• Francisco Lopez
    Participante

    14 mayo, 2022 a las 6:28 pm #51443

    COMO SI FUERA AYER

     

    El hombre que me acompaña dice ser mi hijo. No sé qué pretende ni qué se trae entre manos. Yo no he tenido hijos. Me sigue a pasos cortos, cogiéndome con dulzura de mi codo mientras caminamos lentos y firmes hacia la Plaza del Obradoiro, que ya se divisa a lo lejos. Mi frente está perlada de sudor, la suya también, pero menos. Es curioso pero no tengo miedo. Ni siquiera temo que me robe la mochila o la cartera, porque ni siquiera creo llevarla encima. Juraría que no la he traído. Quizá sea simplemente un mentiroso que necesitaba hacer el último trayecto acompañado. ¿O quizá estará siendo buscado por las autoridades y se ha pegado a mí con el fin de pasar desapercibido entre los miles de peregrinos que nos disponemos a llegar en breve a la Catedral? Lo ignoro. Solo sé que estoy demasiado cansado para que me importe. Ni siquiera sabría decir en qué punto del trayecto se pegó a mí como una lapa a una roca. Han sido varios días de caminata, de pequeños pasitos hacia un objetivo final. Y el muy desgraciado aún se atreve a ofrecerme un cigarrillo, cuando yo no he fumado en mi vida. Lo tengo claro: en cuanto lleguemos a la plaza, buscaré a algún agente de policía y le diré que no conozco de nada a este extraño y que me ayuden a que deje de seguirme.

    Él mira al suelo, yo miro al frente. Respiramos de forma entrecortada. Tengo la sensación de haber estado caminando toda la vida. ¿Lo habré estado haciendo? Empieza a bajar la luz del paisaje como si el brillo del mundo se estuviera atenuando lentamente. Anochecerá pronto. Y estamos ya tan cerca… ¿Por qué hago esto? ¿Por mí? ¿Por Fina? ¿Por Fernando o Carlota? No sé ni dónde estoy, ni por dónde camino. No recuerdo haber estado nunca en Santiago, tan cerca del edificio donde descansan los restos del Apostol. A medida que me acerco y veo la fachada imponente, bella, preciosa, se me saltan las lágrimas. Qué ilusión me hace. Lo he conseguido. A mis 74 años nadie pensaba que lo conseguiría. Todos intentaron convencerme de la locura que sería ir caminando hasta Santiago a mis años y en mi estado. ¿Pero de qué estado me hablan? Si todavía soy un chaval recién salido de la facultad. Llevo toda la vida jugando al baloncesto y haciendo remo. Corro dos días por semana y he participado en el maratón de… de… ¿cómo era ese maratón? ¿Qué es un maratón? ¿Por qué se me ha venido esa palabra ahora a la cabeza? ¿Y se puede saber qué demonios hago yo en Santiago? ¿Cómo demonios habré llegado aquí?

    De repente, me viene un latigazo de cordura y comprensión. Son pocos los momentos que tengo así cada día, así que quiero aprovecharlos al máximo. Antes de que se vaya la luz y la lucidez que ahora mismo me acompaña, me giro hacia Fernando, mi hijo, y con lágrimas en los ojos lo abrazo y lo beso, y le digo lo mucho que lo quiero. Le agradezco que me haya acompañado hasta aquí. Le comento lo orgulloso que he estado de él toda la vida aunque no se lo haya dicho ni demostrado lo suficiente nunca. Que cuide de su hermana Carlota porque es la niña de mis ojos, que ambos han sido el faro y la luz que me ha guiado toda la vida. Y que visite más a mamá, a mi Finita. Que no ha habido ni un solo segundo de mi existencia con ella en el que hubiera querido estar en otro sitio que no fuese a su lado. Le digo que disfruten, que vivan la vida, el presente. Que no se arrepienta de nada. Que sea un hombre íntegro y valeroso. Que no se deje amedrentar por el miedo ni los problemas. Que disfrute todo lo que le queda. Que haga el bien. Y que atesore cada instante de cada día y lo exprima como si fuera el último. Que a mis 74 años he hecho el camino de Santiago unas 25 veces. Y que si algo bueno tiene el alzheimer, es que puedo repetirlo siempre con la emoción de la primera vez.

    No sé cómo habré llegado hasta aquí. Supongo que llevo caminando toda mi vida.

