• Manuel Juárez Roca
    Participante

    5 abril, 2020 a las 2:24 am ver respuesta

    Zenda el 3 de abril, 2020 a las 09:56


    Nuestros héroes, por Augusto Ferrer-Dalmau.

    Cuenta una historia heroica. Una historia actual, contemporánea, que puede ser real o ficticia, que puede protagonizar una persona  o un grupo de personas que estén enfrentándose al coronavirus. Cuenta una historia, publícala y participa en nuestro nuevo concurso, que comienza este viernes, 3 de abril y termina el lunes 13 de este mismo mes y que está dotado con 3.000 euros en premios.

    A continuación te explicamos cómo participar.

    El jurado, que elegirá un ganador y un finalista, valorará la calidad literaria y la originalidad de los textos. El primer premio está dotado con 1.000 €. Los diez ganadores del segundo premio recibirán 200 € cada uno.

    1) Las historias deberán ser originales e inéditas. La extensión mínima de los textos es de 100 caracteres y la máxima, de 1.000 palabras. Cada concursante podrá participar con un máximo de dos textos.

    2) Debes publicar tu historia en internet, como entrada de un blog, como una anotación en Facebook, en Twitter con un tuit o un hilo, o en Instagram mediante una publicación o una historia destacada.

    3) Después, si aún no estás dado de alta debes registrarte en este foro de Zenda y escribir una respuesta al final de esta misma entrada. En la respuesta, incluye la dirección donde has publicado el texto. No es necesario publicar aquí el texto completo, basta con la URL (la dirección web).

    4) Calendario del concurso: Del viernes 3 de abril de 2020 a las 12:00, al lunes 13 de abril de 2020 a las 23:59. El miércoles 15 de abril publicaremos en Zenda una selección con las 30 historias que optan a los premios. El viernes 17 de abril de 2020 se difundirán los nombres del ganador del primer premio de 1.000 y de los 10 ganadores del segundo premio de 200 euros.

    De entre los textos publicados en el plazo indicado, un jurado, formado por los escritores Juan Eslava Galán, Juan Gómez-Jurado, Espido Freire, Paula Izquierdo y la agente literaria Palmira Márquez, elegirá un ganador y diez finalistas. El jurado valorará la calidad literaria y la originalidad de los textos.

    Y podrás divulgarlo con la etiqueta #NuestrosHéroes en las redes sociales.

    El primer premio está dotado con 1.000 € en metálico. La dotación para los diez ganadores del segundo premio es de 200 € en metálico. (3.000 €, en total).

    En este enlace puedes consultar las bases del concurso.

    ¡Participa y escribe tu historia!

    https://www.facebook.com/manuel.juarez.1650/posts/2796453477128866

     

    Aquí dejo el relato (otra vez, al editar creo que he borrado mi participación).

    06:00 horas.

    Suena el despertador. Maite abre los ojos despacio, clava la mirada en el techo de la pensión cercana al hospital en el que trabaja. Está molida tras un turno interminable con material insuficiente y demasiadas vidas perdidas. Como puede se despereza, se incorpora en el colchón reblandecido en el que no ha conciliado un sueño reparador, mira su teléfono móvil y ve mensajes de ánimo de sus familiares y amigos, ve que su hijo pequeño le pregunta cuándo va a volver a casa a dormir con él y con su otra mamá. El pecho se le encoge y le contesta que espera volver muy pronto no solo para dormir sino para jugar en el parque, a los videojuegos y a hacer los trabajos que le han mandado los profes. No espera una respuesta rápida, pero ocurre: mamá te quiero mucho, ayuda a los abuelitos que están malitos y lávate mucho las manos que no se te pegue el virus; los deberes ya si eso cuando vuelva al cole. Te quiero mucho. Una pequeña sonrisa se dibuja en su rostro y se le humedecen los ojos. Se levanta, lista, una vez más para la pesadilla: la goma de la mascarilla clavándosele en el alma, pasillos abarrotados y gente a la que no sabe si podrá salvar.

