• Carlos Garzón Guinea
    Participante

    7 enero, 2022 a las 11:32 pm ver respuesta

    Zenda el 15 de diciembre, 2021 a las 12:49

    En estas Navidades, escribe. Cuenta un cuento, ambientado en las Navidades, y participa en nuestro nuevo concurso #cuentosdeNavidad. El autor del mejor relato ganará un premio de 1.000 euros. Y los autores de los dos cuentos finalistas recibirán 500 euros cada uno. Aquí puedes leer las bases de este concurso organizado por Zenda, con el patrocinio de Iberdrola. Y recuerda que puedes participar, desde hoy, 15 de diciembre de 2021, hasta el viernes 7 de enero de 2022. Debes apuntarte al concurso en nuestro foro.

    Bases del concurso de cuentos de Navidad organizado por Zenda e Iberdrola

    La entidad Ruritania Editores S.L. (en adelante “Ruritania”), sociedad válidamente constituida y con domicilio social en Alicante (C/ Periodista Tirso Marín, 16, local 2A 03540), con NIF número B87529103 y correo electrónico contacto@zendalibros.com, titular del dominio web https://www.zendalibros.com (en adelante “Zenda”), en colaboración con Iberdrola, S.A. mercantil con CIF A-48010615 y domicilio social en plaza Euskadi 5, 48009 – Bilbao (Bizkaia), han creado esta promoción de carácter gratuito que se desarrollará de acuerdo con lo previsto en las presentes bases.

    1. El objetivo de la presente promoción es promover la escritura y ofrecer a los usuarios la posibilidad de ganar un premio en metálico..

    2. La promoción se lleva a cabo en internet y pueden participar escritores aficionados y profesionales, así como blogueros y usuarios de redes sociales, de cualquier parte del mundo.

    3. Duración de la promoción: Del miércoles 15 de diciembre de 2021 a las 12:00, al viernes 7 de enero de 2022 a las 23:59. El miércoles 12 de enero de 2022 publicaremos en Zenda una selección con los 10 cuentos que optan a los premios. El viernes 14 de enero de 2022 se difundirán los nombres del ganador del primer premio de 1.000 euros y de los ganadores de los segundos premio de 500 euros.

    CÓMO PARTICIPAR

    Para poder participar en el concurso será necesario escribir en Internet un cuento, real o ficticio, ambientado en las navidades. Dicho relato debe ser publicada en internet mediante una entrada en un blog, en Facebook con una anotación, en Twitter con un tuit o un hilo, o en Instagram mediante una publicación o una historia destacada. Además, podrán difundir el texto en las redes sociales mediante el hashtag #cuentosdeNavidad.

    Importante: una vez los usuarios hayan publicado el cuento en sus blogs, cuentas de Facebook, de Twitter o de Instagram, tendrán que inscribirse en el Foro de Zenda en el apartado https://foro.zendalibros.com. Y si todavía no se han dado de alta en el Foro de Zenda, antes tendrán que registrarse en el apartado https://foro.zendalibros.com/registro/.

    Cada concursante podrá participar con dos cuentos como mucho, siempre que cumpla con los requisitos establecidos en estas bases.

    Los cuentos deberán ser originales e inéditos, y no deberán vulnerar en ningún modo derechos de propiedad intelectual e industrial, protección de datos o de cualquier otra índole, de terceros.

    La extensión mínima de los textos es de 100 caracteres. La máxima es de 1.000 palabras.

    De entre los textos publicados en el plazo indicado, un jurado, formado por los escritores Juan Eslava Galán, Juan Gómez-Jurado, Espido Freire, Paula Izquierdo y la agente literaria Palmira Márquez, elegirá un ganador y 2 finalistas. El jurado valorará la calidad literaria y la originalidad de los textos.

    PREMIO

    1. El primer premio está dotado con 1.000 € en metálico. La dotación para los dos ganadores del segundo premio es de 500 € en metálico para cada uno. (2.000 €, en total).

    2. Los premios estarán sujetos a lo dispuesto tanto en la Ley 35/2006, de 28 de noviembre, reguladora del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF), como en el Real Decreto 439/2007, de 30 de marzo, por el que se aprueba el Reglamento del IRPF, de manera que corresponderá a Zenda, como sujeto pasivo que satisface la renta sujeta a retención o ingreso a cuenta, la realización del ingreso a cuenta o la práctica de la retención correspondiente a efectos de dicho impuesto.

    3. Una vez escogidos los textos premiados, Zenda se pondrá en contacto con los ganadores a través de sus perfiles de redes sociales, para informarles de que han sido seleccionados como ganadores y se les solicitará que remitan un formulario con los siguientes datos: Nombre, apellidos, DNI o Pasaporte, dirección de correo electrónico, dirección postal y número de cuenta bancaria. En el caso de no poder contactar con alguno de los dos (ganador o finalista) en un plazo de cinco (5) días, el jurado podrá escoger un nuevo texto en ambos casos, y en caso de no contactar con estos segundos en el plazo de cinco (5) días, ese premio quedará desierto.

    4. El premio es personal e intransferible. El premio tendrá que ser recogido por el ganador, o la persona que este designe, identificándose con su DNI, Pasaporte o un documento acreditativo que Zenda considere equivalente.

    ¡Hola @zendalibros! Adjunto debajo mi participación para el VI concurso #Cuentosdenavidad. Descarten la versión anterior que no consigo borrar. Gracias!

