• hugo machín fajardo
    Participante

    14 marzo, 2021 a las 10:05 pm ver respuesta

    Pionera en tres mundos

    Fue la vendedora más joven de España en el siglo XX. «A pedas gordas el papel de aguja del ojo dorado». En 1908, perras gordas eran los diez centésimos en que Teófila, con el balbuceo de sus tres años, vendía un sobrecito de agujas.

    «Íbamos por los pueblos a vender. Yo conozco muchas provincias de España. Porque iba con mi padre. Primero fui en un burro y luego a caballo, y luego en carro. Vendíamos ropas, puntillas, todo eso...».

    «Yo no fui a la escuela. Yo aprendí sola porque mi padre precisaba un ayudante». De su padre también aprendió que «mejor se comía una morcilla, que oía una misa” y razones tenia: «se quedaba una mujer viuda con cinco varones. Los curas la apoyaban a usted, pero le llevaban los hijos a la fábrica de los curas, como yo le digo al seminario».

    De su padre también recibió ese coraje para romper las ataduras que se decían eternas e inmodificables. Y del padre aprendió que vendiendo peines podría sobrevivir allende el océano.

    Teófila Madroñal se casó con Antonio Gallardo, comunista. «Cuando me casé estuve tres meses en el barrio Lavapiés y después me fui al bario Salamanca, a la calle General Paullier 29. Al ladito mío vivía Dolores Ibarburu, éramos vecinas».

    Cuando Victoria Kent reforma las cárceles españolas, ella se sentía parte de la Izquierda Republicana Femenina, sin sospechar que conocería prisiones en otros mundos.

    «Para la liberación de la mujer, para la igualdad, para todo eso pedíamos y por los derechos del niño. Pedíamos que atendieran a los hijos, que cuando una madre quedaba viuda tuviera los mismos derechos que lo hombres. Que trabajáramos igual. Al mismo rendimiento, el mismo pago ...todo eso era feminista», me dice medio siglo después, sentada en una silla que ha colocado en el patio con claraboya del Hotel Vasconia, en el Montevideo que estrenaba una reconquistada democracia.

    Piensa en presente continuo. La defensa de Madrid ante el ataque nacionalista la encuentra alistada en el Batallón Leningrado del Quinto Regimiento. «Yo estoy en el Teatro Orozco y viene un muchacho Antonio Montoya y me dice: ¿qué hacemos? Y yo le digo: que nos manden el armamento y vamos a cubrir la carretera a Extremadura.

    En esa batalla ella «daba órdenes y tiraba bombas, que son granadas». Luego de cuatro días llega el alto el fuego y el general Miaja cree que Madroñal es Teófilo no Teófila. La condecora y asciende a sargento. Y ella, junto a su batallón, pasan a las órdenes de «El Campesino».

    En Guadalajara, ella está como enfermera. Ha estudiado durante la guerra. «Hieren en la cabeza a la Francesita, yo salté la trinchera para agarrarla y fue cuando me hirió a mí una ráfaga de ametralladora» y equilibrándose con su bastón, adelanta su pie izquierdo: cicatrices que suben por su pierna perdiéndose bajo la pollera.

    Un médico «quinta columna” le dice que hay que amputarle el pie. Teófila saca la pistola que lleva en el cinto, le apunta a la cabeza y le dice: «me cura y nada de amputar”.

    Derrotada la Republica, Teófila— viuda de desaparecido en combate— llegó a Orán en el último viaje del barco Stanbrook que llevó a 2.638 republicanos a lo desconocido.

    Daladier había sustituido a León Blum, y Francia negó el estatuto de refugiado político a aquellos exiliados al otro lado del Mediterráneo. No llegaron a la libertad, sino a los campos de concentración: «Me pusieron en el Centre d’Hebergement nº 1., con los franceses».

    «En África me pilló guerra europea y quedé hasta el 47» Pero no desesperó. Vendió jabón y perfume puerta puerto de las casas del Orán imaginado por Camus.  De áfrica a Francia. Dos años y medio, en el hotel Rusia en la rue Pinon Nro.2 de Villmon.  Italia. De ahí a Puerto Rico y Venezuela en vuelo de Panagra, gracias a la recién creada OIR, luego Acnur. Quince días en Caracas y en el Américo Vespucio hacia Chile. Llegó en 1949. «Puse una casa de moda. Vino una señora gorda para que le hiciera un vestido igual al que llevaba. Saque los moldes y con eso vestía a todas las gordas de Chile».

    Pero en Chile no permitían vender en la calle. Teófila por el desierto de Atacama hasta Oruro en Bolivia. Y de ahí, al pueblo de Punata donde «empecé cosiendo pantalones de niño. Y luego nos fuimos a una estancia a sembrar, y mientras tanto, matábamos chanchos, hacíamos chorizos que yo salía a vender. Y puse un hotel»

    Luego quiso irse a Brasil, pero «estaba harta de aprender idiomas. Mi marido, que había sido telegrafista del transatlántico Reina Victoria, siempre me había hablado del Uruguay porque lo conocía».

    Teófila llegó a Montevideo «el 30 de mayo del 52 y era viernes». El domingo, en la feria de Tristán Narvaja, «oigo a un vendedor de peines y le pregunto dónde compra los peines».

    Empieza otra historia en la calle Uruguay casi Rondeau, a dos cuadras del estudio del fotógrafo de Gardel, el también español, José Silva.

    Luego Teófila abre el Vasconia. Allí más de un dirigente de la CNT perseguido por los militares uruguayos encontró refugio.

    En 1976, Teófila es secuestrada, encapuchada y llevada al siniestro departamento de Inteligencia y Enlace de las calles Maldonado y Paraguay en la capital uruguaya. Esa pequeña y gruesa mujer de 71 años, es obligada a permanecer de plantón, amenazada con el tacho, la picana, los golpes, como las otras mujeres y hombres que lo sufren en esos días y noches interminables.

    Teofila es conducida al baño. Se las amaña para ocultar debajo de su toalla un sándwiche de milanesa. Ve por debajo de su capucha que está cerca de una pieza donde hay otros presos políticos, exagera su dificultad para caminar y apoya en el marco de la puerta la mano encubierta que deja caer el sándwiche hacia la habitación desde la que llega apenas el susurro de un «¡Gracias!».

    Me lo contó Teófila [1905-1990]

     

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