataz les avisaba de la llegada a la viña que tocaba recoger cada día daba lugar al momento más duro. Colocarse los guantes en las doloridas manos, coger la tijera para cortar los sarmientos que se resistían a soltar el racimo de la cepa y que entorpecen al vendimiador la labor creando nudos alrededor de las uvas. Por suerte para Dorin sus manos estaban bien entrenadas desde pequeño en la granja que había sido de su padre y que pasó recientemente a manos del joven jornalero cuando por sorpresa el padre murió de un dolor repentino en el corazón y su madre huyera con otro hombre para comenzar una nueva vida. Es así como Dorin heredó una granja, veinte vacas, unos cuantos frutales y la responsabilidad de criar a dos hermanas pequeñas y así como la idea de ir a recoger uva le pareció tan acertada a pesar de esas mañanas húmedas y esas tardes abrasadoras.

    La jornada continuaba durante más de ocho horas luchando contra la pámpana de aquellas cepas pegadas al suelo a las que uno solo se podía acercar doblando los riñones, de otra forma era de vagos según decía amenazadoramente el capataz. Evitando ser un vago el dolor de espalda la primera semana era insoportable, suerte que el cuerpo siempre se acaba adaptando al trabajo duro. Algo parecido pasaba con las piernas que se enterraban a cada paso en aquellos pedazos de tierra roja cuando había que vaciar la cesta llena de uva en el remolque junto a la pareja de espuerta. Minuto a minuto y racimo a racimo el remolque acababa rebosando al final del día, horas que se hacían interminables bajo ese sol que achicharra cualquier atisbo de agua en la superficie, suponía Dorin que era la razón por la que era imposible encontrar árbol alguno a excepción de las filas de olivos y que resultaban tan reconfortantes a la hora de comer para echar una rápida cabezada bajo su sombra antes de volver a las uvas.

    Ocurría que al llegar la noche, cuando el agotamiento empujaba los párpados de Dorin las uvas y las hojas de parra habían quedado tatuadas en su retina y se empeñaban en seguir apareciendo, solo el recuerdo de sus hermanas lograba cambiar esa visión.

    Pasaron las semanas y cada dos o tres días ocurría lo mismo. Pablo el capataz hacía parar los trabajos y a gritos les decía “¡Veo que os estáis relajando, si seguimos a este ritmo a mi no me renta hacer esto, igual que os he traído en un autobús os planto en otro de vuelta a vuestro pueblo en Rumanía, hay que llenar más rápido el remolque!”. Al parecer por lo que le habían contado a Dorin aquello significaba trabajar a destajo y estaba bastante mejor pagado en comparación al jornal que recibían diariamente, cuarenta euros. Pensándolo bien seguía siendo un buen ahorro para pasar el resto del año en casa, había que seguir.

    Cuando llegó finalmente el momento de volver a casa, agotado observaba sus antebrazos y las cicatrices que los indomables sarmientos habían tatuado a lo largo de las semanas. Desde la ventana del autobús miraba los molinos a los que se había aficionado a observar todos los días desde el remolque cuando iba y volvía de la viña. Había algo en ellos que le recordaban a él mismo, se mantenían allí en lo alto del cerro a pesar del duro trabajo que un día debieron realizar, del sol sin el descanso de una sola nube y del viento que empujaban sus aspas, quizás era eso le que le hacía compararlos con pequeños gigantes.

    Mientras el sol teñía de rojo aquellas tierras que parecían casi yermas, Dorin se preguntaba si sus cicatrices desaparecerían algún día, estaba seguro de que no sería así porque delante suyo podía ver una enorme cicatriz en la tierra, cauterizada por las interminables horas de sol, el trabajo del hombre, y la sangre hecha de mosto que lo recorría. Aunque visto de otra forma, ¿no hay siempre una historia digna de contar detrás del dibujo de una cicatriz?

     

    18 octubre, 2020 a las 11:29 pm #40535

    Zenda el 6 de octubre, 2020 a las 10:47

    Escribe una historia rural, ambientada en nuestro tiempo o en cualquier otro tiempo, en el campo, en un pueblo, en la naturaleza, real o ficticia,  y participa en el nuevo concurso de Zenda, patrocinado por Iberdrola y dotado con 2.000 euros en premios. Aquí te explicamos cómo participar en este concurso, con el que queremos rendir homenaje a Miguel Delibes, en su centenario.

    Manda tus historias aquí, en este foro, hasta el 18 de octubre.

    El jurado de este concurso lo forman los escritores Juan Eslava Galán, Juan Gómez-Jurado, Espido Freire, Paula Izquierdo y la agente literaria Palmira Márquez.