    Juan lleva conduciendo toda la noche sin descanso, no ha encontrado un solo sitio dónde tomar un café o asearse un mínimo. Ya no está para estos trotes, son cincuenta y cuatro años a cuestas y más de treinta años por la red de carreteras del Estado con lluvia, aire, nieve, idiotas y su puta madre. Sin embargo, hoy más que nunca saca fuerzas de dónde no las hay para llevar la carga a buen puerto. Hoy no es un chófer, hoy es un jinete que a lomos de un Babieca de treinta y seis toneladas tiene una misión que cumplir. Así que escupitajo por la ventanilla y con dos cojones, con honor, a recorrer las dos horas de asfalto que tiene por delante.

    No sabe cuántas horas lleva apilando cajas. Le arden los riñones y está cansado. Cada vez que ve un rollo de papel higiénico, se acuerda de la madre que parió a todos los santos. Ha doblado turno toda la semana para evitar una rotura de stock. Y ahí sigue: es el mozo de almacén número mil doscientos seis.

    Roberto, recién salido de la academia con las oposiciones aún frescas en el cogote, lleva horas y horas de pie en controles de carretera. Ha visto de todo en estas semanas. Se plantea muchas cosas.

    08:30 horas.

    Ya ha cumplido. Solo le queda coger el coche y recoger al chico para intentar descansar unas horas antes de volver -si su cabeza se lo permite- a la carretera, a otro viaje, a la batalla. Sigue muy preocupado; no puede estar junto a ella, está prohibido. Llega al coche cansado y con la cabeza en otra parte. Arranca.

    Está deslomado y de plantón esperando. Oye un estruendo y gira la cabeza, mil doscientos seis siente un vuelco y tras el parón sus latidos se aceleran. Corre como no ha corrido en su vida, la congoja no le deja gritar. Llega el primero y tira con todas sus fuerzas de la puerta del coche, pero no puede abrirla. No mira lo que queda del coche que todavía están pagando a plazos.

    Llega con más compañeros y entre todos consiguen sacar al conductor del amasijo rojo en el que se ha convertido su coche. El impacto frontal con el camión solo ha dejado un herido. Hay mucha sangre, sobre todo en los pantalones y en la cabeza; el hombre no está consciente, pero tiene pulso. Le practican primeros auxilios y un torniquete en la pierna izquierda. No se oyen gritos, se oye cómo se desgarra el hombre que estaba intentando sacar al conductor del vehículo. Un compañero dice que la ambulancia está en camino.

    09:07 horas.

    Vicente frena, desactiva las luces y las sirenas de la ambulancia. El personal sanitario actúa con rapidez, cumplen como solo ellos saben. Buena suerte amigo, le desea de todo corazón. Espera que no sea otro de esos que lleva tantos años viendo no llegar.

    -La Parca y el Barquero ya llevan algunos hoy, pero este no -se dice Maite.

     

    15:00 horas.

    En la televisión las noticias informan del número de contagios, fallecidos, curados; sale algún ministro hablando, personal militar limpiando y desinfectando las calles, desaprensivos e insolidarios haciendo el imbécil, aviones militares trayendo material sanitario, más políticos haciendo lo que mejor saben y Europa esto y Europa lo otro. Investigadores dan con una vacuna que tienen que probar.

     

    Unos días después por la tarde.

    Mil doscientos seis o Rubén, no cree lo que le están diciendo por teléfono. Le tiemblan las manos, solloza y sus ojos, en los que creía que no quedaban lágrimas, vuelven a inundarse. Su vecina Miriam le deja el coche para ir al hospital y el pequeño Samuel le pide que le de un abrazo a su mamá de su parte si puede. Llega al hospital. Entre aplausos y con gratitud, Carmen, recibe el alta recuperada. Juan y Rubén se funden en un abrazo con Carmen. Vuelven a casa juntos.

    20.00 horas.

    Estalla el aplauso. En el barrio de Maite, Juan, Rubén, Miriam, Samuel y Carmen, todos aplauden como nunca. En los balcones mensajes de gratitud y ánimo para Maite y todos los que como ella luchan en primera línea.