    El mimo
    Como cada mañana, José Luis se ha despertado con el sonido de su despertador. No acostumbra a apagarlo inmediatamente, pues la melodía es alegre y le provoca una sensación de felicidad. Apura los últimos 5 minutos de descanso y abre la persiana con un delicado movimiento de dedos. Un cielo plomizo que amenaza lluvia le da los buenos días, pero no consigue borrar su sonrisa. Abre la ventana y una ráfaga de viento frío se cuela en el dormitorio, creando un ambiente fresco que le transporta a los veranos de su infancia en las faldas de Sierra Nevada.

    La música sigue sonando mientras se prepara para sus estiramientos matutinos. Se coloca de pie frente a la ventana y comienza a desentumecer sus músculos. Lleva haciendo los mismos ejercicios durante años y siempre fue muy flexible, por lo que alcanza sin esfuerzo todos los puntos de su cuerpo como un verdadero contorsionista. También realiza algunas muecas para trabajar sus músculos faciales. Su mirada al vacío se cruza con la de algunos de sus vecinos, que parecen asombrados con la plasticidad de sus movimientos. Él les lanza un ágil saludo con la mano y sonríe.

    Se dirige a la cocina y enciende la cafetera. Prepara unas tostadas del pan que le trae cada mañana el repartidor de la panadería frente a su apartamento. En pocos minutos, el olor del pan tostado se mezcla con el aroma del café que le regaló uno de sus mejores amigos a su vuelta de Colombia. Le encantaría visitar ese país. Su amigo le contó que la gente es muy feliz y se ríe mucho. Seguro que le iría muy bien allí.

    Vuelve al dormitorio y se dispone a vestirse. No tiene que pensar mucho: unos calcetines de rayas negras y blancas, con la goma ligeramente pasada, un pantalón negro con tirantes, muy ceñido, que ensalza su esbelta figura, y una camiseta ligeramente amarillenta, que en su día fue de color blanco inmaculado. A pesar de ser muy meticuloso con su vestuario de trabajo, hasta el punto de que sus amigos le dicen que su obsesión por la pulcritud y la apariencia es enfermiza, hoy no usará sus mejores galas. El día está gris y no se notará mucho. Además, los ingresos de las últimas semanas no han sido tan buenos como en navidades anteriores, así que prefiere apurar la ropa un poco más.

    Finaliza su preparación colocándose de pie frente al espejo del cuarto de baño. No ha dormido lo suficiente y su rostro le delata. Parece cansado, sus ojos están inyectados en sangre y las bolsas de sus párpados le añaden una edad que no alcanzará hasta dentro de varios lustros. Abre su maletín de pinturas y elige pinceles y brochas para la ocasión. Cuando hay poca luz necesita realzar la luminosidad de su piel, por lo que el blanco debe ser lo más puro posible para lograr un mayor contraste con el perfilador de ojos. Completa el maquillaje con un pincel, dibujando dos lágrimas gruesas de color negro en sus mejillas. Sabe que las lágrimas suelen estar asociadas a la tristeza, pero él las utiliza para hacer reír a los demás. Antes de salir, coge el desgastado sombrero de copa negro del perchero y se lo coloca sobre la cabeza. Como de costumbre, está a punto de olvidar su mascarilla de tela blanca, decorada con el dibujo de una amplia sonrisa.

    Es lunes, y hace pocos minutos se han apagado las últimas luces. Deja atrás el olor de la última hornada de su panadería favorita y enfila la calle para tomar el metro con dirección Puerta del Sol. Cada parada es un enjambre de miradas de curiosidad, aunque está muy acostumbrado a ser observado.

    Sube las escaleras y encuentra la plaza profusamente decorada con elementos navideños. Coloca su banco de madera de 25 centímetros de altura en el suelo, ligeramente apartado del lugar marcado que usa como referencia, hoy cubierto de hielo. Aún quedan restos de la nevada del pasado viernes, que paralizó la ciudad. A él no le importó mucho, pues la mayor parte del tiempo permanece inmóvil, incluso en días como el de hoy en que la temperatura apenas rebasa los cero grados.

    Grupos de viandantes apresurados salen en tropel cada pocos minutos de la boca de metro cercana, ataviados con abultados abrigos y bufandas. José Luis comienza a hacer gestos con las manos para llamar su atención, aunque ninguno de ellos parece reparar en su presencia. Desde que comenzó la pandemia, la gente no sonríe como antes. No lo puede ver, pues sus bocas están cubiertas por trozos de tela y poliéster, pero lo advierte en sus ojos. Juega a imaginar los rasgos ocultos de sus facciones. Aquella mujer debe tener unos labios carnosos y dientes perfectamente blancos. El niño del gorro de lana rojo tiene la cara traviesa y probablemente le falte algún diente. A ese anciano le cuesta mantener quieta la dentadura postiza por el vaivén de su mascarilla.

    Antes de terminar su jornada, José Luis acostumbra a recordar las caras de las personas a las que ha hecho reír ese día. Le motiva para mejorar en su trabajo y volver a casa contento. Sin embargo, puede contar con los dedos las del último año. Le duelen los huesos, ateridos, y aún más el alma. Intenta no venirse abajo. La situación es muy dura para él; el alquiler es caro, el precio de la comida no para de subir y las pocas monedas que recoge cada día no le alcanzan ni siquiera para renovar su vestuario. Pero sabe que, si él no consigue crear esos instantes de desconexión, nadie lo hará. La población también lo está pasando mal, y él solo puede ofrecer breves momentos de alegría a todos aquellos con los que cruza una mirada.

    Lo que la gente parece olvidar con las mascarillas es que las sonrisas de un mimo, al igual que las de todo el mundo, son infinitas...