    El primer premio está dotado con 1.000 €. El premio para la dos historias finalistas es de 500 € para cada uno.

    A continuación te explicamos cómo participar.

    1) Las historias rurales deberán ser originales e inéditas. La extensión mínima de los textos es de 100 caracteres y la máxima, de 1.000 palabras. Cada concursante podrá participar con un máximo de dos textos.

    2) Debes publicar tu historia en internet, como entrada de un blog, como una anotación en Facebook, en Twitter con un tuit o un hilo, o en Instagram mediante una publicación o una historia destacada.

    3) Después, si aún no estás dado de alta debes registrarte en este foro de Zenda y escribir una respuesta al final de esta misma entrada. En la respuesta, incluye la dirección donde has publicado el texto. No es necesario publicar aquí el texto completo, basta con la URL (la dirección web).

    4) Calendario del concurso: puedes participar del martes 6 de octubre de 2020 al domingo 18 de octubre de 2020 a las 23:59. El miércoles 21 de octubre publicaremos en Zenda una selección con las 10 historias que optan a los premios. El viernes 23 de octubre de 2020 se difundirán los nombres del ganador del primer premio de 1.000 euros y de los ganadores de los segundos premio de 500 euros.

    Y podrás divulgarlo con la etiqueta #historiasrurales en las redes sociales.

    En este enlace puedes consultar las bases del concurso.

    ¡Participa y escribe tu historia!

     

    Buenas noches, os dejo por aquí el link de mi texto. Un abrazo.

    https://twitter.com/nplasbotas/status/1317937852001456129?s=21

    Somos gente de campo

    Campos de La Mancha de fondo. Un grupo de chiquillos en primer plano.
    Jugando como Quijote y Sancho, soñando.
    Campos de vides y olivos, jornaleros dando el callo.
    Aquí no hace falta el móvil, tenemos otro encanto.
    Nos criaron jugando a las peonzas, con perros nos dimos abrazos.
    Nos gustan los tractores, somos gente de campo.

    Se recogen uvas en septiembre, aceitunas en enero.
    Aceite y vino a mansalva, otro remolque lleno.
    Merendolas a mediodía, siempre la tortilla fría.
    Pantalones rotos, botas por si resfría.
    Con tesón y rabia, le digo que siempre sonría.
    Porque somos gente de campo, y eso no es tontería.

    Mercedes García
    Participante

    18 octubre, 2020 a las 11:29 pm #40536

    https://www.instagram.com/p/CGf_Uj9DDdJ/?igshid=3qfzltk6ffwz


    Buenas noches! Casi no llego... 😅 SUERTE A TODOS!

    Marga Bel Klever
    Participante

    18 octubre, 2020 a las 11:30 pm #40537

    Aquí dejo la historia así como el link a Facebook donde la he publicado. https://www.facebook.com/565889416/posts/10158666859669417/?extid=0&d=n

    EL SALTO

    Recostado en la barandilla metálica, Víctor tenía la vista clavada en el Arnera que discurría una veintena de metros más abajo.  El viento de aquel día gris le secaba las gotas de sudor que, pese al frío de noviembre, resbalaban por su frente desde la calva hasta colarse por el cuello de su jersey.

    Cerró los ojos, agarró con fuerza la barandilla y apoyó el pie derecho en uno de los barrotes paralelos al suelo del puente. Notó como todo su cuerpo temblaba como una hoja rojiza más de los castaños que bordeaban el río. Abrió los ojos, inspiró profundo y dio un último vistazo a su alrededor, dispuesto a saltar.

    Sus ojos se cruzaron con los de un pescador que, metido hasta las rodillas en el agua y la caña en la mano lo observaba sin excesiva curiosidad.  El hombre lo saludó con un leve movimiento de cabeza al que Víctor respondió mientras volvía a posar sus pies en el suelo del puente.

    —El agua está más fría que otros años, ¿es usted de por aquí?  —dijo el anciano enjuto con la atención puesta en un nuevo lanzamiento.

    —No, soy de Barcelona   —respondió Víctor tras unos segundos, algo contrariado, por la presencia del pescador inoportuno.

    —Yo soy de aquí de toda la vida, de Maçanet. Me llamo Joan.  ¿Y usted? ´ —siguió preguntando mientras recogía el hilo con suavidad.

    —Víctor.

    Joan volvió a lanzar. Parecía haber dejado de prestar atención a Víctor, para concentrarse en la pesca.  Se metió un poco más en el río, con la suavidad y destreza de quien lleva toda la vida moviéndose por el agua con un vadeador.