    FILOMENA FREIRE
    Participante

    2 junio, 2022 a las 3:48 pm #51966

    Francisco Lopez el 14 de mayo, 2022 a las 18:28

    COMO SI FUERA AYER

     

    El hombre que me acompaña dice ser mi hijo. No sé qué pretende ni qué se trae entre manos. Yo no he tenido hijos. Me sigue a pasos cortos, cogiéndome con dulzura de mi codo mientras caminamos lentos y firmes hacia la Plaza del Obradoiro, que ya se divisa a lo lejos. Mi frente está perlada de sudor, la suya también, pero menos. Es curioso pero no tengo miedo. Ni siquiera temo que me robe la mochila o la cartera, porque ni siquiera creo llevarla encima. Juraría que no la he traído. Quizá sea simplemente un mentiroso que necesitaba hacer el último trayecto acompañado. ¿O quizá estará siendo buscado por las autoridades y se ha pegado a mí con el fin de pasar desapercibido entre los miles de peregrinos que nos disponemos a llegar en breve a la Catedral? Lo ignoro. Solo sé que estoy demasiado cansado para que me importe. Ni siquiera sabría decir en qué punto del trayecto se pegó a mí como una lapa a una roca. Han sido varios días de caminata, de pequeños pasitos hacia un objetivo final. Y el muy desgraciado aún se atreve a ofrecerme un cigarrillo, cuando yo no he fumado en mi vida. Lo tengo claro: en cuanto lleguemos a la plaza, buscaré a algún agente de policía y le diré que no conozco de nada a este extraño y que me ayuden a que deje de seguirme.

    Él mira al suelo, yo miro al frente. Respiramos de forma entrecortada. Tengo la sensación de haber estado caminando toda la vida. ¿Lo habré estado haciendo? Empieza a bajar la luz del paisaje como si el brillo del mundo se estuviera atenuando lentamente. Anochecerá pronto. Y estamos ya tan cerca… ¿Por qué hago esto? ¿Por mí? ¿Por Fina? ¿Por Fernando o Carlota? No sé ni dónde estoy, ni por dónde camino. No recuerdo haber estado nunca en Santiago, tan cerca del edificio donde descansan los restos del Apostol. A medida que me acerco y veo la fachada imponente, bella, preciosa, se me saltan las lágrimas. Qué ilusión me hace. Lo he conseguido. A mis 74 años nadie pensaba que lo conseguiría. Todos intentaron convencerme de la locura que sería ir caminando hasta Santiago a mis años y en mi estado. ¿Pero de qué estado me hablan? Si todavía soy un chaval recién salido de la facultad. Llevo toda la vida jugando al baloncesto y haciendo remo. Corro dos días por semana y he participado en el maratón de… de… ¿cómo era ese maratón? ¿Qué es un maratón? ¿Por qué se me ha venido esa palabra ahora a la cabeza? ¿Y se puede saber qué demonios hago yo en Santiago? ¿Cómo demonios habré llegado aquí?

    De repente, me viene un latigazo de cordura y comprensión. Son pocos los momentos que tengo así cada día, así que quiero aprovecharlos al máximo. Antes de que se vaya la luz y la lucidez que ahora mismo me acompaña, me giro hacia Fernando, mi hijo, y con lágrimas en los ojos lo abrazo y lo beso, y le digo lo mucho que lo quiero. Le agradezco que me haya acompañado hasta aquí. Le comento lo orgulloso que he estado de él toda la vida aunque no se lo haya dicho ni demostrado lo suficiente nunca. Que cuide de su hermana Carlota porque es la niña de mis ojos, que ambos han sido el faro y la luz que me ha guiado toda la vida. Y que visite más a mamá, a mi Finita. Que no ha habido ni un solo segundo de mi existencia con ella en el que hubiera querido estar en otro sitio que no fuese a su lado. Le digo que disfruten, que vivan la vida, el presente. Que no se arrepienta de nada. Que sea un hombre íntegro y valeroso. Que no se deje amedrentar por el miedo ni los problemas. Que disfrute todo lo que le queda. Que haga el bien. Y que atesore cada instante de cada día y lo exprima como si fuera el último. Que a mis 74 años he hecho el camino de Santiago unas 25 veces. Y que si algo bueno tiene el alzheimer, es que puedo repetirlo siempre con la emoción de la primera vez.

    No sé cómo habré llegado hasta aquí. Supongo que llevo caminando toda mi vida.

    Me encantó. Gracias. Felicitaciones.

