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#MiMejorMaestro Relato: Mi maestra con nombre de Reina Autor: Eduardo Cárdenas. Costa Rica   Mi infancia olía a tortillas recién hechas y a miel de manzanas con canela. Pronto esos olores de la casa de mi abuela, desaparecerían.  Ese año en particular, nos mudaríamos de la ciudad al campo, a un lugar llamado Guácimo de Limón. El nuevo hogar era  tan ajeno a mí, porque me había acostumbrado a vivir en el Valle Central, donde el ruido del viento huracanado que bajada por las montañas me daba la sensación de estar más cerca del cielo. Es muy difícil  explicar los sentimientos confusos que me albergaban en ese momento. Por un lado, sentía la emoción de conocer nuestra primera casa propia, esas cuatro paredes donde podía colgar al fin un crucifijo, y por otro lado, tenía una angustia incesante, llena de agravios y nostalgia atorada en mi garganta a punto de desbordarse  por mis ojos. Pero no podía llorar, nunca pude hacerlo, ni aun cuando en mi vieja escuela nos decían que los comunistas comían chiquitos.   Iba a comenzar mi tercer grado de la escuela ese 3 de marzo de 1986. Hacía un calor insoportable en épocas de Guerra Fría. Me encontraba en la periferia de mí mismo cuando entramos en la escuela nueva. La casa de enseñanza era bastante pequeña, y estaba conformada por tres aulas, un salón de reuniones, dos baños, un lavamanos, una plaza de futbol y un patio de juegos. También tenía un comedor y una huerta.   -       Mi otra escuela no tenía plaza ni huerta - pensé en ese momento. Cuando  conocí a la maestra con nombre de reina, era las 8:30am. Ella salió de su salón de clases para hablar con mis padres y me invitó a pasar a su salón para presentarme con todos.  No había asientos disponibles para mí, pero un niño se puso de pie y me cedió su lugar, su nombre era Randall y nos convertimos en mejores amigos desde ese primer día. En las pequeñas escuelas del campo había dos o tres maestras encargadas de educar a los hijos de familias pobres,  ricas y de clase media. En aquellos tiempos no había escuelas privadas, solo en la capital, así que todos los niños asistíamos a la misma escuela, recibíamos la misma educación y nos vestíamos igual. El nombre de mi maestra es María Antonieta, pero  todos le decían Antonieta. Existía la tradición de llamar a la maestra ¨niña¨, pero esta maestra  no era como las demás docentes que había conocido. A ella no le gustaba que la llamasen ¨niña¨, así que para referirse a ella solíamos utilizar el apelativo de maestra. Era alta,  blanca, delgada y tenía el cabello corto a lo garçon; usaba una blusa amarilla con un pantalón negro. Esa fue la primera vez que vi a una mujer con cabello corto y usando pantalones. Luego, me enteré que durante su carrera profesional trabajó en escuelas donde debía montar a caballo por 4 horas de ida y de vuelta. A veces la imaginaba como una heroína montada en corcel con sus libros bajo el brazo rescatando a niños de la ignorancia y eso no se podía hacer en faldas. A través de mis ojos de niño de 9 años, ella era una mujer empoderada y enseñaba con  una devoción que no había visto antes en mis otras educadoras. No nos permitía hacer tachones en los cuadernos, había que escribir muy ordenado y seguir paso a paso sus indicaciones. Nadie quedaba rezagado, ella se iba pupitre por pupitre a revisar todo lo que hacíamos y a corregir los errores con tono firme. Recuerdo que ella también nos enseñaba a decir ¨por favor¨, ¨gracias¨, a cepillarnos los dientes, a llegar bañados a la escuela. No sólo era estricta  con nosotros en clase, sino hasta con los padres de familia. Era la única que le decía las verdades en la cara a cualquiera. Y es que en ese pequeño pueblito de San Luis, ella era una mujer intimidante y muy respetada incluso por las demás maestras. Sabía defenderse y defender a quien lo necesitaba. En un tiempo donde la violencia doméstica era lo normal, ella desafiaba todo el sistema patriarcal. Años después me enteré que había tenido dificultades en su matrimonio y mientras trabajaba como maestra, seguía estudiando en la universidad para sacar todos sus títulos y llevar las riendas de su hogar. En 1968, cuando mi maestra  apenas comenzada su gran carrera de educadora, fue enviada a lugares remotos donde ninguna maestra de la capital quería ir. En sus múltiples trabajos en Guanacaste y San Carlos el único medio de transporte era el caballo, o caminar por largas horas para cumplir su tarea titánica. En aquella época ganaba un salario de   ₡3 800 colones al mes, que al tipo de cambio actual es aproximadamente € 5,12 euros. En 1969,  fue trasladada a la zona atlántica, en la escuela de Santa Rosa de Río Jiménez. Luego, fue nombrada en 1977 en la Escuela de San Luis de Guácimo, donde la conocí y donde trabajó hasta 1999, fecha en la que se retiró, con una módica pensión de ₡395 000 colones mensuales, aproximadamente € 533 euros. Aunque esté pensionada, es frecuente encontrar en su casa estudiantes de todos los niveles  que buscan  su ayuda. Sigue usando el cabello corto y jamás la he visto en falda. Gracias a ella, me convertí en profesor, conferencista y escritor. Aprendí a querer a mi nuevo pueblo y amé ir a la escuela cada día. En mi carrera profesional nunca tuve la oportunidad de enseñar a niños como lo hacía ella, pero como profesor de idiomas  enseño con el mismo amor compulsivo con el que nuestra maestra nos trató.  Continué con su teoría de aprendizaje, tratando de identificar las fortalezas y debilidades de cada uno de mis alumnos, y a veces me encuentro de pupitre en pupitre corrigiendo a mis estudiantes de la misma forma en  que lo  hacía ella, con una sonrisa en el rostro y no permitiendo tachones en el cuaderno. https://www.facebook.com/hashtag/mimejormaestro  

