• alex Fernández
    Participante

    25 septiembre, 2022 a las 11:25 pm ver respuesta

    Zenda el 15 de septiembre, 2022 a las 10:25

    Escribe sobre Javier Marías. Escribe un artículo sobre el escritor, una reseña de un libro suyo, un relato o un ensayo donde aparezca, y participa en el nuevo concurso de Zenda. Puedes concursar desde hoy hasta el día 25 de este mes. El concurso está dotado con 2.000 euros y patrocinado por Iberdrola.

    Nuestro jurado, formado por los escritores Juan Eslava Galán, Juan Gómez-Jurado, Espido Freire, Paula Izquierdo y la agente literaria Palmira Márquez, elegirá un ganador y dos finalistas.

    El primer premio está dotado con con 2.000 € en premios. El autor del mejor texto ganará un premio de 1.000 euros. Y los de los dos relatos finalistas recibirán 500 euros cada uno.

    A continuación te explicamos cómo participar:

    1. El objetivo de la presente promoción es promover la escritura y ofrecer a los usuarios la posibilidad de ganar un premio en metálico.

    2. La promoción se lleva a cabo en internet y pueden participar escritores aficionados y profesionales, así como blogueros y usuarios de redes sociales, de cualquier parte del mundo.

    3. Después, si aún no estás dado de alta debes registrarte en este foro de Zenda y escribir una respuesta al final de esta misma entrada. En la respuesta, incluye la dirección donde has publicado el texto. No es necesario publicar aquí el texto completo, basta con la URL (la dirección web).

    4. Duración de la promoción: Del jueves 15 de septiembre de 2022 a las 12:00, al domingo 25 de septiembre de 2022 a las 23:59. El miércoles 28 de septiembre de 2022 publicaremos en Zenda una selección con los 10 textos que optan a los premios. El viernes 30 de septiembre de 2022 se difundirán los nombres del ganador del primer premio de 1.000 euros y de los ganadores de los segundos premios de 500 euros.

    Y podrás divulgarlo con la etiqueta #JavierMarías en las redes sociales.

    En este enlace puedes consultar las bases del concurso.

    ¡Participa y escribe tu historia!

    Mi pequeña (a pesar de su extensión) a esta magnífica iniciativa. Gracias por ella a sus promotores y a todos los participantes.

    (también está disponible en mi perfil de facebook:https://www.facebook.com/alex.fernandezsolanas

    La Verdad os hará lectores (reseña de una conferencia de Javier Marías)

    ¿Por qué escribimos y leemos ficciones? Esa es la atractiva pregunta que daba título a la conferencia que ofreció Javier Marías en una pequeña localidad vecina a Barcelona una lluviosa tarde del mes de febrero del año 2018, si mal no recuerdo. Tuve noticia de la misma a última hora de la noche anterior en medio de todo el “griterío” de Twitter y, no pudiendo comprobar la veracidad de lo leído, me dormí con la incertidumbre de si finalmente iba a poder oír disertar sobre literatura a mi escritor favorito de cuantos escriben en lengua castellana en la actualidad. Así pues, la tarde siguiente me acerqué al pequeño centro cultural donde debía tener lugar el evento, todavía con la inquietud de si había leído correctamente o no la información relativa al evento (no podía creer que el acontecimiento no hubiese tenido más difusión) o de que me resultase imposible acceder al mismo, por falta de aforo. Afortunadamente, mi escepticismo resultó injustificado y seguro que una sonrisa surgió en mi cara cuando, al alcanzar la pequeña plaza donde se encuentra el local donde debía celebrarse la charla, las únicas personas que distinguí fueron el ilustre escritor y una mujer que parecía acompañarle conversando con otro hombre, cobijados todos ellos de la fina lluvia bajo dos paraguas. No me considero una persona dada a la mitomanía, pero aún recuerdo bien el júbilo que experimenté en ese momento: por un lado, ya tenía la certeza de que se iba a celebrar la conferencia y para colmo, como descubrí poco después, ésta iba a tener lugar en una pequeña sala donde, como en seguida me apresuré a calcular, a lo sumo íbamos a caber unas treinta o cuarenta personas. ¡No podía creer que hubiese tenido tanta suerte!

    Pocos minutos después de la hora prevista, se inició el acto tras una presentación un tanto atropellada y trufada de imprecisiones y errores que sólo cabe perdonar atendiendo a la edad avanzada de quién la realizó y a la emoción que, resultaba evidente, le embargaba. Paso sin más dilación a tratar de transcribir la conferencia, o por lo menos dejar constancia de las ideas mayores, que el autor, fue exponiendo de forma pulcra, precisa y cautivadora durante la siguiente hora u hora y media (no sabría precisarlo con exactitud, tal fue la atención que supo despertar en su escaso, pero fascinado desde el inicio, auditorio).

