• Olga Porres
    Participante

    9 julio, 2022 a las 3:26 am ver respuesta

    “El Loro”

     

    ¿Cómo va a querer sus huevos doctor?

    Todos los días a las siete de la mañana se escuchaba la misma pregunta. Primero, la hacía “El Loro” (ese era su nombre), y después Corona, la cocinera.

    Era un loro costeño, y como tal, su plumaje de diversos tonos de verde con pinceladas rojas tomadas del arbusto del gusano, el árbol en el que pasaba la mayor parte de la mañana hasta que el sol le quemaba.  Luego subía a lo más frondoso del limonar metiéndose quién sabe cómo para no espinarse, en el ramaje que le daba sombra.

    Imitaba todo lo que oía.  Reía con carcajadas burlescas cuando alguien no le gustaba.  Ladraba como Sultán, el perro.  Lloraba igual que mis sobrinas y mis hijos.  Lo más chistoso de oír era el balbuceo entre dientes imitando a Cipriano, el patiero tartajo y bravo que no soportaba que lo regañaran. Era un espía y eso a Cipriano no le gustaba y lo golpeaba cada vez que podía.  El Loro no se dejaba y se defendía picoteándolo.

    Nunca supimos cómo una vez se salió a la calle, probablemente Cipriano,  con mala intención,  no le cortó las alas y voló.  Lo cierto es que al medio día, cuando pasaban no sé cuántas camionetas que iban hacia Xela, San Antonio etcétera,   apareció en medio de la calle interrumpiendo el tráfico.  Le tocaban bocina y como si nada seguía en el medio, le ofrecieron tortilla y tampoco se movía, solo a mi mamá le hacía caso y ella no estaba, total, tuvieron que ir a buscarla y cuando llegó después de 15 minutos, el tráfico estaba detenido y El Loro al verla se dio la vuelta y buscó la puerta de la casa calladito,  calladito.

    Al casarme se quedó en la costa porque el frío no le hubiera gustado y sin su árbol no hubiera vivido.  Sin embargo, vivió treinta años pero cuando botaron el limonar no lo soportó y un día amaneció muerto.

    Yo lo quería mucho.  Presentí su muerte.  Lo soñé y pregunté por él. Lo que por un tiempo me habían ocultado me lo tuvieron que decir.