• Nilsa Carrasco
    Participante

    11 marzo, 2022 a las 11:39 am ver respuesta

    Mildred Niño el 29 de abril, 2021 a las 10:12

    Hola, me llamo, Mildred Niño, autora de El Blog de Mildred, escritora digital en crecimiento e Ingeniera Química de profesión. Quiero compartirte mi iniciativa cuyo objetivo es entretener y fomentar la lectura a través de escritos originales y únicos.

    👉 Libros Electrónicos para Descargar (PDF y EPUB): www.elblogdemildred.com/libros

    👉 Historias, Cuentos Infantiles y Relatos: www.elblogdemildred.com/blog

    👉 Frases para toda ocasión: www.elblogdemildred.com/frases

    👉 Audio Relatos: www.elblogdemildred.com/audio-relatos

    👉 Audio Relatos Youtube: www.youtube.com/Elblogdemildred/AudioRelatos

    👉 Como Instalar Aplicaciones en el PC para leer Libros Electrónicos: www.youtu.be/hFm1HuzYYEo

    👉 Mi canal en Youtube: www.youtube.com/Elblogdemildred

    Estoy seguro que juntos lograremos crear una gran comunidad para hacer de la lectura más increíble e invitar a quienes aun no han iniciado en este grandioso mundo, a que se deleiten con la narrativa literaria.

    Gran aporte, gracias!

    Nilsa Carrasco
    Participante

    11 marzo, 2022 a las 11:38 am ver respuesta

    Carlos Garzón Guinea el 7 de enero, 2022 a las 23:20

    El mimo
    Como cada mañana, José Luis se ha despertado con el sonido de su despertador. No acostumbra a apagarlo inmediatamente, pues la melodía es alegre y le provoca una sensación de felicidad. Apura los últimos 5 minutos de descanso y abre la persiana con un delicado movimiento de dedos. Un cielo plomizo que amenaza lluvia le da los buenos días, pero no consigue borrar su sonrisa. Abre la ventana y una ráfaga de viento frío se cuela en el dormitorio, creando un ambiente fresco que le transporta a los veranos de su infancia en las faldas de Sierra Nevada.

    La música sigue sonando mientras se prepara para sus estiramientos matutinos. Se coloca de pie frente a la ventana y comienza a desentumecer sus músculos. Lleva haciendo los mismos ejercicios durante años y siempre fue muy flexible, por lo que alcanza sin esfuerzo todos los puntos de su cuerpo como un verdadero contorsionista. También realiza algunas muecas para trabajar sus músculos faciales. Su mirada al vacío se cruza con la de algunos de sus vecinos, que parecen asombrados con la plasticidad de sus movimientos. Él les lanza un ágil saludo con la mano y sonríe.

    Se dirige a la cocina y enciende la cafetera. Prepara unas tostadas del pan que le trae cada mañana el repartidor de la panadería frente a su apartamento. En pocos minutos, el olor del pan tostado se mezcla con el aroma del café que le regaló uno de sus mejores amigos a su vuelta de Colombia. Le encantaría visitar ese país. Su amigo le contó que la gente es muy feliz y se ríe mucho. Seguro que le iría muy bien allí.

    Vuelve al dormitorio y se dispone a vestirse. No tiene que pensar mucho: unos calcetines de rayas negras y blancas, con la goma ligeramente pasada, un pantalón negro con tirantes, muy ceñido, que ensalza su esbelta figura, y una camiseta ligeramente amarillenta, que en su día fue de color blanco inmaculado. A pesar de ser muy meticuloso con su vestuario de trabajo, hasta el punto de que sus amigos le dicen que su obsesión por la pulcritud y la apariencia es enfermiza, hoy no usará sus mejores galas. El día está gris y no se notará mucho. Además, los ingresos de las últimas semanas no han sido tan buenos como en navidades anteriores, así que prefiere apurar la ropa un poco más.

    Finaliza su preparación colocándose de pie frente al espejo del cuarto de baño. No ha dormido lo suficiente y su rostro le delata. Parece cansado, sus ojos están inyectados en sangre y las bolsas de sus párpados le añaden una edad que no alcanzará hasta dentro de varios lustros. Abre su maletín de pinturas y elige pinceles y brochas para la ocasión. Cuando hay poca luz necesita realzar la luminosidad de su piel, por lo que el blanco debe ser lo más puro posible para lograr un mayor contraste con el perfilador de ojos. Completa el maquillaje con un pincel, dibujando dos lágrimas gruesas de color negro en sus mejillas. Sabe que las lágrimas suelen estar asociadas a la tristeza, pero él las utiliza para hacer reír a los demás. Antes de salir, coge el desgastado sombrero de copa negro del perchero y se lo coloca sobre la cabeza. Como de costumbre, está a punto de olvidar su mascarilla de tela blanca, decorada con el dibujo de una amplia sonrisa.

    Es lunes, y hace pocos minutos se han apagado las últimas luces. Deja atrás el olor de la última hornada de su panadería favorita y enfila la calle para tomar el metro con dirección Puerta del Sol. Cada parada es un enjambre de miradas de curiosidad, aunque está muy acostumbrado a ser observado.

    Sube las escaleras y encuentra la plaza profusamente decorada con elementos navideños. Coloca su banco de madera de 25 centímetros de altura en el suelo, ligeramente apartado del lugar marcado que usa como referencia, hoy cubierto de hielo. Aún quedan restos de la nevada del pasado viernes, que paralizó la ciudad. A él no le importó mucho, pues la mayor parte del tiempo permanece inmóvil, incluso en días como el de hoy en que la temperatura apenas rebasa los cero grados.

    Grupos de viandantes apresurados salen en tropel cada pocos minutos de la boca de metro cercana, ataviados con abultados abrigos y bufandas. José Luis comienza a hacer gestos con las manos para llamar su atención, aunque ninguno de ellos parece reparar en su presencia. Desde que comenzó la pandemia, la gente no sonríe como antes. No lo puede ver, pues sus bocas están cubiertas por trozos de tela y poliéster, pero lo advierte en sus ojos. Juega a imaginar los rasgos ocultos de sus facciones. Aquella mujer debe tener unos labios carnosos y dientes perfectamente blancos. El niño del gorro de lana rojo tiene la cara traviesa y probablemente le falte algún diente. A ese anciano le cuesta mantener quieta la dentadura postiza por el vaivén de su mascarilla.

    Antes de terminar su jornada, José Luis acostumbra a recordar las caras de las personas a las que ha hecho reír ese día. Le motiva para mejorar en su trabajo y volver a casa contento. Sin embargo, puede contar con los dedos las del último año. Le duelen los huesos, ateridos, y aún más el alma. Intenta no venirse abajo. La situación es muy dura para él; el alquiler es caro, el precio de la comida no para de subir y las pocas monedas que recoge cada día no le alcanzan ni siquiera para renovar su vestuario. Pero sabe que, si él no consigue crear esos instantes de desconexión, nadie lo hará. La población también lo está pasando mal, y él solo puede ofrecer breves momentos de alegría a todos aquellos con los que cruza una mirada.

    Lo que la gente desconoce es que las sonrisas de un mimo son infinitas...

    Me gustaría participar!