    Víctor seguía agarrado a la barandilla y la mirada perdida en la corriente. Le había costado mucho tomar aquella decisión, buscar el lugar perfecto, lo suficientemente alejado de cualquier población para que estuviera desierto un martes de otoño cualquiera como aquel. No contó con que algún jubilado pudiera estar pasando la mañana pescando en el río. Apretó las manos hasta casi clavarse el hierro y maldijo su mala suerte. Un poco más de mala suerte, hasta para dar el salto de su vida, de su muerte.

    —Y dígame, Víctor, ¿por qué está ahí arriba?

    La pregunta sobresaltó a Víctor, y le hizo regresar  al puente y al pescador, que de nuevo lo miraba, esta vez con mayor curiosidad.

    —Perdí el trabajo hace unos meses —respondíó mientras se cruzaba de brazos para intentar calmar el frío y evitar dar más detalles.

    —Ay, el trabajo…yo también lo perdí…tenía cincuenta y seis años cuando cerraron la fábrica de pipas y ya no encontré trabajo. Fui tirando haciendo alguna chapucilla en el pueblo, de las cuatro cosas que tengo plantadas y de la bondad de los vecinos. También me ayudaron mucho cuando murió mi Mari. Esas cosas suceden en los pueblos, ¿sabe usted? ¿Tiene usted familia?

    —Dos hijos, de quince y diecinueve años. Viven con su madre —dijo Victor dando pasos adelante y a detrás.

    —Ah, dos chicos, ¡qué bien! Nosotros no tuvimos hijos. Para eso tampoco fue generoso Dios. Pero por suerte me queda la pesca, aunque cada vez quedan menos peces y mi artrosis se lleva mal con la humedad del río.

    El pescador volvió a lanzar. Recogía el hilo a pequeños y suaves tirones, hasta que el sedal se tensó. Empezó a recogerlo bajo la atenta mirada de Víctor que, de nuevo se asomaba apoyado en la barandilla,  ajeno al motivo por el que estaba en aquel puente.

    Una trucha empezó a dar saltos fuera del agua luchando por librarse del anzuelo, mientras el anciano la iba acercando a la orilla. Cuando la tuvo tan cerca como para tocarla, agarró la sacadera que llevaba a la espalda y la rodeó. Cogió al animal firme  y le sacó, con sumo cuidado, el anzuelo  antes de dejarlo ir. La trucha nadó corriente abajo a toda velocidad, hasta perderse entre las aguas.

    —¿Por qué lo ha soltado? —preguntó sorprendido Víctor, con los ojos clavados en el pescador que volvía a ponerse la sacadera a la espalda.

    —En este río está prohibido, además, ¿para qué iba a matarla? Para una que me pica hoy. Suficiente difícil lo tienen como para yo matar tan alegremente a quien ha luchado tanto por vivir, ¿no cree?

    El anciano le mantuvo la mirada a Víctor, hasta que éste se alejó de la barandilla y empezó a caminar por el puente, tembloroso, con los brazos aún cruzados, en dirección a la orilla donde se encontraba el pescador. Aquel no iba a ser el día del salto, quizás no lo fuera nunca.

    Cuando llegó a su lado, el hombre había salido del agua y guardaba la caña en un tubo. El viento soplaba cada vez más fuerte y las hojas caían sobre sus cabezas, sobre el camino.

    No se dijeron nada más, sólo se saludaron, con un leve movimiento de cabeza, como lo hicieron antes. El pescador siguió guardando su equipo y Víctor caminó hacia la carretera, donde había dejado su flamante Mercedes GLA metalizado,  aparcado detrás del cual había un Seat Panda blanco lleno de barro que hacía muchos años que había pasado a ser un coche viejo. Victor se subió al coche, arrancó e inició el camino de regreso  a casa con la cabeza pensando en sus hijos y la sensación de ser esa trucha que había burlado a la muerte.

    ***

    Joan aparcó el Panda en el garaje junto al flamante Audi Q7 negro. Sacó los utensilios de pesca y los dejó en el cobertizo junto a las botas para no manchar el suelo de parquet. Entró en casa. Olía a escalibada.

    —Hola cariño, llegas justo para comer. ¿Cuántos te han picado? —le preguntó Mari desde la cocina.

    —Hoy salvé a dos —respondió desde la puerta de la cocina.

    Mari le dio un beso breve en la mejilla. Desde el ventanal de la cocina Joan vio como el gato acechaba a un mirlo, escondido tras una tumbona de la piscina.

    Norma Elcira Peralta
    Participante

    18 octubre, 2020 a las 11:30 pm #40538

    Zenda el 6 de octubre, 2020 a las 10:47

    Escribe una historia rural, ambientada en nuestro tiempo o en cualquier otro tiempo, en el campo, en un pueblo, en la naturaleza, real o ficticia,  y participa en el nuevo concurso de Zenda, patrocinado por Iberdrola y dotado con 2.000 euros en premios. Aquí te explicamos cómo participar en este concurso, con el que queremos rendir homenaje a Miguel Delibes, en su centenario.

