• Edward Andara Alvarez
    Participante

    24 junio, 2021 a las 6:47 pm ver respuesta

    Zenda el 8 de junio, 2021 a las 10:43

    Zenda celebra un nuevo concurso en el que ya puedes participar, en este foro. Un concurso de sueños. De sueños deportivos, profesionales o personales, de sueños de gloria, a través de relatos, de narraciones ficticias o reales. Cuenta tus #SueñosdeGloria desde hoy, 8 de junio, el domingo 27 de junio, y participa en este concurso, dotado con 2.000 euros en premios y patrocinado por Iberdrola.

    El jurado de este concurso lo forman los escritores Juan Eslava Galán, Juan Gómez-Jurado, Espido Freire, Paula Izquierdo y la agente literaria Palmira Márquez.

    El primer premio está dotado con 1.000 €. El premio para los dos finalistas es de 500 €.

    A continuación te explicamos cómo participar.

    1) Los textos deberán ser originales e inéditos. La extensión mínima de los textos es de 100 caracteres y la máxima, de 1.000 palabras. Cada concursante podrá participar con un máximo de dos textos.

    2) Debes publicar tu relato en internet, como entrada de un blog, como una anotación en Facebook, en Twitter con un tuit o un hilo, o en Instagram mediante una publicación o una historia destacada.

    3) Después, si aún no estás dado de alta debes registrarte en este foro de Zenda y escribir una respuesta al final de esta misma entrada. En la respuesta, incluye la dirección donde has publicado el texto. No es necesario publicar aquí el texto completo, basta con la URL (la dirección web).

    4) Calendario del concurso: puedes participar desde el martes 8 de junio de 2021, al domingo 27 de junio de 2021 a las 23:59. El miércoles 30 de junio publicaremos en Zenda una selección con los 10 relatos que optan a los premios. El viernes 1 de julio de 2021 se difundirán los nombres del ganador y de los dos finalistas.

    Y podrás divulgarlo con la etiqueta #SueñosdeGloria en las redes sociales.

    En este enlace puedes consultar las bases del concurso.

    ¡Participa y escribe tu relato!