    Como se desprende del título, el propósito de la charla era tratar de entender y explicar —imposible lo segundo sin lo primero— por qué nos gusta tanto leer (y en el caso del conferenciante, escribir) ficciones. Como bien puntualizó el afamado escritor al poco de iniciar la charla, es evidente que no puede argumentarse un sólo motivo. Sin duda, son muchos los que explican un fenómeno tan universal como antiguo. La mayoría nos pueden venir a la cabeza con facilidad y han sido argumentados vastamente: la posibilidad concedida de evadirnos de lo cotidiano; la necesidad satisfecha de descubrir nuevos mundos o revivir épocas pasadas; intentar comprender o anticipar, a través de vidas ajenas e inventadas, aquello que nos sucede o nos pueda devenir... Todas ellas son motivaciones evidentes para la lectura y, por consiguiente, también para la escritura. Por poco que reflexionemos al respecto, nos daremos cuenta de cómo, continuamente, estamos realizando ese ejercicio, ya sea el de escuchar o el de narrar: ¿qué es lo que solemos hacer nada más llegar a casa o a la oficina? La mayoría de las veces, explicar alguna anécdota o escena que nos haya resultado llamativa y que pensamos que puede interesar a nuestra pareja o a nuestros compañeros de trabajo. Ahora bien, volviendo al tema de la charla, ¿acaso lo que escuchamos o explicamos constituye una ficción? Si nos lo preguntasen o nos lo planteásemos, responderíamos con rotundidad (casi indignados, tal vez) que no; que todo sucedió tal y como lo hemos narrado y que no ha lugar la duda pues ya hemos precisado que fuimos testigos de lo sucedido. Sin duda, es natural que esa sea nuestra primera reacción, pero si reflexionamos sobre ello con detenimiento, tal vez nos demos cuenta de que cierto escepticismo ante lo contado es comprensible. Esa escena, por ejemplo, que hemos presenciado en el metro en la que un matrimonio de mediana edad se enzarzaba en una discusión cada vez más acalorada y que ha finalizado cuando al llegar a la estación, la mujer ha aprovechado para propinar una sonora bofetada a su conyugue y descender apresuradamente del vagón, ¿realmente ha sucedido tal y como la hemos narrado? ¿Qué nos ha hecho presuponer que se trataba de un matrimonio? ¿Podemos estar seguros que nuestro relato coincide con el que le habrá contado a su pareja aquella chica que también estaba en el vagón y con la que justo, después de presenciar la escena, hemos intercambiado una mirada mezcla de incredulidad e hilaridad? ¿No cabe esperar que, atendiendo a que ella ha presenciado la escena desde el otro extremo del vagón y que ya se encontraba ahí con anterioridad a nuestra llegada, su narración de todo lo acontecido difiera notablemente de la que nosotros hemos realizado?

    Seguramente, todos somos conscientes en mayor o menor medida de estas limitaciones intrínsecas a nuestros relatos orales. Cabe pues preguntarse qué sucede cuando consideramos géneros ya claramente literarios; en particular, aquellos que, supuestamente, más fieles o respetuosos deberían mostrarse con la Realidad o la Verdad. Tomemos por ejemplo aquellos elaborados por los historiadores. Si el autor es respetuoso con su profesión, habrá realizado su trabajo con rigor, paciencia, buena fe e, incluso, en los casos más afortunados, habrá contado con los medios necesarios para realizar sus investigaciones y pesquisas de forma exhaustiva. Es de suponer con todo ello, que el resultado obtenido sea fiel a lo sucedido, ya sea hace diez años o diez siglos. Pero, ¿quién nos asegura que en cualquier momento, otro investigador igual de escrupuloso, no realice un nuevo hallazgo o descubra una carta o documento inéditos que vengan a matizar, cuestionar o directamente desmentir la tesis expuesta por el primero?

