• Javier Sánchez Agudo
    Participante

    15 enero, 2022 a las 10:10 am #49619

    Cleo de 5 a 7 (1962) Agnès Varda

    Poeta en Nueva York. Hojas de hierba

     

    Hace poco vi un plano de la ciudad de Nueva York en una tienda de segunda mano; estos días no he parado de darle vueltas a la figura de Lorca, esa única figura que este planeta ha producido en su breve historia.

    En Lorca cobra vida todo el escenario humano, su pasado y su futuro, su nacimiento y su muerte. Todo lo que fluye y amamos lo ha expresado Lorca y ya no queda más palabra que añadir. El futuro huele a ciencia ficción: a coches voladores y a robots. Fue el poeta del cuerpo y el alma, Lorca. El primer poeta y el último. Hoy resulta casi indescifrable, un monumento primitivo lleno de símbolos para los que no hay explicación. Parece casi extraño escribir sobre sus huesos inmaculados.

    Whitman es lo más aproximado, pero Whitman fue más vital, colocado en el centro mismo del misterio. Recorrió toda la escala, desde el abismo hasta las estrellas. De lo que está escrito en las estrellas, o en la sangre, Whitman nada sabía. Descendiente de los fundadores mitológicos de la raza. Todos estamos fundidos en su larga barba, provocamos la confusión y el éxtasis de un hombre americano, universal, casado con la tranquilidad, con una forma de expresión olímpica. Whitman es el fin de algo, Lorca es un comienzo.

    Ambos poetas estuvieron profundamente impactados por la sociedad norteamericana. Un grito de horror iniciado por la deshumanización de la sociedad moderna. Un reclamo de libertad, amor y belleza capaz de alinear una nueva dimensión humana. La nueva era tecnológica debería estar incapacitada por este arte que a duras penas comprendemos. Todo ello lo ejecutan a través de una profunda revolución del lenguaje que sirve como instrumento de la libre expresión del pensamiento.

     

    Medium: Javier Sánchez Agudo


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