• Manuel Martinez March
    Participante

    24 diciembre, 2018 a las 10:46 am ver respuesta

    Zenda el 17 de diciembre, 2018 a las 13:24

    Cuentos de Navidad en Zenda

    Ya puedes participar en el nuevo concurso de Zenda, dotado con 3.000 euros en premios y patrocinado por Iberdrola. Escribe un cuento de Navidad. El jurado lo forman los escritores Juan Gómez-Jurado, Espido Freire, Agustín Fernández Mallo, Paula Izquierdo y la agente literaria Palmira Márquez. Queremos celebrar las navidades con alegría y literatura, ¡participa!

    El primer premio está dotado con 2.000 €. El premio para el cuento finalista es de 1.000 €.

    A continuación te explicamos cómo participar.

    1) Los cuentos deberán ser originales e inéditos. La temática de los cuentos debe ser navideña. La extensión mínima de los textos es de 100 caracteres y la máxima, de 1.000 palabras.

    2) Debes publicar tu cuento en internet, como entrada de un blog, como una anotación en Facebook o como un tuit o un hilo en Twitter.

    3) Después, si aún no estás dado de alta debes registrarte en este foro de Zenda y escribir una respuesta al final de esta misma entrada. En la respuesta, incluye la dirección donde has publicado el texto. No es necesario publicar aquí el texto completo, basta con la URL (la dirección web).

    4) Calendario del concurso: puedes participar del lunes 17 de diciembre de 2018, al domingo 6 de enero de 2018 a las 23:59. El miércoles 9 de enero publicaremos en Zenda una selección con los 10 relatos que optan a los premios. El viernes 11 de enero de 2019 se difundirán los nombres del ganador y del finalista.

    Y podrás divulgarlo con la etiqueta #cuentosdeNavidad en las redes sociales.

    En este enlace puedes consultar las bases del concurso.

    ¡Participa y escribe tu cuento de Navidad!

    Comparto mi relato: "Tres cuentos de Navidad para Arturo Monleón".

     

    https://unapaginamarcada.blogspot.com/2018/12/relato-de-navidad-para-el-concurso-de.html

     

    Suerte a todos.

     

    Manuel Martinez March
    Participante

    6 septiembre, 2018 a las 7:31 am ver respuesta

    Zenda el 24 de agosto, 2018 a las 11:15

    historias de bicis en Zenda

    Las historias de bicis son para el verano. Ya sean historias relacionadas con el ciclismo (por ejemplo, durante el verano se celebran carreras como el Tour de Francia y la Vuelta a España) o con recuerdos personales, de cuando aprendimos a pedalear o viajamos a dos ruedas. Y en Zenda queremos festejarlas organizando un concurso dotado con 3.000 euros en premios y patrocinado por Iberdrola, en el que ya puedes participar. Aquí te explicamos cómo:

    1) Las historias deberán ser originales e inéditas. La extensión mínima de los textos es de 100 caracteres y la máxima, de 1.000 palabras.

    2) Debes publicar tu historia en internet, como entrada de un blog, como una anotación en Facebook o como un tuit o un hilo en Twitter.

    3) Después, si aún no estás dado de alta debes registrarte en este foro de Zenda y escribir una respuesta al final de esta misma entrada. En la respuesta, incluye la dirección donde has publicado el texto. No es necesario publicar ahí el texto completo, basta con la URL (la dirección web).

    Y podrás divulgarlo con la etiqueta #historiasdebicis en las redes sociales.

    En este enlace puedes consultar las bases del concurso.

    Calendario del concurso: Puedes participar del viernes 24 de agosto de 2018 a las 12:00, al domingo 16 de septiembre de 2018 a las 23:59. El miércoles 19 de septiembre publicaremos en Zenda una selección con los 10 relatos que optan a los premios. El viernes 21 de septiembre de 2018 se difundirán los nombres del ganador, que recibirá 2.000 euros, y del finalista, que recibirá 1.000 euros. El jurado que valorará la calidad literaria y la originalidad de las historias está formado por los escritores Espido Freire, Juan Gómez-Jurado, Ander Izagirre, Ana Malagón, Txani Rodríguez y Paula Izquierdo.

    El concurso no sólo coincide con 73.ª edición de Vuelta a España sino también con la celebración de la Semana Europea de la Movilidad (SEM) 2018, que se celebra del 16 al 22 de septiembre bajo el lema “Combina y Muévete”.

    ¡Muévete, participa y escribe tu historia de bicis!

    Aquí mi texto para el concurso de #historiasdebicis.

     

    https://www.facebook.com/manuel.martinez.5494360/posts/10215291162266070?__tn__=K-R

     

    Un saludo.

     

    P.D: Incluyo el texto en el cuerpo de este mensaje, por si hubiese algún problema...

     

    IO SONO GINO BARTALI.

    La bicicleta es dolor. Que no te engañen. Cuando le regalas a tu hijo una bicicleta le regalas (es cierto) tardes de agosto, libertad, amigos… Pero quizá también le estés regalando cosas que no imaginas. Tal vez le estés dando la subida al Mortirolo bajo la lluvia, el polvo de una carretera y las caídas, el dolor en las piernas, ese dolor que es como un grito frío. Si no tienes cuidado puede le estés regalando la peor de las maldiciones: la de querer ganar siempre. A mí la bicicleta no me la regaló nadie. La compré con mi sueldo de mecánico en un taller. Un taller bicis, claro. De qué si no. Así que se puede decir que fui yo mismo quien me condené.