    Manda tus historias aquí, en este foro, hasta el 18 de octubre.

    El jurado de este concurso lo forman los escritores Juan Eslava Galán, Juan Gómez-Jurado, Espido Freire, Paula Izquierdo y la agente literaria Palmira Márquez.

    El primer premio está dotado con 1.000 €. El premio para la dos historias finalistas es de 500 € para cada uno.

    A continuación te explicamos cómo participar.

    1) Las historias rurales deberán ser originales e inéditas. La extensión mínima de los textos es de 100 caracteres y la máxima, de 1.000 palabras. Cada concursante podrá participar con un máximo de dos textos.

    2) Debes publicar tu historia en internet, como entrada de un blog, como una anotación en Facebook, en Twitter con un tuit o un hilo, o en Instagram mediante una publicación o una historia destacada.

    3) Después, si aún no estás dado de alta debes registrarte en este foro de Zenda y escribir una respuesta al final de esta misma entrada. En la respuesta, incluye la dirección donde has publicado el texto. No es necesario publicar aquí el texto completo, basta con la URL (la dirección web).

    4) Calendario del concurso: puedes participar del martes 6 de octubre de 2020 al domingo 18 de octubre de 2020 a las 23:59. El miércoles 21 de octubre publicaremos en Zenda una selección con las 10 historias que optan a los premios. El viernes 23 de octubre de 2020 se difundirán los nombres del ganador del primer premio de 1.000 euros y de los ganadores de los segundos premio de 500 euros.

    Y podrás divulgarlo con la etiqueta #historiasrurales en las redes sociales.

    En este enlace puedes consultar las bases del concurso.

    ¡Participa y escribe tu historia!

     

    Hola soy Norma Peralta y participo con la historia rural llamada "INTERLUNIO" ,la misma se encuentra publicada en mi perfil de Facebook ,                  Adjunto link: https://www.facebook.com/norma.peralta.5264/

     