    Habrá quien objete que, aceptada esta limitación o condicionante del trabajo del historiador, es en la autobiografía o en las memorias donde no sería esperable ni tolerable el error, la tergiversación o la falsedad (dando de nuevo, la buena fe del autor por supuesta). Sin embargo, también en este caso, quien ya fue considerado en 1971 como gran promesa de la literatura española cuando publicó su primera novela con tan solo diecinueve años, se encargó de hacernos reflexionar al respecto y sumirnos en la duda. En efecto, ¿cuánto de lo que pensamos y damos por cierto acerca de nuestra existencia no está también expuesto a la incertidumbre? Por citar algunos de los argumentos que esgrimió, recuerdo la reflexión que realizó acerca del sentido de cuestionarnos si, contrariamente a lo que solemos hacer —construir el relato de nuestra vida a partir de la enumeración de aquello que hemos hecho, de nuestros modestos logros—, no deberíamos considerar la posibilidad de que tal vez, nos definan mejor nuestras renuncias, aquello no realizado (ya sea por incapacidad, desidia o temor). Por otro lado, la objetividad de nuestro relato aún se ve más comprometida en cuanto incluimos en él otras generaciones; ya sean aquellas que nos precedieron o aquellas que nos sucederán. Tomemos por ejemplo, el caso de nuestros padres. De manera más intuitiva que documentada o razonada, todos vamos elaborando desde la primera infancia, un relato acerca de su vida. Un relato que va impregnando y por tanto condicionando, nuestro pensamiento y con él, la imagen que de ellos nos vamos formando. Raramente someteremos todo ello a cuestionamiento; en especial, aquello que concierne a su pasado, precisamente aquello que nosotros no hemos presenciado pero que, en no pocos casos, tal vez sea lo que mejor les defina o haya determinado en mayor medida sus existencias. Sólo en aquellos casos en que se produce algún acontecimiento imprevisto o alguna inesperada revelación nos es dada, se verá sometido a revisión lo supuestamente sabido. Hasta entonces, todo lo ignoramos. Los amoríos que vivieron antes de contraer matrimonio, los desdenes o rechazos que sufrieron en aquellos años y en qué medida, estos modularon o condicionaron la relación que luego se estableció entre esos dos extraños que acabarían convirtiéndose en nuestros progenitores. Y así, en la mayoría de los casos, desconocemos cuáles fueron las motivaciones más íntimas que llevaron a nuestros padres a contraer matrimonio y, más tarde, a tomar la decisión (si es que decisión fue tomada) de engendrarnos.

    Alcanzado este punto en su argumentación, por primera y única vez, el ilustre escritor procedió a leer una pequeña cuartilla extraída de un bolsillo de su americana. Hasta entonces, había ido exponiendo su razonamiento con una fluidez admirable y carente del menor titubeo o divagación (por no hacer mención a la riqueza y precisión de su vocabulario) por lo que, si ahora recurría a la lectura de un texto escrito, sospecho que lo hizo no tanto por temor a no recordar la cita con exactitud como por voluntad de hacer evidente su respeto tanto a las líneas que iba a leer como a su autor. Se trataba del inicio de la novela David Copperfield de Charles Dickens y que dice así: Para dar comienzo a mi historia desde el principio, diré que nací (según me han dicho y yo lo creo) un viernes a las doce en punto de la noche. Y, cosa curiosa, el reloj empezó a sonar y yo a gritar simultáneamente. Ese paréntesis, ese “según me han dicho y yo lo creo”, viene a ilustrar todo lo argumentado anteriormente: casi nada de lo que damos por cierto, ni siquiera aquello relativo a nuestra existencia —ni tan solo aquello concerniente a nuestro nacimiento— está libre de duda. Siempre nos es exigido un cierto grado de fe, un “y yo lo creo”. Todo está, por tanto, sometido a continua revisión, a un desmentido cuando no, directamente a una refutación. Con ello, nuestras certidumbres y también nuestra fe, nuestra buena fe, se ven, inevitable y permanentemente, expuestas a la posibilidad de verse quebradas.

    Existe sin embargo, un reducto en que el reposo es posible. Un lugar (una actividad más bien) en el que, el “yo lo creo”, no sólo resulta imprescindible, sino que, además, no entraña riesgo alguno y es fuente de liberación. Ese territorio, ese oasis, lo constituye la lectura de una ficción. En efecto, en el mismo momento en que toma el libro entre sus manos y lee la primera página, el lector establece un pacto tácito, pero casi sagrado, con el escritor: “todo lo que has escrito lo doy por cierto; te eximo de cuestionamiento hasta que finalice el libro”. No se puede entender la lectura de un texto de ficción sin este pacto. Así, aunque pueda parecer paradójico, durante el tiempo que ésta se prolongue (y sólo durante ese breve periodo de tiempo) quedan en suspensión la incertidumbre, la sospecha y la alerta: si queremos tener alguna posibilidad de alcanzar el goce literario, esa concesión es imprescindible. Tal vez el género en que ello resulta especialmente evidente es el de la Ciencia Ficción. Sólo el lector capaz de renunciar a sus certidumbres, a sus prejuicios y de conceder al escritor este paréntesis libre de dudas y cuestionamientos, podrá llegar a disfrutar del texto propuesto (en la medida, claro está, que su valor literario así lo merezca).

    Este último punto, el relativo a la ciencia ficción, fue el único que en verdad no fue tratado en la charla. Una charla que disfruté con un goce que espero haber sabido transmitir en estas líneas. Por lo demás, habiendo precisado que este texto no entra en el terreno de la ficción, al llegar al final de mi exposición y siendo consecuente con la lógica expuesta en ella, debo asumir que probablemente existan tantas interpretaciones de la conferencia como asistentes a la misma hubo y que, de haberse puesto a ello, seguro que muchos de ellos habrían sabido transcribir lo escuchado de forma más fidedigna, interesante y amena que un servidor. En consecuencia, no me queda sino apelar a la benevolencia del amable y paciente lector y mostrarle mi gratitud.

