• María Cainzos
    Participante

    29 diciembre, 2019 a las 9:28 pm ver respuesta

    Zenda el 18 de diciembre, 2019 a las 11:51

    ¿Qué puedes hacer este final de año y hasta el 6 de enero? Entre otras cosas, participar en el cuarto concurso de cuentos de Navidad de Zenda, que está dotado con 3.000 euros en premios y patrocinado por Iberdrola.

    El jurado del certamen lo forman  escritores Juan Eslava Galán, Juan Gómez-Jurado, Espido Freire, Paula Izquierdo y la agente literaria Palmira Márquez.

    El jurado, que elegirá un ganador y un finalista, valorará la calidad literaria y la originalidad de los textos. El primer premio está dotado con 2.000 € y el segundo con 1.000 €.

    A continuación te explicamos cómo participar.

    1) Los cuentos deberán ser originales e inéditos. La extensión mínima de los textos es de 100 caracteres y la máxima, de 1.000 palabras. Cada concursante podrá participar con un máximo de dos textos.

    2) Debes publicar tu historia en internet, como entrada de un blog, como una anotación en Facebook, en Twitter con un tuit o un hilo, o en Instagram mediante una publicación o una historia destacada.

    3) Después, si aún no estás dado de alta debes registrarte en este foro de Zenda y escribir una respuesta al final de esta misma entrada. En la respuesta, incluye la dirección donde has publicado el texto. No es necesario publicar aquí el texto completo, basta con la URL (la dirección web).

    4) Calendario del concurso: puedes participar el miércoles 18 de diciembre de 2019 a las 12:00, al lunes 6 de enero de 2020 a las 23:59. El miércoles 8 de enero publicaremos en Zenda una selección con los 10 cuentos que optan a los premios. El viernes 10 de enero de 2020 se difundirán los nombres del ganador y del finalista.

    Y podrás divulgarlo con la etiqueta #cuentosdeNavidad en las redes sociales.

    En este enlace puedes consultar las bases del concurso.

    ¡Participa y escribe tu relato!

    Tenía problemas para entrar... Desde luego, esto solo puede ir a mejor...

    Os mando mi segundo cuento para este concurso y mi segundo,¡muchas gracias! Y suerte a todos los demás...

    Derecho a la Navidad.

    Abandonada y desnuda, aquella recién vida, empezó a importarme, algo más que, lo que hubiese deseado.

    Vi su cuerpo, estremecido, agitándose ; cada segundo, un poco más pausado... El paso lento del tiempo, me pesaba como nunca, dentro. Me iba,sin yo quererlo, calando el pesar.

    Bajo una capa, aún débil de nieve, movía sus manos, en un intento de abrazarse al viento, pero éste, inconmovible, descargaba cada vez más violento, de los fríos abetos cercanos, sus adornos, blancos y plateados por la luna  llena que, pendiendo, oronda, del cielo, estaba ajena y sorda, a todo lo que no fuese, iluminar los senderos blancos, para que cada perdido, encontrase su brasero.

    Yo, me mantenía escondida, esperando...

    Como la criatura, empezaba también a entumecerme; aún protegida, por una gruesa manta de lana, me enfriaba el fingido desapego. Me encogí, temblando, pidiendo a la madre que no conocí, un final compasivo, cercano, que rompiese en dos, aquel tormento.

    Todos sabían lo que hacer, en aquellos casos, pero yo, poco más que una niña, no tenía su valor. Era insignificante, ante ellos.

    Sentí aullar... Probablemente era Uxía, mi hembra gris, casi una amiga de la inocencia, la que llamaba a su manada, oliendo quizás, alimento fresco y tierno. No podía culparla, un modesto bocado, no se despreciaba, en medio de aquel interminable invierno. Bien lo sabíamos, Uxía y yo, aunque más lo sabían, los rondadores, carroñeros.

    En un impulso, me descubrí. A la desesperada, la rauda pisada de mis botas, marcaba el camino, en el pálido suelo de mi rendición. Fui hacia donde se oía su llanto, ahora callado. La suerte, piadosa, movida por alguna Mano, se nos echó encima, con su anhelado, cálido aliento.

