• 14 octubre, 2020 a las 10:20 am ver respuesta

    Zenda el 6 de octubre, 2020 a las 10:47

    Escribe una historia rural, ambientada en nuestro tiempo o en cualquier otro tiempo, en el campo, en un pueblo, en la naturaleza, real o ficticia,  y participa en el nuevo concurso de Zenda, patrocinado por Iberdrola y dotado con 2.000 euros en premios. Aquí te explicamos cómo participar en este concurso, con el que queremos rendir homenaje a Miguel Delibes, en su centenario.

    Manda tus historias aquí, en este foro, hasta el 18 de octubre.

    El jurado de este concurso lo forman los escritores Juan Eslava Galán, Juan Gómez-Jurado, Espido Freire, Paula Izquierdo y la agente literaria Palmira Márquez.

    El primer premio está dotado con 1.000 €. El premio para la dos historias finalistas es de 500 € para cada uno.

    A continuación te explicamos cómo participar.

    1) Las historias rurales deberán ser originales e inéditas. La extensión mínima de los textos es de 100 caracteres y la máxima, de 1.000 palabras. Cada concursante podrá participar con un máximo de dos textos.

    2) Debes publicar tu historia en internet, como entrada de un blog, como una anotación en Facebook, en Twitter con un tuit o un hilo, o en Instagram mediante una publicación o una historia destacada.

    3) Después, si aún no estás dado de alta debes registrarte en este foro de Zenda y escribir una respuesta al final de esta misma entrada. En la respuesta, incluye la dirección donde has publicado el texto. No es necesario publicar aquí el texto completo, basta con la URL (la dirección web).

    4) Calendario del concurso: puedes participar del martes 6 de octubre de 2020 al domingo 18 de octubre de 2020 a las 23:59. El miércoles 21 de octubre publicaremos en Zenda una selección con las 10 historias que optan a los premios. El viernes 23 de octubre de 2020 se difundirán los nombres del ganador del primer premio de 1.000 euros y de los ganadores de los segundos premio de 500 euros.

    Y podrás divulgarlo con la etiqueta #historiasrurales en las redes sociales.

    En este enlace puedes consultar las bases del concurso.

    ¡Participa y escribe tu historia!

     

    Buenos días,

    Aquí os dejo mi participación.

     

    Suerte a todos

     

    https://www.instagram.com/p/CGA-Owfl-Dr/?igshid=ajbktv0a9k6w

    6 octubre, 2020 a las 10:32 pm ver respuesta

     

     

     

     

    6 octubre, 2020 a las 10:22 pm ver respuesta

    Buenas noches,

    Quiero participar en el concurso con este relato:

    https://www.instagram.com/p/CGA-Owfl-Dr/?igshid=b5vgkuxenxcm

    OBJETIVO STEPHEN HAWKING

    Fue su sonrisa. Mis mal pensados amigos de la adolescencia aseguraban que fueron sus colosales pechos los que me atrajeron en un principio, pero eso no es cierto. Puede que sus calenturientas mentes juveniles solo repararan en aquellos detalles tan superficiales, pero a mí lo que me cautivó de verdad, fue la dulce expresión de su rostro al sonreír. Sí, definitivamente fue su sonrisa la que me enamoró sin remedio. No exagero si os prometo que supe desde el primer instante que ya no podría escapar nunca a su hechizo.
    Ahora, quince años después, Eva, quiere dejarme. Hace tres meses le diagnosticaron ELA. Sin entrar en los farragosos términos médicos que envuelven la enfermedad, tan solo os diré que su esperanza de vida no es mayor de cuatro años. Bueno, decir esperanza me parece demasiado optimista si hablamos de condenados a muerte. En pocos meses, tal vez semanas, todos sus músculos se atrofiarán, impidiendo que pueda moverse, hablar, o tan siquiera alimentarse.
    Ante tal panorama, es comprensible que haya pensado en evitarme pasar por todo lo que le espera. Entiendo que se trata de un honroso, aunque desesperado acto de amor; pero va a ser que no. Después de tanto tiempo juntos, pienso seguir a su lado cada segundo que la vida me regale. Será duro, de eso no tengo duda, pero el mismísimo infierno se posaría en mi alma si le abandonara a su suerte en una situación tan dramática como la que nos ocupaba.
    El mes pasado abandoné mi trabajo como abogado en uno de los bufetes más importantes de Barcelona para dedicarme por completo a su cuidado. Ella no me lo ha pedido, pero sabía que le gustaría pasar sus últimos días de vida en su tierra. Con anterioridad a la fulminante aparición de su enfermedad, ya habíamos sondeado la posibilidad de, en un futuro lejano, retirarnos del mundano ruido metropolitano para trasladarnos a su plácido y colorido pueblo. La idea original era mucho más romántica que la que nos veíamos forzados a improvisar, pero, aun así, sé que mi iniciativa le había conmovido profundamente.
    Tras la muerte de sus padres, Eva heredó la coqueta residencia familiar situada en las afueras de la población. Se trataba de una casa antigua, desprovista de las comodidades superfluas a los que acostumbrábamos en nuestro ático del centro de la ciudad.
    Pienso que lo que más le atraía de regresar al hogar de su niñez era volver a vivirlo toda una vez más. Como si fuera la primera, pero sabiendo que sería la última. En concreto, sé que volver a embriagarse del inimitable olor del huerto de naranjos que se encontraba junto a la casa, le resultaba prioridad absoluta.
    Llevamos aquí solo una semana y he de asegurar que pocas veces la había visto tan feliz. Regresar a sus raíces le había almibarado el carácter hasta límites empalagosos. Amaba los matutinos y largos paseos flanqueados por árboles frutales. Tenía la sensación de que andaba y andaba hasta la extenuación con la firme certeza de que ninguna enfermedad, por muy cruel que ésta fuera, podría arrebatarle esas caminatas ya caducadas.
    Estamos adaptando la casa para cuando la enfermedad progrese. Ha sido curioso comprobar como acciones tan poco agradables como elegir una silla de ruedas, las podía convertir en actos ilusionantes.
    Anoche, mientras Eva dormía, me puse a ver un documental en You tube: STEPHEN HAWKING EL INMORTAL. Obviamente, trataba de la insólita relación del físico teórico y su resistencia a la ELA. Le diagnosticaron la misma enfermedad que a mi amada esposa a la temprana edad de 21 años. Como al resto de afectados por la letal patología no le dieron más de cuatro años de vida, pero contra todo pronóstico, el resistió hasta los setenta y seis. En el reportaje mostraban como Hawking procuraba adelantarse a los acontecimientos con actos preventivos, los cuales nadie pudo demostrar que sirvieran finalmente para prolongar su vida. Nadie sabe a ciencia cierta si sus cuidados y terapias sirvieron para mantenerle con vida tanto tiempo, pero por si acaso apunté todo lo que él hizo: fisioterapia pasiva para el pecho, dieta rica en vitaminas y minerales, fuera aceites vegetales
    Estaba decidido, ¡Eva iba a ser Stephen Hawking! Entre los dos lograríamos anticiparnos a cada paso de la enfermedad. La muerte tendría que andar hábil si quería alcanzar a mi amada. Haríamos que los médicos volviesen a equivocarse, como con Stephen. Romperíamos todas las estadísticas. Seríamos un caso a estudiar por futuras generaciones. Si Stephen pudo, nosotros también.
    En plena celebración de esperanza renovada, se me ocurrió la infundada teoría de que el brillante físico había vivido tantos años con esclerosis lateral amiotrófica porque tenía que acabar su obra. Su plan de vida no podía concluir de manera anticipada. No me importó demasiado si mi teoría era descabellada o pudiera tener lógica, por si acaso, buscaría de manera express un propósito profundo que sustentara la vida de Eva. De ese modo, ni el mismo destino se atrevería a arrebatármela. No pegué ojo en toda la noche. Estuve tentado por despertarla a cada instante, para proponerle cada estúpida propuesta que se me pasaba por la cabeza, pero no me atreví a interrumpirla. Hacía mucho tiempo no la observaba descansar tan plácidamente.

    Aquella noche mi estrella partió hacia el cielo. No hubo tiempo para más. El doctor certificó su muerte sin hallar ninguna explicación médica razonable a su apresurada marcha. Simplemente había dejado de respirar: muerte natural. Eva quería abandonar este mundo antes de tiempo para evitarnos los meses más duros de la enfermedad. Quiero pensar que se marchó de manera voluntaria, sin hacer ruido, manteniendo así su recuerdo vital intacto en mi memoria. Cumpliré su última voluntad y enterraré sus cenizas en su paraíso particular. Así quedará para siempre su esencia más pura, unida a aquel perfume frutal, que a ella tanto la cautivaba. Desde hoy, este maravilloso paisaje es mucho más hermoso.
    Sé que fue su sonrisa; no hay duda.