    Francisco Lopez
    Participante

    3 junio, 2022 a las 4:56 pm #51968

    Muchas gracias. Muy amable 😊

    juan tenorio
    Participante

    12 septiembre, 2022 a las 8:27 pm #53439

    Se ató los botines, miró a sus compañeros, primero al cinco, le miró el pelo, los rasgos, el porte, pasó al ocho, luego al tres. Todos sonreían, seguros del triunfo. Miró la pared, pegado con cinta, estaba una estampa de cristo crucificado. www.dollar-to-euro.es Se fijó en la cinta, era de papel, no quería centrarse en el cristo. Al final lo miró. Respiró hondo, a medida que sacaba el aire pedía. Te pido que me ayudés Quiero ser normal. Te prometo, hacer un hospital donde me lo pidas quiero ser normal. Jugar como todos ellos. Empezó a caminar hacia el túnel, miraba todo, sus compañeros, ayudantes, técnicos. Todo iba bien, ya casi lo tenía se que, podía controlarlo. Los pasos retumbaban y el grito de la gente aumentaba.algo lo frenaba, se obligo a mantener la calma. Miró las puntas de sus botines, ya no podía volver atrás, apareció la escalera, llegó al centro de la cancha, no quería levantar la cabeza.

    juan tenorio
    Participante

    15 septiembre, 2022 a las 5:03 pm #53466

    Una moneda meme es una criptomoneda que se originó a partir de un meme de Internet o tiene alguna otra característica humorística. Aparecieron como una broma, pero ahora su capitalización asciende a miles de millones de euros, por eso es momento de pararse y explicar qué son estas criptos y para qué valen.
    https://www.dolar-a-euro.es

    15 septiembre, 2022 a las 10:19 pm #53471

    La felicidad es triste de cojones

     

    Miriam siempre repetía lo de la triste felicidad. Sola por los parques, las plazas, las ciudades. Se iba con el coche del padre y nos llamaba desde una cabina en un pueblo de no sé dónde. Siempre un pueblo. Los pueblos.

    Miriam tenía tanto de Pizarnik que se mató para no tener nada que ver con ella. Pero…

    Amé a Miriam tanto como puedo amar a una mujer. A un hombre. Si amo es para que duela. No puedo amar para que la felicidad se acomode y todo lo  obtenga gratis la muy puta.

    Miriam decía que tenía tanta felicidad retorcida que los cálculos renales del padre cuando este se encorvaba y se retorcía la partían de risa y escuchaba a la madre gritarle que saliera de casa y que no volviera jamás. Pero jamás.

    Miriam podía haberse convertido en la señora de Manderley con solo quererlo.

    Recuerdo muy bien al rico de Santa Cruz que la cortejó y la violó y luego le dio un fajo de billetes y prometió que así sería siempre. Lo del fajo de billetes, pero que no podía ser lo de ellos. Y Miriam le escupió a la cara y recibió una paliza en el ático.

    Subí con Miriam y me encargué a mis veinticuatro años de medio matar a un tío de casi cuarenta. ¿No lo maté? Pero si le pisé la cabeza con mi cuarenta y cuatro y le mordí la boca y gritaba dame un martillo, un martillo.

    Y Miriam con el tipo pidiendo perdón y sangrando lloró como una Magdalena porque quería quitarse de en medio. Igual que yo.

    Bajamos, salimos a la calle y caminamos hasta llegar a Las Teresitas. Las tres o las cuatro de la mañana. Me quité la ropa y me pegué el baño. La esperé en el agua. Desnuda y blanca. Follamos. La espuma y los ojos entornados de Miriam.

    “¿Y si nado hasta el final de todo y tú me acompañas y llegamos, te digo, hasta el final de todo y entramos por la casa de Alejandra y entonces hacemos lo que tenemos que hacer, los tres? ¿Eh?”.

    “Sí. No quiero más esta triste felicidad. No quiero reírme cuando mi padre sufre ni cuando mi madre ya ha parido y se vuelve loca con los nombres para el chiquillo y no quiero volver al cine, a las clases de teatro, al Versalles, y no quiero entrar en las librerías para robar libros. Sí, quiero ir.”

    Miriam se quitó la vida tirándose del puente Zurita. La recogieron y la llevaron al sitio de siempre y los padres la lloraron y los amigos la lloraron y los familiares la lloraron y en la misa no cabía un alfiler y la enterraron en Santa Lastenia y yo entre la gente muy cerca de Fabiola que me besaba y me agarraba una mano y la hacía suya, y me hizo suyo.

    “Qué triste”, dijo Fabiola.

    “La felicidad es triste de cojones, sí”, respondí.

     

    Byrd Franklin
    Participante

    10 noviembre, 2022 a las 10:38 am #54011

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