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¡Hola! Me llamo Fernando Jerez Hernández, y mi relato se titula 'Los molinos'. Este es el enlace : https://fjerezsocialmedia.com/2022/05/26/relato-para-historiasdelcamino-los-molinos/ Muchas gracias, un saludo.

Hola: Me llamo Santiago Izquierdo Abad, y quiero participar en el Concurso de relatos Historias del Camino. Mi relato se titula EL BESO DEL APÓSTOL. Lamentablemente no soy capaz de colgarlo en internet en las formas solicitadas en las bases. Por eso lo que lo voy a escribir aquí. Espero ayuda y comprensión. Muchas gracias. Por si sirve, he publicado mi relato en mi página de Facebook https://www.facebook.com/Santiago-Izquierdo-Pintor-de-la-tierra-Castellana-1204831686219845 y en mi muro https://www.facebook.com/santiago.izquierdo.169 ::::::::::::::::::::::::::::::::: EL ABRAZO DEL APÓSTOL Adriano es un afamado maestro cantero de los de alta escuela, (dicen que su padre vino de un pueblo de Italia) que dibuja prodigiosamente y talla como nadie capiteles de pura magia. Tiene su taller junto a un importante monasterio que también es albergue y hospital de peregrinos que van a Santiago, y desde él ha visto pasar toda clase de caminantes. En efecto, ha visto a reyes, mendigos, soldados, monjes, fieles del común, bandoleros, traficantes, prostitutas, artistas. Ha escuchado atentamente a los que van a Santiago y a los que vuelven. De los primeros ha escuchado sus sueños, y de los segundos, sus testimonios. Conoce de corrido mil historias sobre el Camino, así que de tantas veces como las escuchó le fue aumentando el deseo de abrazar un día al Apóstol. Sucedió que por un azar del destino se vio relacionado con un lance de honor que afectaba a su hija y en el que hubo sangre. Aún sin aclararse por completo las circunstancias del caso fue condenado, mas le fue conmutada la pena por la de peregrinar hasta Santiago, pero con la condición de que lo hiciera comenzando desde la frontera con Francia, y que al final hiciera un detallado inventario de las obras de arte que encontrara, así como de los paisajes y las costumbres, y que compusiera un mapa con los caminos y las sendas. El peregrino acepta la sentencia confiando llegar a Santiago y abrazar al santo para ponerse en sus manos y pedirle que se aclare el suceso y él pueda limpiar su nombre. Consigue del tribunal que lo pueda acompañar su más aventajado discípulo, Judá —a quien ha enseñado todos los secretos de la talla de las piedras—, para aumentar su seguridad y poder consultar las cuestiones técnicas que pudieran presentarse. Los llevan en una carreta hasta el punto de inicio de su andadura y Adriano va tomando notas del aire y del paisaje y de todas las cosas de interés que tienen relación con el Camino: la nieve en los Pirineos, el verde en los valles, la Historia en Roncesvalles... Sus impresiones, notas y fantásticos dibujos quedan registrados en un precioso cuaderno de viaje, cumpliendo así los objetivos que le han encomendado. Quedan perfectamente retratados los montes de Navarra, el vergel de la Rioja, las llanuras de Castilla, el embrujo de Galicia. Quedan perfiladas las arcadas mágicas de Eunate, el gótico de Nájera, las filigranas de Burgos, el castillo de Castrojeriz, la imponente mole de Villalcázar, las vidrieras de León... Y en cada anotación y descubrimiento, Adriano va tomando conciencia progresiva del profundo sentido de la peregrinación. Pero desde hace ya varias jornadas, ya en tierras gallegas, no se encuentra bien a causa de un extraño mal para el que los médicos consultados no encuentran remedio. Le aconsejan descansar, pero el deseo de llegar a Santiago es tan grande que le hace más soportables los dolores. Prosigue el Camino, aunque cada día con menos fuerzas, dejando al cuidado de Judá las tareas y los dibujos. La jornada de hoy ha sido un calvario, pero en un esfuerzo supremo ha conseguido llegar hasta el Monte del Gozo. Quiere ver, al menos, las torres de la catedral porque sabe que no va a poder llegar a Santiago, que no verá el Pórtico de la Gloria y que no podrá hacer lo que más desea: darle un abrazo al Apóstol. Apoyado en uno de los árboles, llama a Judá. Con la vista perdida, pero fija en la catedral, tiene fuerzas para decirle. —Judá. Ya ves que yo no tengo fuerzas. Quiero que vayas tú y le des un abrazo al Apóstol en mi nombre. Yo, desde aquí, os acompañaré. Llévate este rosario y que te lo bendiga. Pero date prisa, por favor. Judá corre como un loco por las rúas empedradas hasta llegar a la plaza del Obradoiro, cruza el Pórtico de la Gloria sin detenerse a admirar sus maravillas, atraviesa las naves de la catedral, ve volar al botafumeiro, sube las escaleras y se abraza al Apóstol con el rosario entre sus manos y las lágrimas llenándole los ojos. Siente en el abrazo una especie de sacudida eléctrica, un ramalazo de júbilo, una como voz interior. Con las fuerzas recobradas retorna corriendo al Monte del Gozo. Encuentra al maestro apoyado en el mismo árbol donde lo dejó, casi sin aliento, pero con una luz especial en sus ojos. Mirándose en ellos, Judá proyecta en un segundo la película que acaba de ver Adriano, que es la de todo su viaje. Ve las vicisitudes desde que salieron de su casa, los caminos llenos de peregrinos de todas las edades y condiciones, el trabajo de los canteros, las plegarias de los fieles; revive los días de calor insufrible, las tormentas que llenaron sus pulmones de agua y sus ojos de azul, los bosques impenetrables y llenos de misterios, las llanuras eternas. Escucha las salmodias de los monasterios más recónditos, descifra las claves más antiguas de los templarios y los puntos más emblemáticos de un camino legendario. Escucha las conversaciones y confidencias que ha tenido con su maestro sobre el arte supremo de la vida. —Adriano, despierta. Aguanta un poco más, por favor. Le ofrece el rosario bendecido por el Apóstol y Adriano lo besa lentamente con una sonrisa indescriptible. Judá lo abraza con toda la ternura de que es capaz y ambos saben que no es el abrazo del maestro y su discípulo, sino que Adriano siente que lo está abrazando el Apóstol. Fundidos en el abrazo sin tiempo, el viejo peregrino ve cumplido su sueño de abrazar al Apóstol. Lentamente el sol se pone entre los rezos de las campanas y los cánticos de aleluyas amargas. Es veinticinco de julio y es domingo. Sobre la concha del viejo peregrino ha florecido una rosa blanca. En el cielo gallego se abre un abrazo de luz que Judá dibujará magistralmente para la Historia. Era el abrazo del Apóstol. Santiago Izquierdo 646 77 50 13 Muchas gracias por la ayuda: Buen camino

