• 24 junio, 2021 a las 11:31 pm ver respuesta

    Zenda el 8 de junio, 2021 a las 10:43

    Zenda celebra un nuevo concurso en el que ya puedes participar, en este foro. Un concurso de sueños. De sueños deportivos, profesionales o personales, de sueños de gloria, a través de relatos, de narraciones ficticias o reales. Cuenta tus #SueñosdeGloria desde hoy, 8 de junio, el domingo 27 de junio, y participa en este concurso, dotado con 2.000 euros en premios y patrocinado por Iberdrola.

    El jurado de este concurso lo forman los escritores Juan Eslava Galán, Juan Gómez-Jurado, Espido Freire, Paula Izquierdo y la agente literaria Palmira Márquez.

    El primer premio está dotado con 1.000 €. El premio para los dos finalistas es de 500 €.

    A continuación te explicamos cómo participar.

    1) Los textos deberán ser originales e inéditos. La extensión mínima de los textos es de 100 caracteres y la máxima, de 1.000 palabras. Cada concursante podrá participar con un máximo de dos textos.

    2) Debes publicar tu relato en internet, como entrada de un blog, como una anotación en Facebook, en Twitter con un tuit o un hilo, o en Instagram mediante una publicación o una historia destacada.

    3) Después, si aún no estás dado de alta debes registrarte en este foro de Zenda y escribir una respuesta al final de esta misma entrada. En la respuesta, incluye la dirección donde has publicado el texto. No es necesario publicar aquí el texto completo, basta con la URL (la dirección web).

    4) Calendario del concurso: puedes participar desde el martes 8 de junio de 2021, al domingo 27 de junio de 2021 a las 23:59. El miércoles 30 de junio publicaremos en Zenda una selección con los 10 relatos que optan a los premios. El viernes 1 de julio de 2021 se difundirán los nombres del ganador y de los dos finalistas.

    Y podrás divulgarlo con la etiqueta #SueñosdeGloria en las redes sociales.

    En este enlace puedes consultar las bases del concurso.

    ¡Participa y escribe tu relato!

    Buenas noches,

    Adjunto el enlace a mi relato.

    https://www.facebook.com/sebas84135

    Buscando la gloria.
    No importa la época, no importa el lugar, ni siquiera importa el por qué. Otro soldado más acaba de terminar su instrucción y está preparado y deseoso de ir al frente para defender a su país. En ningún momento se ha cuestionado la razón por la que su nación ha entrado en guerra. Es joven, rebosa vigor y energía por cada poro de su cuerpo y ansía el reconocimiento, ansía la gloria; sus padres y hermanos, su mujer y su niña estarán orgullosos. Sabe que no sentirá miedo al entrar en batalla, que no dará nunca un paso atrás y cuenta con desasosiego las horas que le quedan para entablar combate con el enemigo.
    Felizmente, su espera ha concluido. Se siente inmortal imbuido en el uniforme de campaña. Es nuevo, está limpio. Sus armas refulgen con inusitada prepotencia. Apenas puede contener dentro de su pecho los latidos de su corazón desbocado por la euforia y la tensión del anhelado momento. Vuelve la vista atrás para comprobar el estado de los soldados que hoy servirán bajo su mando. Le han escogido como su líder porque ha sido el más valiente, el más entregado, el más comprometido. Musita una oración y da la orden de atacar mientras echa a correr.
    Horas más tarde la batalla ha terminado. Han cumplido con su deber y han alcanzado el objetivo que les habían ordenado. Se sienta para beber un trago de agua de la cantimplora que le acerca alguien de su pelotón. Ninguna baja y ningún herido grave. Recita una breve plegaria de agradecimiento y se deleita pensando en la condecoración que le impondrán, en la ceremonia en su ciudad natal, en el orgullo de su familia. Respira profundamente e imagina la fantástica carrera que le queda por delante. Es un héroe y la historia le recordará y le colmará de parabienes. Un soldado corre hacia él. Se detiene bruscamente y le informa de la presencia de francotiradores en la zona a la vez que le saluda con marcialidad. Cuando intenta responder siente un golpe en la tripa que le tumba en el suelo. El tiempo se detiene, su vista se nubla y una especie de escalofrío le envuelve con parsimonia.
    Se acerca sin prisa al columpio en el que su preciosa hija de cinco años se balancea con lentitud. Continúa sintiendo esa molestia en el estómago que le obliga a reducir la velocidad de sus pasos. Nota una picadura en el muslo de su pierna derecha y piensa que el mosquito que le acaba de picar debe tener un tamaño descomunal. Prolonga el pensamiento y se le ocurre que, tal vez no haya sido un mosquito sino algún insecto que provoque una picadura más dolorosa.
    Retorna la vista al columpio. Su niña sigue allí. Aguza el oído y escucha su risa. Ese sonido penetra en su cerebro con una fuerza incontrolada y le produce una sensación de bienestar calmado. Es como si el sentimiento de felicidad le insuflase algún tipo de energía que recorre hasta el último rincón de su anatomía. Otra picadura en el muslo; muy cerca de la anterior, pero esta vez, es mucho más suave. Utiliza su mano derecha para sacudir la pernera del pantalón por si se ha colado algún bicho.
    Es consciente de que se ha acostado en la cama de su dormitorio y su hija pequeña se ha dormido encima de su pecho desnudo. Hace mucho calor y se ha quitado la camisa para jugar con ella. Ha cogido el biberón y le ha dado de comer. Después le ha sacado el aire con unas suaves palmaditas y se ha quedado dormida mientras él se tumbaba para acomodar uno de los cojines del sofá bajo su cuello. Poco a poco consigue acompasar su respiración con la del pequeño ser que yace sobre él. Le llega el olor dulce del champú que utiliza para lavar esa mata de pelo castaño que le va creciendo poco a poco. Sonríe.
    La tercera picadura se asemeja más a un pequeño golpe que a un picotazo. Ya no le duele el estómago y siente liviano su cuerpo. Su hija despierta y se abraza a su cuello mientras sus cuerpos empiezan a levitar. Su niña vuelve a reír con ganas y le besa la mejilla con una fuerza inesperada para un ser tan pequeño. Levantan el vuelo juntos, alcanzan las nubes de algodón y se mojan al atravesarlas. Es el mejor momento de su vida; está en la gloria. Cierra los ojos y escucha:
    - Gracias por la magia. Te quiero papá.
    El capitán médico llega corriendo para atender al teniente herido. Una bala le ha abierto un enorme agujero en el vientre. Intenta taponar el orificio con sus manos y el oficial se remueve de dolor. Le clava una primera inyección de morfina en la pierna derecha y sigue presionando la herida. Le pide al soldado que tiene a su lado que le ayude. Otra inyección de morfina mientras le coloca un vendaje con gasas que intenta sujetar con esparadrapo. El capitán médico se detiene y le pide al improvisado ayudante que le ponga una tercera inyección de morfina. Le realiza un suave masaje de reanimación cardiaca, aunque sabe que ya no sirve de nada.
    Mira la cara del teniente y reconoce un gesto semejante a una sonrisa en sus labios. Pasa una mano por detrás de su cuello, incorpora el cuerpo unos centímetros y mira esos ojos, ya vacíos, mientras sostiene con firmeza la cabeza y le dibuja, con sus dedos manchados de sangre, una cruz en la mejilla. Es quizá una muestra última de respeto por el sacrificio de la vida. Invadido de recogimiento y admiración le cierra los ojos a la vez que recita esa odiosa frase que no para de repetir:
    - Descansa en paz.