    #NuestrosHéroes.

    Manuel Juárez Roca
    Participante

    4 abril, 2020 a las 2:52 pm ver respuesta

    Zenda el 3 de abril, 2020 a las 09:56


    Nuestros héroes, por Augusto Ferrer-Dalmau.

    Cuenta una historia heroica. Una historia actual, contemporánea, que puede ser real o ficticia, que puede protagonizar una persona  o un grupo de personas que estén enfrentándose al coronavirus. Cuenta una historia, publícala y participa en nuestro nuevo concurso, que comienza este viernes, 3 de abril y termina el lunes 13 de este mismo mes y que está dotado con 3.000 euros en premios.

    A continuación te explicamos cómo participar.

    El jurado, que elegirá un ganador y un finalista, valorará la calidad literaria y la originalidad de los textos. El primer premio está dotado con 1.000 €. Los diez ganadores del segundo premio recibirán 200 € cada uno.

    1) Las historias deberán ser originales e inéditas. La extensión mínima de los textos es de 100 caracteres y la máxima, de 1.000 palabras. Cada concursante podrá participar con un máximo de dos textos.

    2) Debes publicar tu historia en internet, como entrada de un blog, como una anotación en Facebook, en Twitter con un tuit o un hilo, o en Instagram mediante una publicación o una historia destacada.

    3) Después, si aún no estás dado de alta debes registrarte en este foro de Zenda y escribir una respuesta al final de esta misma entrada. En la respuesta, incluye la dirección donde has publicado el texto. No es necesario publicar aquí el texto completo, basta con la URL (la dirección web).

    4) Calendario del concurso: Del viernes 3 de abril de 2020 a las 12:00, al lunes 13 de abril de 2020 a las 23:59. El miércoles 15 de abril publicaremos en Zenda una selección con las 30 historias que optan a los premios. El viernes 17 de abril de 2020 se difundirán los nombres del ganador del primer premio de 1.000 y de los 10 ganadores del segundo premio de 200 euros.

    De entre los textos publicados en el plazo indicado, un jurado, formado por los escritores Juan Eslava Galán, Juan Gómez-Jurado, Espido Freire, Paula Izquierdo y la agente literaria Palmira Márquez, elegirá un ganador y diez finalistas. El jurado valorará la calidad literaria y la originalidad de los textos.

    Y podrás divulgarlo con la etiqueta #NuestrosHéroes en las redes sociales.

    El primer premio está dotado con 1.000 € en metálico. La dotación para los diez ganadores del segundo premio es de 200 € en metálico. (3.000 €, en total).

    En este enlace puedes consultar las bases del concurso.

    ¡Participa y escribe tu historia!

    https://www.facebook.com/manuel.juarez.1650/posts/2796453477128866

     

    Aquí dejo el relato.

    06:00 horas.

    Suena el despertador. Maite abre los ojos despacio, clava la mirada en el techo de la pensión cercana al hospital en el que trabaja. Está molida tras un turno interminable con material insuficiente y demasiadas vidas perdidas. Como puede se despereza, se incorpora en el colchón reblandecido en el que no ha conciliado un sueño reparador, mira su teléfono móvil y ve mensajes de ánimo de sus familiares y amigos, ve que su hijo pequeño le pregunta cuándo va a volver a casa a dormir con él y con su otra mamá. El pecho se le encoge y le contesta que espera volver muy pronto no solo para dormir sino para jugar en el parque, a los videojuegos y a hacer los trabajos que le han mandado los profes. No espera una respuesta rápida, pero ocurre: mamá te quiero mucho, ayuda a los abuelitos que están malitos y lávate mucho las manos que no se te pegue el virus; los deberes ya si eso cuando vuelva al cole. Te quiero mucho. Una pequeña sonrisa se dibuja en su rostro y se le humedecen los ojos. Se levanta, lista, una vez más para la pesadilla: la goma de la mascarilla clavándosele en el alma, pasillos abarrotados y gente a la que no sabe si podrá salvar.

