• 9 octubre, 2022 a las 1:46 am #53866

    Tutorial para atrapar chanchos del monte

    Por Marcos Mirande

    Recorriendo la internet encontré un método infalible para cazar en poco tiempo y sin riesgos, toda una familia de jabalíes. Como era de esperar, había también algunas variantes para pecaríes o chanchos del monte, que, como aquellos, son animales absolutamente salvajes. Todos los sistemas tenían una similitud: se basaban en la imperiosa y cotidiana necesidad de estos animales de alimentarse.

    Cualquiera, entonces, que se encuentre en una zona poblada por estos mamíferos artiodáctilos y disponga de un espacio adecuado, unas cuantas bolsas de maíz y unos metros de alambre tejido, puede, merced a este tutorial, darse el lujo de saborear esa apreciada carne de caza.

    En un descampado, en lo posible rodeado de unos cuatro o cinco árboles, deberá colocar, bien a la vista, cincuenta kilos de maíz. Gracias a su fino olfato y acuciado por el hambre, no pasará mucho tiempo hasta que alguno de estos suinos descubra el exquisito alimento. Su espíritu gregario hará el resto y pronto habrá toda una piara gozando de tan preciado tesoro.

    En los tres días sucesivos, y teniendo en cuenta que estos animales tienen hábitos nocturnos, el cazador tendrá que reponer los cincuenta kilos de maíz en el mismo sitio, preferiblemente a la mañana temprano. Aprovechará el cuarto día para tender un alambrado “chanchero” (puede encontrarlo en cualquier ferretería) entre dos árboles circundantes y luego agregará más maíz. Los pecaríes, sin advertir el cambio, continuarán con su rutina diaria.

    Repetirá el cazador esta operación al día siguiente tendiendo otro alambrado desde el primer árbol hasta el siguiente y así también los días sucesivos hasta formar un corral, pero dejando una entrada con un portón abierto. La octava noche, mientras los chanchos del monte se encuentren atareados masticando el delicioso manjar, deberá acercarse sin ser visto y cerrar el portón.

    El excelente método puede servir sin duda para esclavizar ejemplares de otras especies, incluso la humana.

    En efecto, si alguien -un gobierno por ejemplo- quisiera hacer lo mismo con los jubilados, no tiene más que seguir este tutorial. Pero en ese caso tendrá primero que generar su incapacidad económica para valerse por sí mismos. O sea: deberá establecer importes jubilatorios que no les permitan a los beneficiarios acceder a los bienes indispensables y otorgar aumentos que no cubran la inflación, de manera que, a valores reales, su jubilación sea cada vez menor. De hecho deberá desoir los fallos judiciales que ordenen pagos resarcitorios o retroactivos a estas personas que durante toda su vida laboral aportaron para gozar de un feliz retiro. En vez de maíz, el cazador deberá recurrir a otros cebos igualmente efectivos: medicamentos gratuitos o con descuentos (o al menos promesas de esas ventajas); bonos de emergencia para recomponer los magros ingresos (que por supuesto resultarán ínfimos, inocuos y hasta ridículos); boleto gratuito en los medios de transporte público (los jubilados que tengan un autito por supuesto tendrán que seguir pagando la nafta al precio normal); descuentos en planes turísticos para visitar en ómnibus Mar del Plata o Las Termas de Río Hondo (obviamente los viajes al exterior no estarán incluidos ya que los “adultos mayores” tendrán prohibido comprar dólares en el mercado oficial y, en el caso de adquirir los de color azul, tendrán que explicar de dónde sacaron el dinero), y, finalmente, no deberán faltar los discursos que destaquen el inquebrantable y permanente esfuerzo oficial por cuidar y proteger a los abuelos. A diferencia de los animales salvajes, esta especie ofrece algunas características favorables al cazador: su fuerza física y agresividad son menores; su única arma es el voto, pero muchos ya no tienen ganas de usarla. Sin embargo, presentan una desventaja para aquellos que deseen esclavizarlos: su inteligencia suele ser superior a la de los chanchos del monte.

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