• 16 octubre, 2020 a las 4:31 pm ver respuesta

    Aquí pongo el link al hilo de twitter: https://twitter.com/Paquita33465972/status/1317087016316817416?s=19

    Muchas gracias y mucha suerte a todos.


    MI PUEBLO, UN DÍA CUALQUIERA

    Viviendo en un pueblo de Córdoba y en el año 1956, mis 3 hermanos y yo no sabíamos lo que era salir de vacaciones. Nuestras vacaciones consistían en seguir en el pueblo y estar jugando todo el día en la calle.

    Yo era la tercera de cuatro hermanos y tenía 5 años.

    Tampoco sabíamos lo que era ver el mar.

    Yo lo supe, cuando cumplí los 23. No lo echaba de menos, ya que no lo conocía.

    Teníamos un río no muy lejos e íbamos de vez en cuando a bañarnos.

    Nuestra madre, que nos obligaba a dormir siesta, ese día salió a la ciudad después de comer y le pidió a la vecina que nos echara un ojo.

    -La verdad es que éramos bastante traviesos.

    Nada más oír la puerta que se cerraba, mi hermano mayor nos dijo, ya podéis levantaros. Él tenía 13 años.

    Era agosto y hacía un sol de justicia, salimos fuera de casa sin hacer ruido, no sea que se enterara la vecina.

    Decidimos acercarnos al río, parándonos por el camino persiguiendo a las lagartijas y todo bicho viviente.

    A mi hermana pequeña de tan solo 3 años, en un momento dado la perdimos de vista y desapareció. Estuvimos buscándola sin parar.

    No muy lejos de allí, había un paso a nivel donde estaba la estación de tren. Teníamos prohibido acercarnos.

    De repente, vimos cuatro o cinco perros merodeando por las vías, nos fuimos acercando poco a poco y cual fue nuestra sorpresa. Allí estaba, tumbada al lado de las vías y dormida. A su alrededor, todo lleno de moscas, la pobre se había hecho caca y estaba toda embadurnada y colorada como un tomate por el soletón que le estaba dando.

    Al oír el barullo, el jefe de estación, que tenía su casa allí, salió despavorido para avisarnos de que el tren pasaría en breves minutos.

    Cogió a mi hermana con cuidado para no mancharse mucho y la llevó a su casa. Su mujer salió de la cocina al oír el alboroto y quedó sorprendida al ver a 4 chiquillos invadiendo su casa. La pequeña seguía adormilada. La mujer la lavó y la tumbó en el sofá. Le dio un poco de agua y vomitó. Notó que estaba ardiendo.

    La verdad que el jefe de estación y su mujer no nos conocían apenas, llevaban poco tiempo allí y no se dejaban ver mucho por el pueblo. Le dijo a mi hermano mayor que fuera a buscar a nuestra madre.

    Se acercó a casa y madre aún no había llegado. Salió la vecina, que preguntó por los hermanos y le tuvo que contar lo que pasaba.

    La mujer le acompañó a la casa del jefe de estación. La vecina al ver a la pequeña, dijo que nos llevaba a todos a casa. Trató de bajarle la fiebre con algún medicamento y esperó a que llegase nuestra madre.

    Cuando llegó, le extrañó el silencio y no vernos fuera del portón.

    La vecina le contó todo lo que había pasado y mi madre, ni corta ni perezosa, no se quitó las zapatillas, ya que no las llevaba puestas, pero fue a su habitación a cogerlas y todos nos escondimos debajo de las camas. Empezó a lanzar zapatillas por debajo hasta que se cansó y nosotros, ya aburridos,  tuvimos que salir.

    Nada, toda la bromita de escaparnos un rato nos costó una semana castigados. Bueno una semana y algo más...

    El algo más fue por las risitas de la cena.

    Estabamos en la mesa y no hablábamos ninguno, pero fue mirar a la cara a uno de mis hermanos y empezar a reír uno detrás de otro. ¡Callaos! Soltó madre, no sé si por los nervios o qué, pero no podíamos parar de reír. ¡Se acabó! Dijo.

    Y esa noche nos quedamos sin cenar.

    -Padre, perdona que no te mencione, sé que estabas todo el día trabajando y ya sabes que madre se encargaba de contarte nuestras travesuras y de ponerte la cabeza como un bombo...

    Gracias por todo y una gran sorpresa que esté de Jurado Juan Gómez-Jurado.

    Saludos,

    Paquita.