    INTERLUNIO-SÈLAH

    Desde el primer encuentro a mi padre le gustaba encuadrar el paisaje con su mirada, la flora del terreno, los cerros y el cielo con el regalo de las nubes en conversaciones de zambas, arrullos de pañuelos de la tierra que lo había adoptado. Argentina. Por un amigo había logrado llegar a este lugar del mundo que se transformaría el “su lugar”. Lo nombró “Aliza” como su esposa. (La alegría que se eleva sobre la naturaleza).
    La vida de la familia y las tareas se desarrollaba en armonía; el cuidado del ganado, que mejoraba en calidad y el cultivo de las pasturas y el trigo.
    Ese día me detuve -no sé bien el por qué- a guardar todos los detalles sobre mi padre. Plácidamente se sentaba a tomar su mate, costumbre que había comenzado a disfrutar desde que se lo convidaran los “gauchos” de la zona agrícolo-ganadera. Siempre igual, como ritual entregado a los dioses y para mi él lo era.
    -Me agrada esta hora luego del trabajo, la rutina de las cosas diarias y la cercanía de la familia, -le escuchaba decir mientras me miraba con un amor que no volví a encontrar.
    - La vida ha sido buena -decía papá- para nosotros.
    - Si la vida completó mi vientre con los hijos y la tierra abrió sus caderas en la parición de la semilla.
    - Pero ¿Qué pasa? ¿Otra vez la nostalgia? -Preguntaba mi madre.
    Otros lugares y otros personajes ocupaban sus recuerdos, nos contaba sus historias: Lea la menor de sus hermanos, Raziel, Mariah que no llegaron a los sueños de la promesa en otra tierra posible. Las nubes traían el barco, el amontonamiento, la feroz tormenta y la muerte de los más débiles.
    Mamá gustaba del cultivo de la huerta y del cuidado de un pequeño bosque de frutales; nos encantaba salir a la cosecha como ella decía, con nuestros sombreros frescos y los delantales que regresaban llenos de frutas que eran pequeñas joyas que se convertían en cocimientos humeantes, junto al dulce de leche, aprendido de familias de la zona, luego del ordeñe diario y temprano de nuestras vacas.
    Lo salvaje se unía a lo cultivable. La sierra a la llanura; la primera más variada en su composición salvaje, alverjillas, retama y las medicinales, carqueja, marcela, menta y muchas otras que aprendí a conocer. En la sierra nació mi vocación por la investigación y la curación.
    La tierra pródiga, pero la sierra y la ganadería parecían no llevarse, hasta que descubrió sus secretos; en el rico tapiz de hierbas y flores silvestres encontró la apicultura; el clima siempre favorable. El arroyuelo La Corina nos daba peces y diversión en los veranos.
    Los árboles leñosos fueron ingresando a medida que el hombre se instalaba en estas tierras, entre los más prósperos los cipreses, eucaliptos, fresnos, olmos, álamos. Criarse entre ellos lo considerábamos una bendición. Por un sendero de cuento, surcado de nogales, corríamos para juntar los pelones y comerlos ahí mismo.
    Para mí siempre era una fiesta el despertar con el beso de mi padre, austero pero firme. Mamá prefería despertarnos con la caricia suave del plumón de los pollitos junto a nuestro rostro adormilado, agradecía el acercamiento amoroso de mi madre.
    -Hay que trabajar con las gallinas, darles su comida de maíz, pasto verde y recoger los huevos -decía.
    Nos permitían salir con los caballos, en los que cabalgábamos como reyes y princesas en territorios por descubrir en La Boca de las Sierras, paraje a cincuenta Km. de la ciudad de Azul en la Provincia de Buenos Aires. Lugar mágico por su cielo pintado por la Vía Láctea, los secretos de sus ancestros y luces enigmáticas de posibles visitantes estelares. Me decían que no tuviera miedo. Nunca lo tuve. Hablaban de otros sitios en el espacio, como la luna llena habitada, tan redonda mareaba recorrerla. Esa imagen me asombraba, para mi cubría todo el techo del galpón, casi lo encerraba y cuando salíamos con mis hermanos extendíamos los brazos para estar en su panza de agua.
    Algunas las noches mamá bordaba, papá nos leía la Torah, el Quijote y el Martín Fierro, nos traían personajes de todas las tierras del mundo que se abría a nuestra imaginación de niños sin televisión. Nos asombraba con sus conocimientos, autodidacta, lector incansable, nos dijo algo muy bello: la luz que veíamos de las estrellas tenía que viajar a muchísima velocidad hasta nosotros y algunas de ellas ya no existían, pero aún gozábamos de su brillo,
    El leve viento, casi brisa se detenía en la frondosidad de los árboles que habíamos plantado, cada uno tenía nuestro nombre y eso hablaba de inmortalidad.
    Nuestros padres nos miraban con una paz y alegría a las que regreso en estos días de mujer que construye, por elegir la entrega y el servicio como médica; hoy en especial en el campamento de refugiados, en la tarea a la que estoy totalmente entregada, con la certeza de la Divina Presencia en cada ser sin discriminaciones.
    El corazón del hombre al parecer siempre albergará mentira y mal, injusticia y desconocimiento de los más débiles ¿Cómo evitar el caos? con el servicio y la justicia. Así lo recibí y convencida, así lo hago.
    Mi padre no había frecuentado los templos construidos por el hombre, pero se había iniciado en los secretos de la tierra, tal vez estaba cansado de su apacible retiro, cumplido el tiempo deseaba conocer otra aventura y decidió caminar esa noche. El viejo compañero, un perro mezcla entre ovejero alemán y quién sabe qué raza, Moisés, salió rápidamente de su descanso bajo la acacia y correteó a su lado. La imagen estaba completa y el llamado de los habitantes de la luna, a la espera.
    Ya sabía que por más que gritara o llorara eso también iba a pasar y preferí imaginarme a mi padre en camino, de la mano de la luna llena, hasta grabarse en ella y ella, en el paisaje que llenaría toda mi vida.

     

    18 octubre, 2020 a las 11:31 pm #40539

    https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=3392856087475062&id=100002521114232

    18 octubre, 2020 a las 11:33 pm #40540

    Zenda el 6 de octubre, 2020 a las 10:47

    Escribe una historia rural, ambientada en nuestro tiempo o en cualquier otro tiempo, en el campo, en un pueblo, en la naturaleza, real o ficticia,  y participa en el nuevo concurso de Zenda, patrocinado por Iberdrola y dotado con 2.000 euros en premios. Aquí te explicamos cómo participar en este concurso, con el que queremos rendir homenaje a Miguel Delibes, en su centenario.

    Manda tus historias aquí, en este foro, hasta el 18 de octubre.

    El jurado de este concurso lo forman los escritores Juan Eslava Galán, Juan Gómez-Jurado, Espido Freire, Paula Izquierdo y la agente literaria Palmira Márquez.

    El primer premio está dotado con 1.000 €. El premio para la dos historias finalistas es de 500 € para cada uno.

    A continuación te explicamos cómo participar.

