• Roberto Mitelpunkt
    Participante

    25 mayo, 2022 a las 10:56 am #51676

    https://www.facebook.com/roberto.mitelpunkt

    #historiasdelcamino

    Un oscuro amor peregrino

    Adela flotaba sobre el sendero desafiando la gravedad, rozaba piedras y árboles como sin tocarlos. No se agarraba de ellos, temía que la atrapasen. Así también sobrevolaba a las gentes sin que nada la amarrase. Si la saludaban “Buen Camino”, respondía como en un susurro: buen caminooooo. Caminaba detrás del viejo cuidando que no cayera.
    Para su octogésimo cumpleaños, el anciano doctor quiso volver a peregrinar. En sus mocedades había recorrido el Camino de Santiago con amigos; otras veces lo había hecho en soledad.
    Mientras caminaba se sumergía en el paisaje y sus ondas cerebrales se aquietaban.
    En esta ocasión sus hijos tomaron el control de su peregrinación. Contrataron los servicios de una empresa que planificó jornadas de no más de diez kilómetros y el transporte del equipaje de hotel a hotel. Ya no albergues, ya no largas caminatas. Además exigieron que Adela lo acompañara.
    Adela había llegado a la casa del Doctor cuando tenía dieciséis años, temerosa de la señora y respetuosa con él, hombre maduro y seductor, que ejercía una fuerte atracción sobre las mujeres. Pero con Adela él siempre mantuvo la compostura, y si bien la trataba con amabilidad y cariño, guardaban las distancias. La señora Blanca tenía altibajos, a veces era buena y maternal; otras brutal y despiadada. El Doctor le explicó a Adela que su mujer sufría de un trastorno maníaco-depresivo. Ella no entendió muy bien, pero se acostumbró a los cambios de ánimo de su patrona.
    Después de la muerte de la señora, Adela y el Doctor quedaron solos en la casa. Él ya era un hombre mayor generalmente amable y cálido, cada vez más dependiente de ella.
    Una noche, en el hotel de Santo Domingo de la Calzada, Adela entró silenciosamente en la habitación y comprobó que el Doctor se había quedado dormido con el laptop encendido sobre las piernas. Ocurría con frecuencia, y, dado que una vez, el ordenador cayó, y hubo que comprar uno nuevo, ella entraba para apagarlo y posarlo sobre el escritorio.
    No era raro que, si no estaba muy cansada, se detuviera a leer lo escrito en la pantalla, pero no pasaba de ahí. No se atrevería a hurgar en las entrañas de esa alma ajena. Esta noche, a pesar de la fatigosa jornada, también miró la pantalla y al leer las primeras líneas quedó atrapada.
    Querida Adela,
    Este andar peregrinando me hace sentir que debo abrir mi corazón y mi alma.
    No querría que llegue mi muerte sin poner en claro este oscuro amor.
    Desde que llegaste a casa, hace tantos años, me quedé prendado de tu alegría de
    vivir, de tu flotar etéreo por entre las paredes de esta casa y de tu deambular entre
    nosotros impregnando de aromas de frutos tropicales y flores silvestres el aire que
    respiramos.

    Mientras cuidabas a Blanca con tanta delicadeza y amor, yo ardía en una pasión por
    ti que mantenía oculta y que me hacía sentir como si no hubieran pasado los años y
    no hubiera descendido sobre mí el peso de la vejez.
    En mis insomnes y desveladas noches, luchaba contra mi deseo de verte desnuda y
    acariciar tu piel canela, y lo mantenía a raya por no cometer un acto impropio de mi posición y mi sentido de la culpa.
    Ha pasado lo que ha pasado. Blanca se fue al cielo, espero, después de largos años
    en los cuales todo nuestro contacto se limitaba a tomar juntos la cena que tu
    preparabas con tanto esmero, y luego de los postres se retiraba a su habitación a la
    cual yo tenía negada la entrada. Después del nacimiento de nuestro quinto hijo y
    establecida ya en esa depresión de la que no volvió a salir, ella me aclaró que,
    habiendo cumplido con los deberes de esposa y madre, ya no se veía en la obligación
    de recibirme entre sus piernas, y que, si no me alcanzaba con darme una ducha fría,
    pues que me fuera a verle la cara a Dios adonde quisiera, que a ella no le importaba.
    Como bien sabes, así lo hice, y fueron varias las mujeres que me acunaron entre sus
    brazos, pero nunca he podido dormir en la cama de ninguna de ellas, aunque me lo
    pidieran y se enojaran al no ser complacidas.
    A ninguna le he confesado lo que hoy te confieso a ti.
    Quedarme a dormir con otra hubiera sido infidelidad, no a Blanca que me echó a los perros,
    infidelidad a ti.
    Necesitaba tanto estar a tu lado, que muchas veces te imaginaba a ti en esas camas,
    A pesar de que hace años que solo vivimos nosotros dos en esta casa, nunca me
    animé a confesarte mi amor.
    Quizás el temor al ridículo, al rechazo, a ser visto como un viejo patético, a la
    reprobación de mis hijos si se enteraran, a que lo aceptaras, pero yo entrado en años
    no pudiera responder a tus ímpetus juveniles, o todo eso junto, hizo que me replegara y nunca haya dado un paso para acercarte más a mí aunnnn