    Con veintidós años gané mi primer Giro. El del 36. Ocho años después: controles en las carreteras. Las patrullas dándome el alto. Para entonces ya era tan famoso que a veces llegaba la certeza, como un destello, de que existían dos Ginos. Uno era yo. El que estaba en casa, el que tenía amigos, familia, ideas. El otro era un extraño con mi cara. El que salía en los noticiarios del cine, el que ganó el Tour de Francia del 38, al que Mussolini usaba para colgarse una medalla más en su pecho de bufón desenfrenado. Me partía las piernas por aquellas carreteras de la Toscana y, al llegar al control, me daban el alto y entonces yo lo notaba. Allí estaba ese brillo de reconocimiento en los ojos de los carabinieri, que abrían una sonrisa como se cierra una navaja.

    Sí, soy Gino Bartali.- decía yo.
    Pasa, camarada.- decían ellos.

    Y así era como funcionaba. Sin pedirme nada más que algún autógrafo. Sin registrarme.

    Pero me adelanto. Antes de estas cosas vienen otras cosas. Cosas como que mi hermano Giulo se mató en una carrera ciclista. Con apenas veinte años. Eso es lo que regalas, quizá, en el peor caso, cuando regalas una bici. Vinieron cosas como que dejé la bici pero luego volví. Porque cuando regalas una bici, también regalas una adicción.

    El Duce (yo nunca llamé así a aquel histrión pelado) quería éxitos para el fascismo. Así que la federación de ciclismo no me dejó correr el siguiente Giro. Me mandaron al Tour. Y lo gané. El del 38. Todos pensaron que yo llamaba Duce a aquel espantajo de uniforme. “Gino Bartali, emblema del ciclismo fascista”, decían los periódicos. Me callé. Gané otro Giro. “L´uomo di ferro” me llamaban. Cuanto más difícil era, más fuerte era yo. Y cuando todo parecía prepararme para una gloria que no sé si hubiese disfrutado, llegó la guerra. Y mi secreto.

    Ahora que ya estoy muerto todo esto importa poco. Caerá sobre mí, como sobre todos, una losa de olvido. Así debe ser. Entonces, sin embargo, ganar era lo único que importaba. En el 48 gané el tercer Giro. El ciclismo de entonces no es como el que tú conoces. Las etapas eran largas y muchas veces por carreteras sin asfaltar. Si llovía, barro. Si no llovía, polvo. Las bicicletas pesaban y cuando pinchabas una rueda te la arreglabas tú mismo. Era duro y yo no tenía rival. Hasta que llegó Coppi.

    Fausto Coppi, tan fino, tan elegante, tan distinto a mí en tantas cosas y al mismo tiempo más igual a mí que yo mismo. Todos pensaban que éramos enemigos. Italia necesitaba estar dividida y nos usó para estarlo. Él: joven, urbano, ateo, de izquierdas. Yo: ya adulto, campesino, católico, conservador. Él, contrarrelojista. Yo, escalador. Entre los dos ganamos cuatro tours y ocho giros. Todos pensaban que nos odiábamos. Qué necesidad tienen los hombres de aferrarse a ideas simples... No imaginaron que cuando Coppi se fue de safari a África y murió de malaria con cuarenta años una parte de mí se quedaba allí con él.

    Después dejé la bici. Miento. Lo que dejé fue de competir. La bici siguió conmigo. Cada día. Fui director deportivo de varios equipos. También comentarista para la radio y la televisión. La leyenda en que me había convertido hablaba por mí. Ese otro Bartali. Llegué a viejo y, con ochenta y seis años, un infarto se me llevó por delante. Yo creía que me había llevado conmigo el secreto. Qué vanidad pretender que se pueden controlar las cosas...

    Todo fue culpa de Giorgio Nissim y de su diario. Lo encontraron sus hijos años después de que muriera él y poco después de que lo hiciera yo. Allí contaba todo lo que hizo durante la guerra. Lo que hicimos. Fueron él y el cardenal de Florencia Elia dalla Costa quienes me convencieron para hacerlo. Habían montado una red clandestina por toda la Toscana para salvar a los judíos de los campos. En los monasterios los monjes y los frailes fabricaban los papeles falsos: pasaportes, documentos, visados... El problema era cómo mover toda esa documentación sin ser detectados en los controles. Y ahí entré yo. Ahí entró mi bicicleta.

    Hacía unos trescientos kilómetros al día. Escondía los documentos dentro del cuadro de acero. A veces, de camino entre Torino y Florencia o entre Florencia y Prato, casi podía sentir cómo la bici iba llena de esperanza, de oportunidades, de vida. Era una sensación maravillosa. Entre 1943 y 1944 fingí que entrenaba y me dejaban tranquilo en los controles. Hay quien dice que le salvé la vida a ochocientas personas. Nunca se lo conté a nadie. Porque cuando le haces un favor a un amigo, lo haces en silencio.

    Ahora que ya no estoy puedo verte. Tienes mis rasgos. Te me pareces de una manera vaga, que es el mejor homenaje que un descendiente nos puede hacer. Te veo con tu hijo, mi bisnieto, y me alegro de saber que, envuelta en papel de regalo, para su cumpleaños, le espera esa primera bicicleta. Porque, cuando regalas una bicicleta, además de todo lo que te he dicho, también me regalas a mí.