    Envolví aquel ser yerto y muy segura estoy que, lo apreté contra mí, con todas las fuerzas que, antes me faltaron. Imprevistamente, un alivio, me recorrió por entero, tal como había visto, desde mi ventana en primavera, entrar a los rayos, a lo largo de los árboles muertos del invierno.

    Llegué a casa sin aliento. Desenvolví mi pequeña carga y la calenté al lado de las brasas, éstas, ya reducidas y también fatigadas, empezaban a extinguirse en la vieja "lareira".

    Ni siquiera entonces, supe que esa noche, era la noche más buena del año. Su primera Nochebuena.

    Solo pensé, al fin :- Qué si yo la había parido, tenia derecho a quedármela.

    A los pocos días, la llamé María, creo que Ella se lo merecía,después de todo.

    Hoy cumple seis inviernos ya, Madre.

    María Cainzos
    Participante

    19 diciembre, 2019 a las 12:26 am ver respuesta

    Zenda el 18 de diciembre, 2019 a las 11:51

    ¿Qué puedes hacer este final de año y hasta el 6 de enero? Entre otras cosas, participar en el cuarto concurso de cuentos de Navidad de Zenda, que está dotado con 3.000 euros en premios y patrocinado por Iberdrola.

    El jurado del certamen lo forman  escritores Juan Eslava Galán, Juan Gómez-Jurado, Espido Freire, Paula Izquierdo y la agente literaria Palmira Márquez.

    El jurado, que elegirá un ganador y un finalista, valorará la calidad literaria y la originalidad de los textos. El primer premio está dotado con 2.000 € y el segundo con 1.000 €.

    A continuación te explicamos cómo participar.

    1) Los cuentos deberán ser originales e inéditos. La extensión mínima de los textos es de 100 caracteres y la máxima, de 1.000 palabras. Cada concursante podrá participar con un máximo de dos textos.

    2) Debes publicar tu historia en internet, como entrada de un blog, como una anotación en Facebook, en Twitter con un tuit o un hilo, o en Instagram mediante una publicación o una historia destacada.

    3) Después, si aún no estás dado de alta debes registrarte en este foro de Zenda y escribir una respuesta al final de esta misma entrada. En la respuesta, incluye la dirección donde has publicado el texto. No es necesario publicar aquí el texto completo, basta con la URL (la dirección web).

    4) Calendario del concurso: puedes participar el miércoles 18 de diciembre de 2019 a las 12:00, al lunes 6 de enero de 2020 a las 23:59. El miércoles 8 de enero publicaremos en Zenda una selección con los 10 cuentos que optan a los premios. El viernes 10 de enero de 2020 se difundirán los nombres del ganador y del finalista.

    Y podrás divulgarlo con la etiqueta #cuentosdeNavidad en las redes sociales.

    En este enlace puedes consultar las bases del concurso.

    ¡Participa y escribe tu relato!

    ¡Hola amigos!. No he podido participar en el concurso anterior por unos minutos. Esta vez, he aprendido la lección. Muchas gracias por dar tantas oportunidades, a los que nos gusta escribir. Y sobre todo, mucha suerte a todos.

    Mi cuento:

    Jesús creía en los Reyes.

    Jesús era un niño de Estercolero; su madre robaba basura, al gigante gris, que vivía cerca de su casa de latas. Por lo demás, Jesús era un niño como todos; bueno, quizás un poco más ingenuo que la mayoría de su edad.

    La noche era extraordinariamente clara, acostado en el oxidado catre de su madre, bajo una vieja manta, fantaseaba el niño, con la historia que su tío Lucas, tan solo dos años mayor que él, le repetía cada año, para hacerle rabiar. - Los Reyes no existen, son unos padres de "porai". Eres bobo de remate, Jesús, ya deberías saber eso con once años, vas a ser como tu madre, un "pa na'. Y Jesús lloraba sin consuelo, pellizcando a su tío y diciéndose por lo bajo, que un día le iba a restregar por la cara, la verdad.