     

    PS: En el coloquio posterior —que bien podía haber durado otras dos horas a tenor de la paciencia y buena predisposición de las que hizo gala el escritor— uno de los asistentes planteó la siguiente cuestión: “Si lo he entendido bien, ¿sólo en la ficción existe un reducto de Verdad y en ello radica fundamentalmente su atractivo? ¿Podemos decir, entonces, que el ser humano ama, necesita y busca la Verdad?” Tuve la impresión de que ese fue el único instante en que el conferenciante se sintió interpelado en tanto que polémico articulista. Esbozando una sonrisa más lacónica que sardónica, contestó: “¿Usted cree? Yo tenía esa certeza hasta hace cosa de unos cinco años pero, a tenor de lo que veo cada vez con más frecuencia a mi alrededor, mi impresión es que por primera vez en la historia, eso ha cambiado y ya no es así”.

     

    Nota Final: Este texto, es una pequeña variación del que, con el seudónimo de Jandrus, publiqué en el número 10 de la revista literaria digital Placer que publica de forma, más o menos semestral, la asociación literaria La Mordida Literaria. A pesar de superar de la extensión admitida y de haber sido “publicado”, no he podido resistirme a la tentación de presentarlo a la propuesta efectuada por Zenda de recopilar los textos que los lectores de Javier Marías podamos haber realizado por si lo consideran de interés. Habiendo sabido de su convocatoria pocas horas antes de que finalice el plazo de entrega, me ha sido imposible adaptarlo al formato requerido. Así, agradezco a los miembros del jurado –y a cualquier otro eventual lector— su lectura si tienen a bien realizarla y aún en caso contrario, quisiera aprovechar la ocasión para mostrarles también mi agradecimiento por toda la labor que vienen realizando.

     

    Reciban un cordial saludo,

     

    Alejandro Fernández Solanas

    alex Fernández
    Participante

    17 abril, 2019 a las 7:39 pm ver respuesta

    Zenda el 15 de abril, 2019 a las 11:54

    50 libros y 50 rosas

    ¿Cuál es el mejor libro que has leído desde abril de 2018? Responde desde el 15 hasta el 22 de abril escribiendo una respuesta en esta entrada del Foro Iberdrola de Zenda y participarás en el sorteo de 50 libros y 50 rosas. El Día del Libro, el 23 de abril, anunciaremos los ganadores.

    Sorteamos 50 packs compuestos por una rosa y un libro que puedes elegir de la siguiente lista:

    El diamante de Moonfleet, de John Meade Falkner

    Hombres (y algunas mujeres), libro de relatos que celebran el 8 de marzo

    Ahí fuera, de Lorenzo Silva

    Bocetos para la historia, de Augusto Ferrer-Dalmau

    El amante silencioso, de Clara Sánchez

    El arte de la entrevista, de Rosa Montero

    El sueño de la razón, de Berna González Harbour

    La Biblia Negra de Mongolia

    La familia del Prado, de Juan Eslava Galán

    La hija de la española, de Karina Sainz Borgo

    La mejor madre del mundo, de Nuria Labari

    Mamá, de Jorge Fernández Díaz

    Mundo extraño, de José Ovejero

    Música de ópera, de Soledad Puértolas

    No mentirás, de Blas Ruiz Grau

    Oriente, de José Carlos Llop

    Otra Cataluña, de Sergio Vila-Sanjuán

    Pioneras, de Espido Freire

    Reina Roja, de Juan Gómez-Jurado

    Teoría general de la basura, de Agustín Fernández Mallo

    Tiempos de esperanza, de Emilio Lara

    Tres maneras de inducir un coma, de Alba Carballal

    Una historia de España, de Arturo Pérez-Reverte

     

    A continuación te explicamos cómo participar.

    1) Para poder participar es necesario contarnos cuál es el mejor libro que has leído y difundir dicha anotación en redes sociales (Facebook, Twitter, YouTube e Instagram) mediante el hashtag #50librosy50rosas.

    2) Duración de la promoción: Del lunes 15 de abril a las 12:00, al lunes 22 de abril de 2019 a las 23:59. El martes 23 de abril de 2019 se hará un sorteo ante notario y publicaremos en Zenda la lista con los ganadores..

    3) Después, si aún no estás dado de alta debes registrarte en este foro de Zenda y escribir una respuesta al final de esta misma entrada.

    En este enlace puedes consultar las bases del concurso.

    ¡Participa!

    "Crónica personal" De Joseph Conrad #50librosy50rosas.