    Juan lleva conduciendo toda la noche sin descanso, no ha encontrado un solo sitio dónde tomar un café o asearse un mínimo. Ya no está para estos trotes, son cincuenta y cuatro años a cuestas y más de treinta años por la red de carreteras del Estado con lluvia, aire, nieve, idiotas y su puta madre. Sin embargo, hoy más que nunca saca fuerzas de dónde no las hay para llevar la carga a buen puerto. Hoy no es un chófer, hoy es un jinete que a lomos de un Babieca de treinta y seis toneladas tiene una misión que cumplir. Así que escupitajo por la ventanilla y con dos cojones, con honor, a recorrer las dos horas de asfalto que tiene por delante.

    No sabe cuántas horas lleva apilando cajas. Le arden los riñones y está cansado. Cada vez que ve un rollo de papel higiénico, se acuerda de la madre que parió a todos los santos. Ha doblado turno toda la semana para evitar una rotura de stock. Y ahí sigue: es el mozo de almacén número mil doscientos seis.

    Roberto, recién salido de la academia con las oposiciones aún frescas en el cogote, lleva horas y horas de pie en controles de carretera. Ha visto de todo en estas semanas. Se plantea muchas cosas.

    08:30 horas.

    Ya ha cumplido. Solo le queda coger el coche y recoger al chico para intentar descansar unas horas antes de volver -si su cabeza se lo permite- a la carretera, a otro viaje, a la batalla. Sigue muy preocupado; no puede estar junto a ella, está prohibido. Llega al coche cansado y con la cabeza en otra parte. Arranca.

    Está deslomado y de plantón esperando. Oye un estruendo y gira la cabeza, mil doscientos seis siente un vuelco y tras el parón sus latidos se aceleran. Corre como no ha corrido en su vida, la congoja no le deja gritar. Llega el primero y tira con todas sus fuerzas de la puerta del coche, pero no puede abrirla. No mira lo que queda del coche que todavía están pagando a plazos.

    Llega con más compañeros y entre todos consiguen sacar al conductor del amasijo rojo en el que se ha convertido su coche. El impacto frontal con el camión solo ha dejado un herido. Hay mucha sangre, sobre todo en los pantalones y en la cabeza; el hombre no está consciente, pero tiene pulso. Le practican primeros auxilios y un torniquete en la pierna izquierda. No se oyen gritos, se oye cómo se desgarra el hombre que estaba intentando sacar al conductor del vehículo. Un compañero dice que la ambulancia está en camino.

    09:07 horas.

    Vicente frena, desactiva las luces y las sirenas de la ambulancia. El personal sanitario actúa con rapidez, cumplen como solo ellos saben. Buena suerte amigo, le desea de todo corazón. Espera que no sea otro de esos que lleva tantos años viendo no llegar.

    -La Parca y el Barquero ya llevan algunos hoy, pero este no -se dice Maite.

     

    15:00 horas.

    En la televisión las noticias informan del número de contagios, fallecidos, curados; sale algún ministro hablando, personal militar limpiando y desinfectando las calles, desaprensivos e insolidarios haciendo el imbécil, aviones militares trayendo material sanitario, más políticos haciendo lo que mejor saben y Europa esto y Europa lo otro. Investigadores dan con una vacuna que tienen que probar.

     

    Unos días después por la tarde.

    Mil doscientos seis o Rubén, no cree lo que le están diciendo por teléfono. Le tiemblan las manos, solloza y sus ojos, en los que creía que no quedaban lágrimas, vuelven a inundarse. Su vecina Miriam le deja el coche para ir al hospital y el pequeño Samuel le pide que le de un abrazo a su mamá de su parte si puede. Llega al hospital. Entre aplausos y con gratitud, Carmen, recibe el alta recuperada. Juan y Rubén se funden en un abrazo con Carmen. Vuelven a casa juntos.

    20.00 horas.

    Estalla el aplauso. En el barrio de Maite, Juan, Rubén, Miriam, Samuel y Carmen, todos aplauden como nunca. En los balcones mensajes de gratitud y ánimo para Maite y todos los que como ella luchan en primera línea.

    #NuestrosHéroes.