    Estaba el chiquillo solo, como de costumbre; su madre, aprovechaba las noches de luna llena, para afanarse un poco más y conseguir tesoros que, al dia siguiente, hubiesen desaparecido, y que ahora podría, sin que nadie la viese, "guardárselos "para ella.

    También su tío, le había contado a Jesús que, en todo caso, si los Reyes existieran, que estaba bien seguro que no, necesitarían una señal, para saber dónde había niños y si querían regalos... Unos zapatos puestos en la ventana, servirían. Jesús no tenía zapatos, bien lo sabía Lucas, pues él tampoco llevaba, pero gozaba, con la frustración sin solución, del pequeño. Aunque luego, se le quedaba una sonrisa amarga y se reconciliaban rápido.

    Jesús corría descalzo por todas partes; libre y feliz, nunca se hacía daño, pues había desarrollado, piel de "Gato sin botas", consiguiendo así, amortiguar golpes y arañazos.

    Meditando donde podría conseguir, esa noche, unos zapatos, no conocía a nadie cercano que los tuviese, se le ocurrió, lo que parecía una maravillosa idea... Arrimaría el catre, al pequeño agujero, que hacía las veces de ventana, y los Reyes, con su gran poder y magia, verían seguro, sus pies, a falta de zapatos ; hasta puede que le trajesen algo para ellos. Se durmió Jesús, con los pies hacia la luna, tranquilo, confiado en que los Reyes de Oriente, le verían y si le dejaban algo, el callaría, se lo entregaría a su madre y si ella, consiguiese venderlo... A saber,¡cuántas cosas buenas pasarían después...!. Soñando quimeras, se durmió, nuestro joven Don Quijote famélico, quedándose profundamente dormido, sin necesidad de cenar.

    La Luna de Reyes y Mendigos, viendo los pies desnudos del niño, se apiadó de Jesús, como madre buena y alargando sus manos, hoy tan blancas, le dejó cubiertos los pies, regalándole su fina piel, a modo de inmaculados calcetines, con femenino, brillo dorado de estrellas.

    A la mañana siguiente, con su curtida cara, fría, pero con un agradable calor, inusual, en los pies, se despertó Jesús. - ¡Han venido los Reyes!. Lo sabía, había creído en ellos desde pequeño y ahora ellos, se lo habían agradecido , como tantas veces, le había dicho su joven madre. - Una noche vendrán, una noche...

    Y vinieron...

    La puerta enclenque, de pobre hojalata, se abrió, la cara dulce y redonda de su madre, se llenó de luz, al instante, viéndole tan contento.

    -¡Mamá, mira lo que me han traído los Reyes!¡Mira, mamá!. Y se señalaba los pies, como si nunca se los hubiese visto.

    Dos lágrimas del cristal más puro, cayeron de los ojos de María, la de los ojos verdes, la extranjera.

    ¡Mamá, son blancos, ni manchas, ni "abujeros".¿Puedo quedármelos, mamá? ¿Puedo?. Suplicó Jesús compungido. No olvidaba su promesa, pese a la emoción, pero ahora, le dolía hacer un feo a los Reyes, con lo bien que se habían portado.

    -¡Claro que sí!. Le respondió su madre, orgullosa. Los regalos no se devuelven, nunca. Son solo para ti. Para días especiales, como hoy. Y se abrazaron, tan unidos, como cuando habían llegado, a la "Tierra de las Oportunidades", donde ahora seguían anclados, por su amor a los sueños... Fue tanto el valor que desprendían, que la luna, todavía pendiendo del cielo, se retiró al fin, enternecida, para dejar que Lorenzo, ya levantado en llamas, diese aún más brillo, a los calcetines de bailarina, que tanto disgustaron a Magda, aquella niña bien que vivía en el centro, cuando los descubrió, traídos por Papá Noel, la noche que nació Jesús, el Nazareno.