• Fran Nore
    Participante

    4 marzo, 2022 a las 6:08 pm ver respuesta

    LA SANGRE DE UCRANIA

    … Y caminé herido entre las ruinas, las bombas estallaban cerca de mis oídos, tambaleaban mis pasos; impactaban edificios y casas. Todo se derrumbaba ante mis ojos llorosos menos el cántico de esperanza de una mujer desde la oscuridad de un refugio. Tal vez una madre, una esposa, una hermana… no vi su cara angustiada ni sabia si corría sangre en sus manos. Sólo vi su melódica voz clamante. Su canto desgarrado me mantenía en pie, me brindaba fuerzas para resistir lo inhumano. Ese cántico solitario trasgredía las calles despotricadas por los ataques de los rusos, la sangre derramada de Ucrania pululaba en ese canto desmembrado. Sangre de sus ciudadanos que hablaba de su conjunta lucha y valentía por defender el país de una invasión premeditada e inhumana. Y las detonaciones de las bombas nada podían hacer contra esta alabanza de fraternidad del espíritu humano.

    Fran Nore
    Participante

    4 marzo, 2022 a las 6:03 pm ver respuesta

    VIENTOS DE GUERRA

    Esa noche me desperté sobresaltado al escuchar la sinfonía de goznes de las puertas entreabriéndose. Me sentía inquieto y ya no podía conciliar el sueño. Salí de mi alcoba con pasos sigilosos, empuñando con las dos manos un pedazo de palo que había encontrado para defenderme contra cualquier súbita e inesperada agresión. Revisé los pasillos, las antesalas, y entreabrí las puertas de las otras habitaciones con sigiloso cuidado. Pero todo parecía estar en orden. Al llegar a la sala principal encontré las ventanas repentinamente abiertas, de par en par. Me atemoricé sobrecogido. Me armé de valor, empuñando la estaca de madera entre mis manos, presintiendo la presencia de algún invasor. Pasados unos minutos de espera y zozobra todo siguió igual, sólo se escuchaba la orquesta del viento ejecutando sus invisibles instrumentos. Como no encontré nada ni nadie sospechoso, supuse que era el viento que se había colado salvajemente dentro de la casa. Pero este viento no silbaba como los otros vientos, éste era un viento seco, indolente, humano, de forajidos clamores. Me asusté demasiado; de pronto no era el viento…