    1) Las historias rurales deberán ser originales e inéditas. La extensión mínima de los textos es de 100 caracteres y la máxima, de 1.000 palabras. Cada concursante podrá participar con un máximo de dos textos.

    2) Debes publicar tu historia en internet, como entrada de un blog, como una anotación en Facebook, en Twitter con un tuit o un hilo, o en Instagram mediante una publicación o una historia destacada.

    3) Después, si aún no estás dado de alta debes registrarte en este foro de Zenda y escribir una respuesta al final de esta misma entrada. En la respuesta, incluye la dirección donde has publicado el texto. No es necesario publicar aquí el texto completo, basta con la URL (la dirección web).

    4) Calendario del concurso: puedes participar del martes 6 de octubre de 2020 al domingo 18 de octubre de 2020 a las 23:59. El miércoles 21 de octubre publicaremos en Zenda una selección con las 10 historias que optan a los premios. El viernes 23 de octubre de 2020 se difundirán los nombres del ganador del primer premio de 1.000 euros y de los ganadores de los segundos premio de 500 euros.

    Y podrás divulgarlo con la etiqueta #historiasrurales en las redes sociales.

    En este enlace puedes consultar las bases del concurso.

    ¡Participa y escribe tu historia!

     

    Buenas noches a todos.

    Aquí dejo mi relato para el concurso, "Lejos".

    http://antoniogarciaencinas.com/2020/lejos

    Un saludo.

    18 octubre, 2020 a las 11:33 pm #40541

    Palurdo

    https://www.facebook.com/photo?fbid=761708914393065&set=a.116596292237667

    Día tras día sucede lo mismo en este pueblo polvoriento. Se sienta en una de las mesas de la biblioteca a rumiar sus pensamientos igual que las ovejas sumisas tragan la pastura que les dan y la procesan lentamente. Igual que las ovejas con la mirada en lontananza, resignadas entre multitud de ovejas compañeras, se sienta entre todo lo que nos rodea: imágenes, ideas, añoranzas, deseo, objetos, palabras, murmullos, silencios.

    Su lectura parece incesante, pero los momentos prolongados en que asienta el libro encima de la mesa para detenerse a escribir también parecen infinitos. Yo la miro de lejos y muerto de ansiedad por acercarme y descubrir de qué está hecha, si de sueños, de carne y hueso, si de la pasión de alguien como yo que la mira y la desea sin imaginar la forma de llegar a ella y cruzar el tiempo, el espacio que la separan.

    Cómo la recuerdo desde hace ya varias semanas, sentada entre nosotros con sus libros, su goma de mascar, sus ojos color cucaracha, y su pelo hirsuto y azabache. Todos los días he venido armando mi discurso, el mismo que pronunciaré cuando tenga una oportunidad. La esperaré a la entrada de la biblioteca. Pero no puedo predecir la hora, y tengo tanto qué leer y qué escribir y qué aprender y qué olvidar.

    ¿Cómo te llamas? No. ¿Y tú qué estudias? Tampoco. Si al menos pudiera descifrar lo que repasan sus ojos, sus ojos que nunca me ven. Tal vez así podría decirle: Nada sabemos acerca de los rituales amorosos de los paquidermos, pero en cambio… ¡Me lleva la tiznada!

    Hoy me atrevo, como nunca, a sentarme en la misma mesa, justo enfrente de ella. Disimuladamente la piso, aunque en realidad fue por accidente (siempre fui tan torpe). Pero ella se limita a retirar su pie sin rasto alguno de perturbación Yo me deshago en disculpas. Jamás repara en mi presencia.

    Voy a ponerle un papelito encima de su libro que diga algo así como Me encantas. Pero parece ser tan distraída. Tal vez esté acostumbrada a que los hombres la persigan como moscas a la miel y ya se hizo experta en espantárselos. Tal vez si pruebo a decir que con gusto podría ayudarla a rumiar cualquier información que no le quede clara. Si, de boca a boca…si pudiera besarla algún día aunque tuviera que esperar. Pero ¿quién me hizo padecer esta timidez tan aterradora? Soy tan pardo en mi exterior; si tan solo ella sospechara cuánta luz me brota desde dentro. Sus ojos canela se iluminarían y al mirarme a mí se me pondría la carne de gallina.

    Hoy tengo que hablarle a costa de lo que sea y si me equivoco ni modo. En eso estoy cuando llega un individuo con la cara picada de viruela, forrado en cuero negro, exhibiendo una sonrisa grotesca. Se acerca y la besa. Ella le dice Te esperaba pasado mañana, y el responde Es que me adelanté, mi reina. Ella le pide Espérame a la entrada, estoy por terminar. El tipo forrado en cuero se aleja. De prisa ella escribe una nota en una hoja de su cuaderno, la arranca y me la entrega, al mismo tiempo que sus ojos de ámbar y su pelo color de noche se desparraman por un instante sobre de mí. Me ahogo, me falta la respiración. Ella me deja.