Buenas tardes. Repito mi entrada en este Foro con el cuento "Emoción en El Camino". En la ocasión anterior no he puesto bien la dirección electrónica. Muchas gracias. https://www.facebook.com/bartolome.alba.5/posts/pfbid02p9aBLsY6sv3MhYM1YcxV9cjqMy7ohFR8aemhQLx8KbvaJepztcJJ3fmVee6iRFNpl

Buenas tardes. Adjunto dirección de "Emoción en El Camino". Muchas gracias y un saludo para todos. https://www.facebook.com/bartolome.alba.5 EMOCIÓN EN EL CAMINO   ¡Qué bien lo he pasado esta mañana! Recorrer el Camino de Santiago es una maravilla, un espectáculo. Viajar por la mañana es estupendo, pero recordar por la tarde no lo es menos. Este es mi momento, después de comer y dormitar un poco me deleita recordar la jornada santiaguina. La ruta matinal me da “alimento” para todo el día de hoy y el de mañana hasta la siguiente jornada. Viajamos cada dos días unos veinticinco kilómetros. ¡Y qué bien prepara el viaje José Antonio! Se lo trabaja. Estudia la orografía del terreno, flora, fauna, clima, urbanismo, leyendas, menciones literarias,… y a veces probamos la gastronomía del lugar: el lujo de una pequeña mariscada. Y lo más importante: su sonrisa. Se lo pasa muy bien, se le nota, le brillan los ojos. Mi marido me ama con locura. Y yo a él. Seguro que también me ve contenta. Hoy hemos hecho un recorrido desde Villafranca hasta O Cebreiro. Una imagen de un viejo puente con sus piedras vestidas de musgo, su arco de medio punto rodeando la vida, su dovela clave como clave del mundo, su alma conocedora de tantas almas… me ha emocionado y ha ocupado largo rato mis pensamientos y mi corazón. José Antonio se empeñó en que el Camino lo hiciéramos cada dos días. Dijo que así era todo más reposado. Yo creo que lo que quería era tiempo para preparar la siguiente jornada. Ahora se lo agradezco, cada trayecto lo disfruto repetidas veces hasta la siguiente ruta. También insistió en que el viaje debía durar dos meses. Por eso empezamos en Roncesvalles y terminaremos en Santiago de Compostela. Ya estamos por más de la mitad. Yo quería más tiempo, pero me dijo que no; si sobraba tiempo haríamos otro viaje. Todo esto no acabo de entenderlo. Quizá quiere poder terminar este viaje a toda costa. ¿Tiene miedo de no terminarlo? ¿Empezaríamos otro que se podría quedar a medio? ¿Quizá es este un último viaje? Bueno, no quiero pensar más en esto. Lo cierto es que cada mañana se deja el trabajo y pasa dos horas conmigo viajando. Por las tardes también trabaja. Vuelve al anochecer. Me gusta recordar el periplo de cada día, desde el principio hasta el final. Siento el aire del camino, el olor de la vegetación, el beso del mar, la serenidad de las gentes. El Camino es un viaje religioso y mucho más. Es un ver, un vivir, un encuentro con la vida. Estoy viviendo mucho más que cuando daba clases en el instituto. Viajar con mi marido me encanta, hacerlo por estos parajes también y pisar las pisadas de Santiago Apóstol baña mi espíritu y lo mantiene en sal marina. Ni el cáncer ni esta silla de ruedas me pueden impedir que camine el Camino de Santiago.   BARME.