• Pepey
    Participante

    3 abril, 2017 a las 9:46 am #1079

    En referencia al artículo de Raquel Jiménez, http://www.zendalibros.com/fomento-la-lectura-clubes-lectura/, que gran razón lleva, a mi parecer, Eva Losada Casanova, directora del club de lectura "La plaza de Poe", sobre la mala elección de los libros que deben leer los niños en el colegio. Esos grandes clásicos, obras que perduran por su gran calidad y que hay que leer por lo menos una vez en la vida, pero no cuando eres un niño.

    Todavía recuerdo el cambio de la Educación Primaria a la ESO. Ese salto donde pasé de leer los maravillosos libros de la editorial de Barco de Vapor, entre otros, que tanto me divertían y que me hacían acudir a la biblioteca del colegio un tarde a la semana para leer algún otro libro además del que nos mandaba el profesor de Lengua, para pasar a las lecturas, con 13 años y en adelante, de novelas que se me hicieron pesadas, soporíferas, ininteligibles y casi como castigos. Novelas como "La Celestina"de Fernando de Rojas, "Misercordia" de Galdós, "La venganza de Don Mendo" de Pedro Muñoz Seca, "Libro del Conde Lucanor" de Don Juan Manuel, "Tres sombreros de copa" de Mihura, "La casa de Bernarda Alba" de Lorca, etc. Y podría seguir recitando otras tantas, incluida una selección de capítulos de nuestro gran Don Quijote.

    Todo mi mundo de fantasía se esfumó de un año para otro. Toda esa alegría por leer. Pufff. Aunque creo que seguía dentro de mí esa pequeña llama, como si fuese una luz de esperanza, que iluminaba mi interior al comprar o encontrar en la biblioteca de mi abuelo un nuevo libro mandado para leer y realizar su posterior comentario de texto. Que perduraba al empezar la lectura, pero se extinguía al trascurrir las primeras páginas que en la mayoría de las ocasiones no superaban las diez.

    Terminado el bachillerato todo cambió. No recuerdo por qué. Yo creo que la pequeña llama que ardía dentro de mí, recordando las lecturas de más pequeño, no se había apagado. O que fue un acto de rebeldía, liberándome de las cadenas de leer lo que me dictaban desde el colegio. Tanto si fuese alguna de esas razones u otra, me dirigí a una librería y compré "Chacal" de Frederick Forsyth. Me encantó. Y a partir de ahí no he podido parar de leer.

    Pero por el camino quedaron la mayoría de mis amigos y mucha gente con la que he hablado sobre este tema. Casi siempre responden lo mismo, que no les atrae la lectura o que les aburre. Aunque muchos recuerdan también algún libro de su infancia que les gustó y que recuerdan con nostalgia antes de que se les apagara su llama.

    Raquel Jiménez
    Participante

    3 abril, 2017 a las 10:10 am #1080

    Gracias Pepey por abrir el hilo

    En mi caso pasé de una pre-adolescencia sumergida en los títulos de El Barco de Vapor (La hija del espantapájaros, Memorias de una vaca,...) la saga "Las sombras" de María Gripe , rimas de Bécquer y poemas de Antonio Machado a una adolescencia en la que éramos obligados a leer el Cantar del Mío Cid, La Celestina, La Colmena y similares. A pesar de la obligatoriedad de ciertas obras uno ya va encontrando en ellas ciertas afinidades, con el autor, con la obra, incluso con el contexto social y político de la que es hija, y a veces esos pequeños hilos hacen que en el futuro sintamos de nuevo una conexión que nos permita redescubrirlas desde otro prisma, un prisma analítico, crítico y exento de la confusión adolescente.

    Afortunadamente llegado BUP tuve buenos maestros que nos llevaron de la mano en el análisis y crítica de obras como El Quijote, Tiempo de silencio o Luces de Bohemia. Hasta el punto que acabado el curso se convertían de nuevo en mis lecturas de verano.

