• 7 diciembre, 2018 a las 1:31 am #25202

    Vestía gabardina negra con sus botas oscuras

    y tocaba en una calle peatonal.

    Con su sombrero negro de ala corta

    y un pañuelo blanco cubriéndole la boca.

    Tocaba con un violín negro

    que no tenía cuerdas.

    Porque era de las

    cuerdas de su alma

    de donde salía su notas.

    Sonaba el amor

    que un día cayó de sus labios

    para navegar en un charco de lágrimas

    y espejos.

    Era una melodía triste

    que se encaramaba a tu alma

    como los besos a la mañana.

    No pedía dinero, no pedía sonrisas.

    Sólo silencio.

    Ni siquiera los muertos

    se atrevían a arrastrar sus huesos.

    Ni siquiera el viento

    se atrevía a mover sus labios

    esparcidos en hojas secas por el suelo.

    Ni siquiera yo abrí los ojos

    al recordar sus besos

    al volver a sentir su cuerpo.

    © J.C. Luzardo 

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