    Aquí se interrumpía la carta.
    Adela cerró el aparato, se quitó el camisón de suave franela y quedó desnuda en su piel oscura. Corrió las cobijas de la cama y, mientras las lágrimas brotaban de sus ojos, acurrucándose junto al anciano, cantó en su dormido oído la canción que tantas veces le había escuchado silbar: Ojos negros, piel canela que me llegan a desesperar…..

    Por la mañana, al hacer el acta de defunción, el médico observó la Vieira que colgaba del cuello, y notó el perfume a frutos tropicales y flores silvestres que desprendía el cadáver del anciano

    Isabel Costas
    Participante

    29 mayo, 2022 a las 2:00 pm #51870

    Enhorabuena por la iniciativa. Aquí os dejo mi relato.

    #HistoriasdelCamino

    https://twitter.com/Escribidora3637/status/1530856333288820736?t=luTeoMF-rRHaxrsafA7XIA&s=19

    Isabel Costas
    Participante

    29 mayo, 2022 a las 2:01 pm #51871

     

    #HistoriasdelCamino

    https://twitter.com/Escribidora3637/status/1530856333288820736?t=luTeoMF-rRHaxrsafA7XIA&s=19

    Patricia Collazo
    Participante

    29 mayo, 2022 a las 8:19 pm #51887

    Buenas tardes,

    Dejo mi participación en https://laletradepie.com/camino-de-despedida/

     

    Patricia Collazo
    Participante

    29 mayo, 2022 a las 8:20 pm #51888

    29 mayo, 2022 a las 10:24 pm #51897

    Este es mi relato, su protagonista es un personaje imaginario que bien pudo existir. Cristina, Felipe y la iglesia de la Virgen Blanca de Villalcázar de Sirga sí que son reales.

     

    En la primavera del año 1267, Sofía Engen decidió emprender el viaje que hacía cuatro años prometió a su señora en su lecho de muerte. Cristina fallecía en plena juventud y tal y como fue encomendada por sus padres, los reyes, la acompañó y la sirvió desde la lejana Noruega hasta su sepultura. Su residencia quedó en Covarrubias, vigilando el sepulcro de la princesa, teniendo siempre presente la labor que debía cumplir.

    Notaba ya los achaques de su edad y sin más cometido en esta vida que obedecer ese último encargo, solicitó a Felipe, Infante de Castilla, el permiso para volver a su hogar. Un alto en el camino le permitiría depositar a los pies de la Virgen Blanca el precioso tocado de seda y oro que había coronado la cabeza de su querida ama.

    El camino de Santiago como columna vertebral del norte de España le iba a permitir viajar desde Covarrubias hasta Villalcázar de Sirga, hito templario cercano a Carrión de los Condes. Lo tomaría como punto para finalizar su primera parte del trayecto hasta el Portus Sanctorum Emeterii et Celedonii desde el que tomaría el barco para llegar a sus añoradas tierras vikingas. El noble Felipe le compensó por los años de servicio en los que había cuidado a su esposa, dejando organizado el regreso a su origen. Bergen, su ciudad de nacimiento, la esperaba. Llegaría allí justo en invierno. Muchas veces pensaba en la larga travesía que tendría que afrontar, cruzando el gélido mar del Norte. Sin embargo, el profundo convencimiento y la fe cristiana, aprendida y abrazada tras su breve estancia en el monasterio de las Huelgas en Burgos, le daban la fuerza y la confianza para saber que llegaría a su destino. Más bien se sometía a que el sumo hacedor le proporcionaría su ventura.

