• 12 abril, 2020 a las 4:48 pm #34520

    Por fin encontré el bar de Zenda

    Después de buscar como loco el bar de Lola por todas las callejuelas, mi mente perturbada e inmoral, se había enamorado de la misteriosa Lola Completamente. Había una Lola muy española, descaradamente idealizada. Poco más tarde, sin saber cómo ni porque, me encontré en el bar de Dolores. No soy un cliente nada fiel. Como buen mercenario, me asomé en el Dolores -bien acertado su nombre- , la recuerdo bien, tremenda y  arrogantemente bella .Ella lo sabía .Me dejó  un tatuaje de recuerdos y   dolor . ¿Qué le vamos hacer? Soy un nostálgico. Tal vez el pasado, vino a rendirme cuentas, lo recuerdo con cariño y cierto dolor. Entonces ahí escuché algo sobre el bar de Zenda. Tuve que emprender mi marcha, iban a cerrar. Indagaba  sobre Zenda ,con Lola y Dolores ya difuminadas en el recuerdo   o eso esperaba  creer, muy a mi pesar  siempre andan  latentes ,al menor indicio ahí estaban ellas ,la mayor de las apariciones ,con cara de pocos amigos, así que intentaba centrarme , creando otro personaje  , en este caso  la imaginaba bien ilustrada - algo  completamente fuera de mi alcance -  .Un tanto extraño para un asiduo de taberna , que no tuviera constancia del nuevo bar de Zenda- .Borracho  ya de letras y, un poco de cerveza, fui  buscando el último tugurio ,  -a veces estos sitios te sorprenden- Acudí desesperado ,  para eso que se dice de :  Lamerse las heridas. Venerada y virtuosa sinceridad , seamos realistas y honestos, por probar suerte con la enigmática Zenda, era uno de mis principales intereses. En este caso, mi desquiciada mente intuía que provenía de un país del este. Esto me atraía, -cosa no difícil – siempre he sentido cariño y curiosidad   por todas las culturas del globo- Aunque seguía sin sacar a mi Lola de la cabeza, ni mucho menos ,a Dolores. Arrastraba mis pies por las calles, rondando sobre mis ideas, la enigmática Zenda. Me la imaginaba como la capitana del reino de hielo: Te calienta por lo frívola que es, esto es conocido como el llamado “efecto inverso”. En fin, después de tener prohibida por recomendación expresa médica, la entrada a los bares. Como siempre ,hice caso omiso, por cuestión de orgullo. Por educación y caballerosidad, seguí llevándome igual de bien que siempre con ellos (Y ellas).  por  fin encontré el rincón adecuado para narrarles mi historia de bar.Por cierto, esta ronda la paga Don Arturo , ya que Dolores me dejó sin un duro

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