• 7 diciembre, 2018 a las 1:31 am #25202

    Vestía gabardina negra con sus botas oscuras

    y tocaba en una calle peatonal.

    Con su sombrero negro de ala corta

    y un pañuelo blanco cubriéndole la boca.

    Tocaba con un violín negro

    que no tenía cuerdas.

    Porque era de las

    cuerdas de su alma

    de donde salía su notas.

    Sonaba el amor

    que un día cayó de sus labios

    para navegar en un charco de lágrimas

    y espejos.

    Era una melodía triste

    que se encaramaba a tu alma

    como los besos a la mañana.

    No pedía dinero, no pedía sonrisas.

    Sólo silencio.

    Ni siquiera los muertos

    se atrevían a arrastrar sus huesos.

    Ni siquiera el viento

    se atrevía a mover sus labios

    esparcidos en hojas secas por el suelo.

    Ni siquiera yo abrí los ojos

    al recordar sus besos

    al volver a sentir su cuerpo.

    © J.C. Luzardo 

    Alba Redondo
    Participante

    2 enero, 2019 a las 2:18 pm #25633

    Un poema de lo más bonito!

    pedro ramirez
    Participante

    14 enero, 2019 a las 7:18 pm #26025

    Un gran poema si señor.

    el cloruro de magnesio es increible.

    28 mayo, 2019 a las 11:31 pm #28236

    Hola, buenas noches

    Gracias a ambos por leerlo. Escribí este poema sentado en una calle  muy transitada, mientras un violinista tocaba una melodía y sin dejar de escuchar aquella música, las palabras salieron de mi alma para posarse en mi pluma, y luego se derramaron como sangre en una vieja agenda. La herida de un amor olvidado se me volvió abrir, como si una ola de repente golpeara mis sueños y desnudara mis besos. Así nació "EL violinista del sombrero negro".

    La poesía es como la música,

    nunca deja de sonar en nuestro corazón.

    Siempre está agazapada esperando que movamos  los labios

    para brotar como una fuente, sin esperar nada, sin buscar nada...        Poetajc

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