    Las jornadas comenzaban muy temprano. La carreta en la que viajaba era muy incómoda y en muchas ocasiones se apeaba y caminaba por los senderos por dónde los peregrinos que marchaban hasta la ciudad Santa de Santiago iban dejando sus huellas. En esas caminatas, el pequeño bulto que tenía como equipaje y en el que guardaba sus únicas posesiones después de una juventud sirviendo a reyes y nobles, se quedaba custodiado por el campesino, al que le fue confiada la tarea de cuidar de Sofía como si de su madre se tratase. A sabiendas de que muchas veces las caravanas eran asaltadas, llevaba su preciado regalo para la Virgen de Lito escondido entre sus enaguas.

    Su peregrinación estaba siendo apacible. El buen tiempo y el contacto con la naturaleza, habiendo estado los últimos años encerrada en un caserón, le permitían afrontar esa vital experiencia por tierras castellanas con energía e ilusión.

    Quedaban muchos pueblos que cruzar y Sofía en ocasiones cedía su sitio en la desvencijada carreta a los peregrinos que debido a sus heridas mal caminaban por la ruta hasta poder llevarlos a buen recaudo en los hospitales que encontraban. Admiraba la dedicación con la que los hospitaleros cuidaban de las almas penitentes que llegaban en un goteo constante tras los muros de los asentamientos que con motivo de la ruta de las estrellas se estaban creando. Un mapa celeste que tenía como punto final el fin de la tierra conocida. Miles de luces que iluminaban los caminos y que marcaban la trayectoria para lograr la indulgencia plena. Jornada a jornada se iba acercando la llegada a la fortaleza templaria. El calor acompañaba y el esplendor de las futuras cosechas marcaban de verde las suaves colinas que atravesaban. La solitaria criada se sentía bien entre las gentes con las que compartía. Desde la pérdida de Cristina, ningún fin veía a su realidad. Pasaba los días rezando viendo como las horas se escapaban por las rendijas del portón, aislada del mundo y temerosa de que su existencia hubiese quedado enterrada entre piedras y plegarias. Y era aquí, en la incomodidad de las noches, en camastros, en las frías madrugadas y en las marchas a pleno sol por los senderos de Castilla, donde sintió renacer su propósito de vida.

    Por fin, una tarde en la que la lluvia había hecho presencia y empapada hasta los huesos, pudo ver en la lejanía como el campanario de la inmensa iglesia ponía colofón a su última misión. Postrada ante la milagrosa Virgen Blanca rogó por el descanso eterno de su amada princesa y porque su llegada a la remota Noruega se diera con buen fin. No sabía en ese momento que la enfermedad la iba a debilitar y que tendría que necesitar la ayuda de los hospitaleros a los que tanto admiraba. Unas horas después de cumplir con el deseo de su ama, comenzó a sentirse mal y sucumbió a una dolencia que la retuvo en el albergue por varias semanas. La conexión con el barco que desde el Cantábrico la iba a llevar en dirección al norte se había perdido. Atrapada en el monasterio de San Zoilo hasta conseguir recuperar su maltrecha salud por aquel enfriamiento, veía pasar las semanas y sus ilusiones de volver a la tierra de sus ancestros se desvanecían.

    Durante el verano comenzó a mejorar y prestaba ayuda a cuantos menesteres le eran requeridos, empezando sin darse cuenta a sentir cada vez más feliz de poder vivir ayudando a los que llegaban. El otoño cambió a ocre los árboles y a blanco sus cabellos, se preparó para pasar el invierno en Carrión de los Condes, viajando cuando era requerida a Villalcázar de Sirga como ayuda a los muchos caminantes que debían de detenerse por jornadas hasta recuperar de sus heridas o achaques. Y allí, frente a la Virgen Blanca, entre enfermos y caminantes, llenó su espíritu de fe y de alegría.

    El destino final de su existencia no estaba al norte, dónde planeó: el apóstol le mostró que pertenecía al camino, al igual que la venerada imagen y junto a ella cuidó a los peregrinos hasta el fin de sus días.

    margot cantrell
    Participante

    31 mayo, 2022 a las 9:22 am #51964

    Tell me the next part dinosaur game

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