• Juan Luis Ares
    Participante

    19 enero, 2021 a las 2:29 pm ver respuesta

    Hola, mi relato  "Gonzalo" está en

    https://www.facebook.com/juanluis.rinconares/posts/10222409095688741

    Gracias todos y en particular a Zenda.

     

    Gonzalo

    Gonzalo es un fraile pasional,   de mano fácil para las collejas repentinas y las chascas arrojadizas pero con un corazón tan gigante como sus orejas. “El Mono”, tal es el cariñoso apodo con el que la maldad de sus compañeros lo  ha bautizado. Los frailes apestan más que los maestros en un arcoíris de intensidades  a rancio y a sudor.  Las manos de Gonzalo, por la tardes, sólo huelen a naranjas.

    En  una ocasión intentó explicar a los más mayorcitos  el misterio de la reproducción humana. Lo del Apolo 11 ya no les interesaba. Juan  salió de aquella charla semanal preguntándose qué era y dónde estaba el citado “órgano cenital de la mujer” que, según Gonzalo,     “ se dilata para permitir “el orto” de las criaturas humanas”. Juan se aclarará en ese tema  por su cuenta mucho más tarde pero aquella aproximación tan ajena al currículo lasaliano,  le resultó enormemente enternecedora. Lo que sucede en la navidad posterior, le va a  dar firmeza a ese sentimiento.

    Con frecuencia, se organizan en La Salle colectas de alimentos con los que “ayudar a los pobres”. Los gitanos de la Calle de La Rosa no dudan en acercarse al colegio a pedir cuando la situación se vuelve más apurada que de costumbre. Ellos son los más indigentes entre los desheredados locales. Gonzalo reserva siempre  parte de esa ayuda para las familias de algunos niños de la escuela de los que sabe su precaria situación familiar: un padre fallecido, una madre enferma o una casa destruida por un derrumbe o un incendio, tan frecuentes ambos, suelen sumir  a las  familias de los alumnos  en un nivel de precariedad muy superior al resto. Gonzalo  siempre procura socorrerlas de alguna manera. Algunos de los camaradas de clase se benefician de estos repartos azarosos y cuando esto sucede, Juan se queda mirando sus rostros entre alegres y azorados. Juan no sabe cómo se apunta la gente en esas listas. Su nivel de “riqueza”, está seguro,  no excede ni mucho ni poco  a la de sus compañeros. Aún no sabe de silencios orgullosos ni se imagina que en su casa puedan decir tal o cual cosa.  Por eso, el último día del primer trimestre, cuando Gonzalo ya ha llamado aparte, discretamente, a los “menesterosos”, Juan, un poco remiso,   se dispone a salir del aula  y en ese remoloneo le oye decir: “Tú, Rendón, vente también con nosotros que me parece que a tu familia también…” No dice más. Circulan rápidos siguiendo el vuelo de los bajos de su sotana negra hasta llegar a  una habitación escondida. Juan la conoce. La  ha vigilado con envidia en otras ocasiones,  cuando se hacían los repartos.

    Las bolsas ya están preparadas. Gonzalo les va colgando dos o tres  en cada mano. Pocos después ya tienen blancos y agarrotados los dedos por la falta de circulación. Juan tiene la sensación de ser un intruso en aquella ceremonia pero no puede dejar de pensar en la cara de alegría que pondrá su madre a verle llegar. O la de sus hermanas porque hasta turrón hay.

    Cuando ya han terminado, Gonzalo recuerda algo y pregunta  al aire: “¿Tenéis nevera en la casa?” Sin esperar a que se articulen los noes, empieza a sacar troncos de merluza congelados de un arcón chorreante y los coloca haciendo equilibrios difíciles dentro de las bolsas  ya repletas. ”Esto se tiene que cocinar ya, decírselo a vuestras madres” “¡Corred, corred para casa antes de que os estropeen los mantecados!” Es la primera vez que Juan ve alimentos congelados así,  de cerca: ni en la tienda de José Vinagre, ni en la infausta parada  de El Morita donde su madre y su abuela  dejan fiados los mandaos ha visto productos semejantes. Al salir, Gonzalo lo mira tierno y le revuelve el pelo.

    A pesar de sus escasas fuerzas y del miedo que le remueve de nuevo las tripas,  cruza corriendo el machón de las chabolas dispuesto a defender  con su sangre las provisiones. Tiene suerte. Quizás los gitanillos estén  haciendo cola por la otra puerta de la escuela esperando su ración de caridad.

    Cuando alcanza al grupo de sus amigos que remolonea en el regreso, se siente seguro y descansa un momento. Ninguno se ofrece a auxiliarle.  Juan tampoco está seguro de quererlo. No se fía. Por eso, cuando empiezan a menudear las preguntas sobre las bolsas y, sobre todo, cuando Luque sugiere de manera grosera     “¡Rendón, qué cariño te tiene el hijoputa Mono! ¿Tú le pone la manita debajo de la sotana o es el cura el que te…?” – Juan lo mira con odio. Ya teme que en aquello de las bolsas tendrá mucho que callar y que ocultar pero el comentario, que no llega a entender bien, le ha quitado la alegría y le ha metido veneno en el cuerpo. En el colegio se habla a veces  de “manos largas que tocan a los niños” pero a Juan le pasa como con  lo del “órgano cetinal”,  que no sabe muy bien a qué se refieren las leyendas y que no se atreve a preguntar. A él, los únicos tocamientos que le han alcanzado o que ha podido ver  en la escuela han tenido forma de bofetadas El mundo de los rozamientos y las caricias, más allá de los juegos con  sus vecinas en el patio y en los que acababa calladamente excitado,  se escapa  a sus entendederas. Ni su hermano Pepe ni los vecinos mayores están cerca para instruirle.  No hay quien le cuente y Juan permanece ajeno. Ni se despide de sus amigos. Vuelve a coger carrerilla, supera sudando y dolorido  la esquina del callejón Espelete y  sube jadeando la cuesta de Ganado. Entra por el patio como una exhalación para que no lo vean las vecinas. Su madre, suspira.

    Esa Nochebuena cenan merluza con guisantes. Hay hasta postre. Su padre  y su abuela María siguen demasiado serios. Apenas prueban la comida. “Huele a naranjas” comenta su madre y le guiña un ojo con picardía. Juan sonríe.

     

     

    Juan Luis Ares
    Participante

    19 enero, 2021 a las 2:28 pm ver respuesta

    El link de mi relato está en

    https://www.facebook.com/juanluis.rinconares/posts/10222409095688741

    Juan Luis Ares
    Participante

    17 enero, 2021 a las 11:33 am ver respuesta

    Mi relato "Gonzalo" se puede leer pinchando en el enlace https://www.facebook.com/juanluis.rinconares/posts/10222409095688741

    Gracias por la oportunidad.