    Hola a todos, mi nombre es Edward Andara y esta es mi colaboración para el concurso de Zenda Sueños de Gloria
    SOLO Y A LAS PUERTAS DE LA GLORIA
    Se lo debíamos al tío Nativo.
    Era el único pensamiento que me asaltaba al entrar a mi viejo barrio. Parece mentira que hayan transcurrido treinta años. Pero aunque el tiempo borra las heridas, aun quedan sus huellas, porque el tío Felipe me regañó un poco apenas al verme, a pesar del sentido abrazo que me dio. Estaba toda la familia que los estragos del tiempo y la migración nos ha dejado. Papá y mamá debían estar acá, porque siempre fueron los mejores amigos de tía Nora y el tío Nativo. Pero papá se fue cuando apenas empezaba yo a caminar y mamá hace cinco años que se la llevó un aneurisma.
    Al pasar por el viejo cuarto de la abuela, me parece que escucho todavía los gritos de la tía, cuando la encerré, el día en que ejecutamos Samir y yo nuestro plan maestro. ¡Clase de locura la nuestra esa vez! ¿Y qué podía hacer yo? Precisamente yo, el pupilo favorito del tío Nativo y de sus muchos sobrinos, el más cercano siempre.
    Salí al patio y bajo la vieja farola, de donde él solía vernos jugar nuestras inacabables partidas callejeras, me senté a dejarme llevar por la melancolía. Me parecía verlo, riéndose a carcajadas con nuestras ocurrencias. Luego se dejaba venir con su inextinguible cigarro en la boca y nos sentábamos con él en la acera, a escuchar las viejas historias de cuando él jugaba beisbol en el liceo Divina Pastora de Carora, mientras desde las tribunas del viejo estadio municipal, veía aquél equipo Cardenales, de la romántica “Liga Torrense”, soñando con uniformarse algún día con la casaca Cardenal; o los cuentos de cuando jugaba con el América en la liga AA de Barquisimeto, o cuando lo firmaron como profesional para jugar con Orientales en Puerto La Cruz y luego pasó a Industriales de Valencia. Incluso una vez, probó suerte jugando en Mexico con el equipo de Puebla.
    Todos lo escuchaban con admiración y respeto, porque, para el barrio, él era como una especie de héroe, no solo por ser el primer jugador profesional que salía de La Compuerta, sino porque en el año sesenta y cinco, su sueño se convirtió en realidad cuando lo traspasaron de Industriales al naciente equipo profesional Cardenales de Lara. Sólo que un accidente de tránsito, evitó que pudiese seguir jugando como profesional, a una semana de comenzar la temporada.
    Volví a entrar en la casona e hice mis reverencias ante el altar, donde ahora también reposaban las cenizas la de tía Nora. Me siento algo culpable y me disculpé ante su retrato, siempre me dio cosa mirarla al rostro después de aquella tarde, aunque ella pasó aquella página rápidamente, por el inmenso cariño que nos tenía.
    Era enero de 1990, Cardenales por primera vez llegaba a un séptimo juego en una final contra el Caracas, yo me moría de las ganas de ir al estadio con el tío, como lo hacíamos de niño, pero eso no sería posible. Debido a un pernicioso cáncer de pulmón que lo minimizaba, le habían prohibido las mortificaciones, emociones fuertes y malos ratos; es decir, le habían prohibido a nuestro Cardenales. Por eso fue que hice lo que hice. ¿Qué podría hacer alguien en mi situación? Durante años, el tío nos había enseñado a tener la fe, la esperanza de que pronto llegaría aquel profético “año del Cardenales”, que no era más que un slogan publicitario del equipo para no perder seguidores gracias a su sequía de más de veinte años en la liga sin obtener un título; sin embargo ese era nuestro credo. Y cuando por primera vez parecía que los Cardenales podrían hacerlo, no, no podíamos abandonarlo solo y a las puertas de la gloria por segunda vez.
    Tras una noche de insomnio, le conté a Samir lo que estaba resuelto a hacer. Pero aunque desde luego, no estuvo de acuerdo, mi hermano nunca me dejó morir solo.
    Aprovechando la siesta vespertina de la tía, encerrada en la fresca habitación otrora de la abuela a “ver la novela”, entramos a hurtadillas y pasamos el cerrojo de su puerta, amparados en su pesado sueño. Entramos a la habitación del tío y lo vestimos en medio de su confusión, lo colocamos en su silla, corrimos hasta la entrada del barrio y tomamos un taxi para llegar al estadio.
    Al darse cuenta de su encierro, mi tía Nora hizo un escándalo y pronto los vecinos llegaron a sacarla. Notaron que el tío no estaba y entraron en pánico, pero alguien avisó que nos habían visto corriendo con el tío y no tardaron en llamar al tío Felipe y salir a interceptarnos. Entre tanto nosotros, tardamos un mundo para conseguir entradas, tres veces más caras y de manos de un revendedor, pero cuando ya estábamos entrando a la banca lateral izquierda, el tío Felipe y la tía Nora llegaron.
    Ese día Cardenales volvió a perder, y no perdimos nosotros mucho de nuestra adolescencia encerrados, por la intervención del mismo tío Nativo. Dos meses después, el tío sucumbió al cáncer y lo cremaron. En su cuarto, la tía Nora había hecho un altar, en el que reposaban sus cenizas.
    Pero se lo debíamos igual, por eso, sin que nadie lo notara, semanas antes de que llegase aquel sexto juego el 29 de enero de 1991, hace treinta años, yo había reemplazado en el ánfora, las suyas por las de un noble roble caído. Se lo debíamos yo, los muchachos de las caimaneras, los Cardenales de sus sueños. Ese día llegamos al estadio sumergido en un torbellino rojo de pasión. Cuando llegó el momento definitivo, Sojo recibiendo el histórico batazo de Azócar, para sentenciar que había llegado “el año del Cardenales”; yo estaba allí, en lo más alto de las tribunas del estadio, para liberar a mi tío, dejándolo danzar en el aire con los gritos y el llanto, los fuegos artificiales y la cerveza, flotando ante el límpido cielo de nuestra noche gloriosa.

    #SueñosdeGloria

    https://www.facebook.com/edward.andaraalvarez/