• Isaac Palmiola Creus
    Participante

    1 abril, 2018 a las 7:08 pm ver respuesta

    Zenda el 19 de marzo, 2018 a las 12:51

    Zenda convoca un concurso de relatos de ciencia ficción, dotado con 3.000 euros en premios y patrocinado por Iberdrola, en el que los participantes podrán adentrarse en el futuro. Este concurso cuenta con un jurado formado por los escritores Espido Freire, Agustín Fernández Mallo, Paula Izquierdo, Juan Gómez-Jurado, Alberto Olmos y la agente literaria Palmira Márquez.

    El plazo para participar en este concurso comienza hoy, lunes 19 de marzo de 2018 a las 12:00, y dura hasta el domingo 8 de abril de 2018 a las 23:59. El martes 10 de abril publicaremos en Zenda una selección con los 10 relatos que optan a los premios. El jueves 12 de abril de 2018 se difundirán los nombres del ganador y del finalista.

    A continuación te explicamos cómo participar.

    1) Las historias deberán ser originales e inéditas. La extensión mínima de los textos es de 100 caracteres y la máxima, de 1.000 palabras.

    2) Debes publicar tu historia en internet, como entrada de un blog, como una anotación en Facebook o como un tuit en Twitter.

    3) Después, debes registrarte en este foro de Zenda y escribir una respuesta al final de esta misma entrada. En la respuesta, incluye la dirección donde has publicado el texto. No es necesario publicar ahí el texto completo, basta con la URL (la dirección web).

    Y podrás divulgarlo con la etiqueta #CienciaFicción en Facebook y Twitter.

    En este enlace puedes leer las bases detalladas del concurso. ¡Participa!

     

     

    https://www.facebook.com/Palmi-1860435684019603/?modal=admin_todo_tour

     

    ¿QUÉ NO HARÍAMOS POR NUESTROS HUJOS?

    Isaac Palmiola

     

    -¿Qué no haríamos por nuestros hijos, eh? –suspira la mujer.

    Zamy asiente lacónicamente con la cabeza. Tiene un cuerpo vigoroso y un bello rostro de tez morena, sin arrugas, pero sus ojos son de viejo. Es algo imperceptible, pero a la vez imposible de ocultar. Lo mismo le ocurre a la mujer sentada a su lado. Tiene un cuerpo voluptuoso, una caída de ojos seductora y unos labios carnosos que invitan a ser besados, pero en su mirada solo queda la luz mortecina de los viejos que han sufrido demasiado.

    -La mía es adicta a la Zona Alterna. Ya sabes: sexo, drogas y violencia. “Allí me siento viva de verdad”, me dice. Y uno no puede hacer nada para impedir que vaya allí una y otra vez…

    Zamy se siente bien hablando con ella. Esas salas de espera están diseñadas para transmitir optimismo: música agradable y paredes blancas decoradas con imágenes de colores vivos,  pero nada puede consolar más a un hombre que hablar con una persona que ha pasado por lo mismo que él.

    -El mío también es adicto a la Zona Alterna –admite-. Nunca hemos conseguido que dejara de ir allí una y otra vez. Mi mujer estaba desesperada…

    -¿Eres viudo? –pregunta ella.

    Él asiente. Se le van los ojos. Le gustan las piernas de la mujer y  le gustaría descubrir sus pechos. Es solo un pensamiento fugaz, pero se imagina haciéndole el amor en su propia cama. Sabe que no debería pensar en esas cosas. Y menos en un momento como éste. Además, sospecha que la mujer se ha dado cuenta de hacia dónde miraba y suelta lo primero que le viene a la cabeza, nervioso.

    -Por suerte los padres de hoy ya no cometen los mismos errores con el diseño de la cadena de adn. A las nuevas generaciones ya no les interesa la Zona Alterna. En unas décadas esa pesadilla se habrá acabado.

    Los dos se quedan callados unos instantes. Zamy sabe que muy pronto le llegará el turno.

    -Yo también soy viuda. Él fue un gran padre, muy generoso. –ella le mira a los ojos-. Como tú.

    Esta vez Zamy la imagina desnuda con la cabeza apoyada en su hombro. También en su propia cama.  Siente paz acariciando su pelo sedoso. Des de que perdió a su mujer ya no tiene momentos así.

    Una onda de calor en el reloj de pulsera le advierte que le llaman. Se levanta del asiento y estrecha la mano de la mujer.

    -Zamy.

    -Gynah –sonríe ella-. Encantada de haberle conocido.

    Zamy avanza por el pasillo siguiendo las luces parpadeantes que le indican la localización del despacho donde va a tener lugar la entrevista. Conoce bien el protocolo porque ya es la séptima vez que tiene que pasar por ello. Se dirige hacia la puerta y esta se abre automáticamente.

    -Tome asiento, señor Zamy, Ciudadano Bgh765/&4. Le recuerdo que esa conversación será registrada y tendrá validez contractual. ¿Está de acuerdo?

    -Sí –responde él.

    La robot tiene una voz femenina muy agradable y su diseño está tan bien conseguido que resulta imposible distinguirla de una humana. En general los robots tienen un trato más cálido que los humanos, pero Zamy prefiere los viejos y huraños funcionaros de toda la vida. Los robots consiguen que todo sean aún más frío de lo que era antes, aunque también entiende que ya nadie quiera hacer ese trabajo.

    -El departamento ha recibido una solicitud para Restaurar la Conciencia del señor Xaal Prest, ciudadano 46_*731Ef, difunto el pasado 14 de abril del 2098 . ¿Correcto?

    -Correcto, es mi hijo.

    -El difunto ha consumido las siete Restauraciones de Conciencia que le pertenecen por ley –anuncia la robot.

    -Solicito donar una Restauración de Conciencia para que mi hijo siga viviendo.

    La robot recalcula al acto todas las variables y alarga el brazo para acariciarle la palma de la mano. Zamy no se deja tocar. No está de humor para esos gestos programados de introspección psicológica.

    -No le queda ninguna Restauración de Conciencia para donar.

    -Me queda mi vida –dice él.

    -En ese caso, diríjase por la puerta del fondo y tome asiento en la butaca. El departamento procederá a borrar de forma definitiva todos sus datos en la nube.

    A Zamy le tiemblan un poco las piernas cuando se levanta y empieza a andar. La puerta se abre automáticamente y frente a él se encuentra una butaca de piel sintética. No puede evitar pensar en su esposa. Ella también estaba nerviosa el día que se despidieron, pero un hijo es un hijo. Zamy toma asiento en la butaca y la encuentra cómoda. Dicen que es indoloro y que todo pasa muy rápido. Piensa en Gynah, en la mujer que estaba en las sala de espera, y se pregunta qué habría ocurrido si se lo hubiera pedido: “Vámonos de aquí, Gynah. Empecemos de nuevo juntos: tú y yo. Follaremos como adolescentes, haremos un tour por el espacio, adoptaremos un gato, vivi… ”.