• Jose Luis de Juan
    Participante

    3 octubre, 2021 a las 5:54 pm #47944

    En este enlace de mi blog, podéis leer mi relato de Historias de la Historia "Un 23 F de 1981" de los muchos 23 F que tenemos en España en ese día

    3 octubre, 2021 a las 11:33 pm #48044

    Aquí mi segundo texto para el concurso #HistoriasdelaHistoria:  https://jarios18.blogspot.com/2021/10/reunion-en-el-puerto.html

     

    Jorge Armando Ríos (jriostrevino@gmail.com)

    Jose Luis de Juan
    Participante

    12 octubre, 2021 a las 9:12 pm #48141

    Un 23 de febrero de 1981

    Cuando salí de casa eran las 5:30 de la mañana  de una noche fría y solitaria, me di cuenta que no había desayunado cuando ya me encontraba arrancando mi coche para acudir a atender unas emergencias. Sentí un ligero escalofrío por falta de calefacción con el coche aún frio y soltando los primeros vapores de una combustión forzada y contaminante, pero no podía perder tiempo pues tenía que hacer presencia en varios lugares de trabajo debido a que me habían comunicado telefónicamente de atentados sobre la red eléctrica de una zona del suroeste de la comunidad de Madrid.

    Llevaba programado en mente los trabajos a realizar para resolver los que  “supuestamente” podrían ser una serie de atentados de ETA sobre instalaciones de le red eléctrica que abastecía de energía a la zona mencionada. Como consecuencia de los posibles efectos secundarios podrían dejar a un cuarto de la comunidad de Madrid, ya no solo sin energía eléctrica que abastecieran Hospitales, fábricas y establecimientos comerciales y hogares sino, sin agua potable a todos ellos.

    Los puntos estratégicos que presuntamente habían elegido estaban identificados:

    Uno, en una maniobra de la red de media tensión de 15.000 voltios, del término municipal de una pequeña población denominada Aldea del Fresón, antigua vía pecuaria, cuyo enlace con la red de producción eléctrica  procedía de una central térmica de la Provincia de Toledo.

    Dos, una instalación de maniobras eléctricas en el interior de un edificio, del término municipal de San Martin de Valdepielagos, que recibía energía eléctrica de centrales hidráulicas en el rio Alberche, provincias de Ávila y  comunidad de Madrid.

    Tres, una subestación eléctrica que alimentaba a las bombas de elevación de agua potable desde la presa Las Picadas  término municipal de las Navas del Regente, y abastecía casi el 80% de las necesidades de agua a la comunidad de Madrid.

    En esos tres puntos se había recibido unos avisos que presuponían la existencia de bombas de relojería supuestamente colocadas por la acción terrorista de ETA, aprovechando la posible falta de poder político e institucional debido a la reciente dimisión, en enero de 1981, del ahora expresidente D. Adolfo Suarez y que en el día de hoy tendría ligar su relevo por D. Leopoldo Calvo Sotelo, y que se celebraría sobre las seis de la tarde.

    Junto con  las brigadas de trabajadores de la compañía eléctrica y con dotaciones de la Guardia Civil, inspeccionar las referidas instalaciones una vez comprobado que las mismas podían ser seguras de cualquier instalación de explosivos colocados por terceras personas.

    Tuve el encuentro ya concertado telefónicamente, con el comandante en puesto de la Guardia Civil D. James Portazgo, quien a su vez me informó de otro supuesto artefacto explosivo sobre la que fue la casa natal del expresidente D. Adolfo Suarez la provincia de Ávila, en Cebreros, pues se rumoreaba la posibilidad de secuestro del expresidente, habida cuenta de los últimos acontecimientos de inestabilidad del Gobierno Español.

    Con las brigadas de personal profesional destinado por la compañía eléctrica Electro S.A., inspeccionamos cada elemento de maniobra y protección correspondientes, que solo este personal y yo conocíamos al detalle tanto su ubicación como los elementos instalados.

    Nada de lo inspeccionado hizo pensar o deducir que cualquiera de las tres instalaciones pudieran ser objeto de sabotaje terrorista, no obstante sí que se encontraron símbolos pertenecientes a ETA, la Triple A y al GRAPO en las puertas de acceso de los mismos, sin mayor trascendencia en consideración de un posible artilugio destructor que fue corroborado por el equipo que acompañaba el Comandante en Puesto de la Guardia Civil y que pertenecía a una brigada de Desactivación de explosivos así como una persona perteneciente a un ente similar del Ejército Español.

    Hacia las cinco de la tarde nos despedimos de los agentes de la Guardia Civil y el acompañante del Ejército.

    Eran las seis y treintaicinco de la tarde terminados los informes ya redactados, me dispuse a volver a mi lugar de origen de trabajo por un largo y sinuoso recorrido por carreteras que aunque no eran de excesivo tráfico, sí que se notaba una menor concurrencia y hasta cierta falta de tráfico, pero que en ese momento no pude sospechar el motivo ni sacar conclusiones de si había algún motivo excepcional.

    Dado que no había tenido tiempo de comer por lo ajetreado de las localizaciones e inspecciones coordinadas con la Guardia Civil, decidí parar a comer algo en la localidad denominada Villamandila, en el restaurante que de manera casi habitual solía para a comer algunas veces y aunque ya era tarde, sería posible que un bocadillo o un par de huevos fritos con chorizo, podría compensar mi abstinencia alimentaria.

    El restaurante se llamaba casa Celino y tena por costumbre asar el mejor cabrito de la zona acompañado de la mayor conversación llena de chascarrillos y jocosidad tabernaria. Además tenis la particularidad de servir la bandeja con el cabrito asado y el dedo pulgar dentro para aumento del exquisito sabor de la salsa del horneado. Pero en aquel momento, solo había un alma, la de Celino escuchando su transistor encima del mostrador y él con la oreja puesta encima.

    Ni siquiera se percató Celino, de mi presencia en el habitáculo hostelero y tuve que llamarle varias veces para que me prestara atención. Una de las veces en las que no me pedía que me callara diciendo “shh, shh, shh”,  yo le pregunté: ¿se puede saber qué te pasa?, a lo que me respondió Celino si levantar la cabeza de al lado del transistor, “pues que han entrado a robar en el Parlamento a punta de pistola” y siguió con la escucha. Me fui si decir ni pio, entre enfadado y sorprendido por la falta de atención y el poco tráfico en carretera. Una vez en mi  casa cuando mi mujer me intentaba explicar lo que estaba sucediendo, no pude dar crédito hasta horas después, de cuanto en ese día se me había puesto al alcance de mi conocimiento.

Debes estar registrado para responder a este debate.