• 3 noviembre, 2018 a las 7:12 pm ver respuesta

    Remito a ustedes mi relato "Accidente" publicado en mi muro de Facebook, mismo que lleva mi nombre y apellidos. Les ruego sea inscrito para concursar en su certamen de relatos por el Día de Muertos. Muchas gracias.

    ACCIDENTE

    El automóvil pegó un par de vuelcos y se salió del asfalto. Él se aferró al volante y alcanzó a murmurar el inicio del Padre Nuestro durante las dos interminables volteretas, hasta que el coche se detuvo. "Bendito sea Dios" pensó. No le había pasado nada. A duras penas, como pudo, salió de entre los fierros retorcidos. Le fue imposible encontrar su cartera y su celular en medio de la oscuridad. La carretera estaba vacía, cubierta por una densa niebla. Ni a quién pedirle auxilio. Comenzó entonces a caminar hacia las luces de la ciudad -que parecían cercanas- y a la vuelta de la siguiente curva un perro ranchero se le emparejó y lo fue acompañado a lo largo de un buen trecho. Estaba flaco y lombriciento el animal, pero le resultaba simpático. Luego empezó a correr un viento helado -como hecho de piedras filosas- y mientras más andaba más tenía la desagradable impresión de que las luces se iban alejando en el horizonte. El cuerpo entero le dolía. "Es normal" -pensó- "Ha de ser por el trancazo". Tiempo después, ya muy cansado, consiguió entrar a la Ciudad de México. Anduvo deambulando por callejones desconocidos, avenidas desoladas y semáforos que nadie veía parpadear, sin poder dar con su dirección por más que la buscaba. La noche se le hizo eterna, inacabable, hasta que por fin logró llegar a su casa. Adentro, todos dormían y la sala era iluminada tenuemente por luz de veladoras. Habían puesto una ofrenda. Junto a los cempasúchiles y las calaveritas de azúcar, estaba su retrato.