https://www.blogger.com/blog/post/edit/6761958854722543243/8992765916212051102   Domadora de imberbes   Con la Calaudi empecé con el pie izquierdo. Eso fue cuando dictaba Geografía y a pesar de soñar desde pequeño con recorrer el mundo sin ataduras, los datos estadísticos, demografías y densidades poblacionales me aburrían de sobremanera. No entendía porque Bonn era más importante que Berlín. Podía ser capital, pero resultaba más interesante la ciudad por entonces dividida. Hasta los alemanes me terminaron dando la razón y hoy los diarios no la nombrar ni siquiera por error. Pero eso fue una suplencia. Al año siguiente se presentó como titular de Literatura y las cosas fueron otro cantar. Como un jugador de balompié que entra cauto desde el banco a hacer sus primeras armas, cuando supo ganarse el puesto, también conquistó a la afición. Éramos cuarto sexta de un renombrado colegio hacía tiempo ya entrado en decadencia, el Nacional Nº 9, nuestro grupo resultaba un hato de bestias peludas dispuestos a acabar con la paciencia y la vocación que los maestros mal pagos hacían hasta lo imposible por mantener a flote junto a su paciencia y su salud mental. La democracia en la Argentina recién comenzaba. Veníamos de épocas muy turbias. Nuestras mentes también sacudidas por embestidas hormonales aún no alcanzaban a procesar tanta demencia en toda su dimensión. Un coronel retirado de tendencia autoritaria era nuestro vicerrector y añoraba transformar las aulas en grupos de tarea no infestados de libertades y pensamientos individuales, que comenzaban a aflorar. Fracasó como sus camaradas de alto rango en la tragedia de Malvinas. Teníamos profesores cansados y oprimidos, que seguían el camino a su jubilación por inercia. Otros eran más embromados, nostálgicos tempranos de un tiempo que por fin se estaba yendo, pero no lo hacía sin resistencia. Dentro de ese panorama, cualquier párvulo inconsciente con tizas en sus bolsillos, se creía el Che Guevara tomando posición a tiros contra el pizarrón sintiéndose en Sierra Maestra. La Calaudi nunca usó la coerción de las amonestaciones ni permitió la balcanización de aquellos territorios libres de treinta metros cuadrados que eran nuestras aulas. Entró por esa puerta sabiéndose visitante  y en cuarenta minutos se retiró de local. Lo único que la privó de la ovación fue ese miedo conjunto de manada pendenciera que nos impedía mostrar sensibilidad, so pena de juzgarnos de maricas en épocas en que ese mote era un crimen y la confesión de la diferencia resultaba un suicidio social. Manejó a esa jauría de imberbes sin látigo y sin espuelas, con gran profesionalidad y un cariño velado que el programa de estudios no incluía. Apuraba con sutileza textos tan rancios como lenguas muertas y sugería a Cortázar mientras a veces por lo bajo tarareaba a Serrat, en épocas que el zurdito catalán no era bien visto por las elites porteñas. Una declaración de principios al contagioso ritmo de “Fiesta”. Sin deschavar nunca la mano, sabíamos que sus cartas ganadoras tenían que ver con su serena presencia. Temblábamos y nos rebelábamos al oír hablar de autoridad y ver que alguien podía domarnos con su personalidad y no con palos, apenas si nos cabía en nuestras castigadas molleras. Hoy en día, ya más blando por la edad, entiendo el lema tácito de una lección de instrucción cívica, que si bien no era su métier, nos regaló como yapa por el simple hecho de quererla: la única forma de conseguir respeto es respetando. Lo demás es miedo o conveniencia. Luego de un exigente año de estudios incurría en el realismo mágico y los cuatros que bordeaban el aplazo se redondeaban en nueves, si sabía que el esfuerzo había sido mayor que el entendimiento en algunos rezagados con problemas de sesera. Uno o dos años más tarde, mientras celebrábamos nuestra graduación, los argentinos recibimos el gran premio de salir campeones mundiales y el imborrable privilegio ser testigos y contemporáneos del descomunal gol de Maradona a los ingleses. Pero antes de aquel día en un lejano lugar cuya geografía siempre se me hizo dura, la Calaudi gambeteó por izquierda y por derecha, desparramándonos a todos por el piso (eso que éramos más de treinta) y encarando con desfachatez a nuestras férreas defensas contra la actividad académica, le clavó un golazo de antología a nuestras escasas ganas de estudiar.

Mi participación en #MiMejorMaestro - ES MOMENTO DE MI CAFÉ https://dehoyoslaura.blogspot.com/2021/01/es-momento-de-mi-cafe.html  

https://anitaisgolden.wordpress.com/2021/01/16/el-cesarito/ Mi relato

Mi relato esta en Instagram https://www.instagram.com/invites/contact/?¡=j3m0194ftnw4&utm_content=hhk7j7I Gracias y suerte a todos