    La nota dice Tardaste demasiado, mañana regreso. Respiro lentamente y se me sale el corazón del pecho. A partir de este momento ya no tiemblo ni transpiro ni me acosará la duda por la noche. Mañana será el gran día, yo la veré de nuevo y a partir de entonces será solo mía. Pero… ¿y si no regresa?... ¿Y si se queda con el tipo picado de viruela…?

    18 octubre, 2020 a las 11:34 pm #40542

    https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=3392856087475062&id=100002521114232

    Aquí les dejo mi historia rural: "Breves leyendas y memorias del verano".

    18 octubre, 2020 a las 11:34 pm #40543

    Zenda el 6 de octubre, 2020 a las 10:47

    Escribe una historia rural, ambientada en nuestro tiempo o en cualquier otro tiempo, en el campo, en un pueblo, en la naturaleza, real o ficticia,  y participa en el nuevo concurso de Zenda, patrocinado por Iberdrola y dotado con 2.000 euros en premios. Aquí te explicamos cómo participar en este concurso, con el que queremos rendir homenaje a Miguel Delibes, en su centenario.

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    El jurado de este concurso lo forman los escritores Juan Eslava Galán, Juan Gómez-Jurado, Espido Freire, Paula Izquierdo y la agente literaria Palmira Márquez.

    El primer premio está dotado con 1.000 €. El premio para la dos historias finalistas es de 500 € para cada uno.

    A continuación te explicamos cómo participar.

    1) Las historias rurales deberán ser originales e inéditas. La extensión mínima de los textos es de 100 caracteres y la máxima, de 1.000 palabras. Cada concursante podrá participar con un máximo de dos textos.

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    4) Calendario del concurso: puedes participar del martes 6 de octubre de 2020 al domingo 18 de octubre de 2020 a las 23:59. El miércoles 21 de octubre publicaremos en Zenda una selección con las 10 historias que optan a los premios. El viernes 23 de octubre de 2020 se difundirán los nombres del ganador del primer premio de 1.000 euros y de los ganadores de los segundos premio de 500 euros.

    Y podrás divulgarlo con la etiqueta #historiasrurales en las redes sociales.

    En este enlace puedes consultar las bases del concurso.

    ¡Participa y escribe tu historia!

     

    Carlos Nogueira Participó en #historiasrurales.. con el Barranco Rubio,publicada en mi muro de facebook https://www.facebook.com/ctvnm/posts/1538458576337512

    Iván Taylor
    Participante

    18 octubre, 2020 a las 11:35 pm #40544

    Zenda el 6 de octubre, 2020 a las 10:47

    Escribe una historia rural, ambientada en nuestro tiempo o en cualquier otro tiempo, en el campo, en un pueblo, en la naturaleza, real o ficticia,  y participa en el nuevo concurso de Zenda, patrocinado por Iberdrola y dotado con 2.000 euros en premios. Aquí te explicamos cómo participar en este concurso, con el que queremos rendir homenaje a Miguel Delibes, en su centenario.

    Manda tus historias aquí, en este foro, hasta el 18 de octubre.

    El jurado de este concurso lo forman los escritores Juan Eslava Galán, Juan Gómez-Jurado, Espido Freire, Paula Izquierdo y la agente literaria Palmira Márquez.

    El primer premio está dotado con 1.000 €. El premio para la dos historias finalistas es de 500 € para cada uno.

    A continuación te explicamos cómo participar.

    1) Las historias rurales deberán ser originales e inéditas. La extensión mínima de los textos es de 100 caracteres y la máxima, de 1.000 palabras. Cada concursante podrá participar con un máximo de dos textos.

    2) Debes publicar tu historia en internet, como entrada de un blog, como una anotación en Facebook, en Twitter con un tuit o un hilo, o en Instagram mediante una publicación o una historia destacada.

    3) Después, si aún no estás dado de alta debes registrarte en este foro de Zenda y escribir una respuesta al final de esta misma entrada. En la respuesta, incluye la dirección donde has publicado el texto. No es necesario publicar aquí el texto completo, basta con la URL (la dirección web).

    4) Calendario del concurso: puedes participar del martes 6 de octubre de 2020 al domingo 18 de octubre de 2020 a las 23:59. El miércoles 21 de octubre publicaremos en Zenda una selección con las 10 historias que optan a los premios. El viernes 23 de octubre de 2020 se difundirán los nombres del ganador del primer premio de 1.000 euros y de los ganadores de los segundos premio de 500 euros.