     

    Pepey
    Participante

    7 abril, 2017 a las 10:55 am #1147

    Raquel Jiménez escribió el 3 Abril, 2017 a las 10:10 am:

    Gracias Pepey por abrir el hilo En mi caso pasé de una pre-adolescencia sumergida en los títulos de El Barco de Vapor (La hija del espantapájaros, Memorias de una vaca,…) la saga “Las sombras” de María Gripe , rimas de Bécquer y poemas de Antonio Machado a una adolescencia en la que éramos obligados a leer el Cantar del Mío Cid, La Celestina, La Colmena y similares. A pesar de la obligatoriedad de ciertas obras uno ya va encontrando en ellas ciertas afinidades, con el autor, con la obra, incluso con el contexto social y político de la que es hija, y a veces esos pequeños hilos hacen que en el futuro sintamos de nuevo una conexión que nos permita redescubrirlas desde otro prisma, un prisma analítico, crítico y exento de la confusión adolescente. Afortunadamente llegado BUP tuve buenos maestros que nos llevaron de la mano en el análisis y crítica de obras como El Quijote, Tiempo de silencio o Luces de Bohemia. Hasta el punto que acabado el curso se convertían de nuevo en mis lecturas de verano.

    Te envidio. Me hubiese gustado haber tenido esas sensaciones y haber podido disfrutar así. En mi caso, varias de estas lecturas se me hicieron muy pesadas en su momento. Aunque no niego que mi mente no diese para mucho en esos tiempos.

    De todas formas, algo falla para que en esos años de colegio muchos niños y adolescentes pierdan las ganas de leer. No sé si será la experiencia que tuve yo con la gente que me rodeaba, pero después de esos libros la mayoría de los conocidos dejaban de leer. Creo que habría que plantear las lecturas de otra manera. No solo ya por el hecho de la dificultad de las lecturas, sino porque cada persona somos un mundo y nos gustan temáticas muy diferentes. Hay gente que pudo haber dejado de leer por no haberle ofrecido un libro de una temática que le atrajese o que fuese más actual. A mi parecer, el profesor debería aconsejar más individualmente qué leer antes que mandar libros a nivel general.

    Raquel Jiménez
    Participante

    7 abril, 2017 a las 11:09 am #1148

    En una próxima entrada entrevisto a varios colegios para conocer de cerca las dinámicas que proponen para fomentar la lectura en los colegios. Espero que a partir de ahí podamos sacar conclusiones sobre cómo mantener esa afición tras las primeras lecturas

    Pepey
    Participante

    7 abril, 2017 a las 2:55 pm #1156

    La espero con ganas.

    La pena de la educación en la escuela, y dentro de ella la lectura, en este país. Ojalá pueda llevarme alguna alegría con la próxima entrada.

    Lucas Corso
    Participante

    10 abril, 2017 a las 12:05 pm #1198

    Que envidia me dais...

     

    Yo nunca conocí un club de lectura y no tuve carnet de biblioteca hasta los 14.

    La verdad es que, como comentaba en otro hilo, nunca me ha llamado eso de leer un libro por que sea un clásico. Me niego a comerme una historia, relato, ensayo o lo que sea por el simple hecho de ser un clásico. Vamos, que en la vida veré Titanic por mucho que me insistan.

     

    El primer libro que me leí de motu propio fue el "La tabla de Flandes" y por que al ver la película intuí que la tele encerraba secretos que el libro me podría desvelar... Luego fue a parar a mis manos un libro con unos dibujitos muy gracioso, un Napoleón cabezón, bajito y enfurruñado... "La sombra del Aguila" y ya si que despegue y empecé a leer vorazmente.  Como cuando estudiaba en la Universidad que leía unos 40 libros por año (en 2016 no se si me habré leído 10... que descenso, eso sin contar que desde 2012 a 2015 no leí ningún libro)

     

    Pero con todo lo que leo, con las temáticas y demás... nunca me he apuntado a un club de lectura. Es mas, ni se que se hace ni como funciona. Y la idea me intriga

    Chema de Aquino
    Participante

    12 abril, 2017 a las 6:11 pm #1267

    Al igual que las primeras lecciones de matemáticas no son las derivadas, los primeros libros no deberían ser los más tediosos (cuando eres un crío).

    En mi opinión, mejor generar el hábito y el disfrute de la lectura, que ya llegará el lector a consumir "los imprescindibles" por propia iniciativa cuando esté realmente preparado para disfrutarlos.

    yong richards
    Participante

    23 marzo, 2020 a las 9:46 am #33311

    La promoción de la alfabetización y la creación de entornos literarios son dos caras de la misma moneda: las políticas y estrategias para lograr la alfabetización y la aritmética deberían garantizar programas de buena calidad para jóvenes y adultos junto con el desarrollo de entornos alfabetizados ricos.

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