    Y podrás divulgarlo con la etiqueta #historiasrurales en las redes sociales.

    En este enlace puedes consultar las bases del concurso.

    ¡Participa y escribe tu historia!

     

    Buenas, aquí va mi historia para el concurso. Saludos.

    https://www.facebook.com/notes/iv%C3%A1n-taylor/hermanos/3499577200092093/

    Rodrigo Ortiz Campos
    Participante

    18 octubre, 2020 a las 11:36 pm #40545

     

    Buenas noches, adjunto mi relato "El adiós y yo" aquí.

    https://600roentgens.home.blog/2020/10/18/el-adios-y-yo/

    Suerte a todos y gracias a Zenda por estas fantásticas iniciativas.

     

     

    18 octubre, 2020 a las 11:37 pm #40546

    Otro relato para Historias rurales

     

    https://www.facebook.com/photo?fbid=760550281175595&set=a.116596292237667

    LA MÁSCARA

    para el Mtro. Marcelo Torreblanca

    Aquella noche la luna estaba llena y los coyotes andaban enamorando. Yo no podía dormir. Siempre que la luna está grande me quedo pelando los ojos. Hasta eso, ni bebo. Cuanto más, me da por tocar la chirimía, aunque Andrómeda dice que despierto a los chamacos y que las víboras se alebrestan. Pero qué otra cosa voy a hacer. A veces me pongo a tejer sombrero y doy cabezadas hasta que oigo cantar los gallos. La verdad es que lo único que se me antoja es tocar son, como esa noche que le estoy contando.
    Oí toquidos y que pego un brinco. Por el hueco de las tablas vi la cara de Adalberto. Parecía zopilote con la llovizna. Para colmo la luna ya se había tapado, usted sabe, por el mal tiempo de las cabañuelas. Ah, jijo, pásele, mire nomás cómo viene. Pascual, dónde está mi máscara. Primero entre y échele lumbre al cuerpo, si no, mañana lo velamos. Sólo vine por mi máscara, dijo bien serio.
    Yo ni hablar, que se la doy. El necio no quiso meterse. Era una máscara de venado bien pachona. Le sirvió en la fiesta de la Epifanía. No se la des a nadie, me recomendó. Cuando ya no aguante de tomado, fíjate bien que no se la vayan a llevar. Agárrala tú, porque si la pierdo voy a perder mi espíritu.
    Algunos dicen que es cierto que se pierde, por eso cuando bailan se fijan más en la bendita máscara que en los tristes centavos. El caso es que por ai de las cinco de la madrugada, ya que Adalberto se quedó jeteado junto a la vereda cuando acabó la fiesta, le quité la máscara y hasta lo quise traer porque su rancho le quedaba lejos. ¡No, qué va! Que se pone retobón y que me dice lárgate, déjame aquí tirado.
    Y de ai que lo dejo. Atanasio juró que se lo llevaba aunque fuera trepado en el lomo. Así que salí lueguito, si no Andrómeda me espera chillando porque sabe que la noche de Epifanía no tiene para cuando. Hasta le dan ataques y amenaza con largarse allá donde su tata.
    No, si le digo, esta otra noche que veo al viejo. Se llevó su máscara. Dio la media vuelta y agarró el camino viejo de la cañada. Dónde irá este jijo, me quedé pensando. No quiero ni decirle, ni hacérselo largo, pero hoy vinieron de la alcaldía a decir que el martes lo habían visto tirado en el monte cerca del huerto del Señor. Ya se lo estaba acabando la zopilotera. Dijeron que nunca regresó después de la fiesta. Pero yo le juro que lo vi este viernes. ¡Que me parta un rayo si le miento! Al triste de Atanasio nadie lo ha visto.
    No quiero comer; estoy a pura copa. Tengo pasmado el cuajo y el cuero verrugoso de puro susto. Cada vez que me acuerdo me corre un frío por todo el espinazo y rapidito tengo que ir al solar porque las tripas me llevan volando. A veces hasta me dan ganas de tirarme al pozo. De plano no me hallo. Andrómeda dice que me asosiegue, que solamente vino a buscar lo que le faltaba. Lo malo es que yo no sé rezar de adentro, si no, me canso que pediría por su ánima. Antes nada me espantaba ni tantito. Pero ora cómo voy a entender lo que pasó. Crélo, nomás, dice la vieja. Pero no puedo, le juro que yo no puedo. Ver menos
    Editar

    18 octubre, 2020 a las 11:38 pm #40547

    Buenas noches. Aquí mi relato:

    Quiere quemar el guindo

    Un saludo.

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