• 26 septiembre, 2021 a las 5:07 am ver respuesta

    Hola, no he podido comprobar que se halla enviado bien el archivo. perdon si lo he hecho, esta es la tercera vex, y no puedo leerlo en el foro no se porque. lo busco y parece que no se ha publicado

     

     

    Relatos entre abiertos de una ventana nibelunga.

    Siempre pensé que los nibelungos eran faunos que se escondían entre los bosques de los cuentos antiguos. Pero cuando crecí, supe que eran otras cosas, lo más cercano a este concepto del que oí alguna vez y que en el presente relato hago mención, fue alusivo en la magna obra del compositor Richard Wagner. A decir verdad cuando investigué sobre los nibelungos supe que los nibelungos eran otra cosa, no obstante a que escucho a Wagner desde tiempos inmemorables, nunca me interesé por develar el sentido de lo que significaba nibelungo hasta hace poco. Pero ya veréis qué son las jugarretas de la imaginación de un muchacho que lleva las palabras desconocidas al límite en increíbles consideraciones. Pues he aquí no la respuesta de qué es un nibelungo, sino lo que siempre pensé que eran los “nibelungos”.

    A finales del siglo XX nací. Nunca me dejaré de decir inclusive en estas épocas de nuestros días que,  los personajes históricos somos todos. Seguramente habrán unos que se noten más por sus acciones valerosas o deshonestas, pero finalmente la historia está escrita con los pasos de cada uno de los habitantes de la tierra. Desde el campesino que siembra la cosecha que nos alimenta, hasta el fabricante de la tinta con la que han escrito desde tiempos inmemorables los historiadores. El problema en este sentido que tiene la historia es que desde sus posibilidades, nombrar o dar reconocimiento a cada uno de los partícipes de este escenario que es la vida, haría tediosa e inaplicable la propuesta de hacer historia. Por eso a nuestra suerte devienen desde hace siglos métodos como el dibujo y la escritura para definir el conjunto de las acciones de nuestro paso por el cosmos. Así nació y se pintó la concepción de pueblo, villa o ciudad, país, nación. De este modo se hace justicia y los que no cabemos en las páginas de la memoria colectiva, no dejamos de ser parte de esta experiencia por mas inadvertidas que sean nuestras huellas.

    Quiero escribir sobre mí, un personaje histórico que ha padecido los efectos de nuestras acciones milenarias. No voy a olvidar de ninguna manera lo que decía sobre qué era para mí el ser nibelungo desde una apropiación personal de tal concepto, pero para ello es necesario hacer mi contexto. Nací cerca a los albores del siglo XXI. El mundo que todos conocemos había comenzado una cruzada para no olvidar la serie de holocaustos que habían iniciado en el siglo XIX, por eso se despliega por todos los rincones del mundo una serie de relatos sobre héroes, que encararon los males de otras épocas como lo fue la arremetida de las ideas que partieron en dos al siglo X-X (veinte). En esta época la villa en la que aún yo no había nacido, se convierte en la gran ciudad en la que nací. Y qué villa tan hermosa era, qué pueblo tan lleno de colores, flores como aires frescos que recorren sus parajes, esta villa en medio de un valle, al lado de un río serpenteante, cuanta alegría yace en sus habitantes; quien haya visto fotografías de estos personajes, darán fe y testimonio elocuente de la felicidad redundante, en sus gestos, rosadas mejillas, pintorescos vestuarios y la imagen de una vida tranquila.

    Al llegar la reconversión citadina a mediados del siglo XX, el aire se ennegrece, sabe a plomo, como a metal; lo que se veía en las ilustres y antiguas fotografías conservadas amorosamente en algunas bibliotecas desaparece, me refiero a la continuidad del paisaje. No quiero decir que hoy esta ciudad que fue una hermosa villa, hubiera perdido su encanto, pero había algo especial en esas fotografías de lejanas épocas  que al verlas te daba la sensación de que podías recorrer cada rincón con plena libertad. Yo, que cuando nací, crecí y pude actuar bajo mis propias fuerzas, intenté desenfrenadamente recorrer cada rincón de este montañoso valle que alberga la ciudad donde nací, me di cuenta de que el mundo ya había superado la desgracia que partió en dos al siglo XX, pero por alguna razón aunque el mundo estuviera en paz, la ciudad no lo estaba y el mundo, tampoco.

    Esta historia no termina aquí, en tragedia, es decir, por más combates, sangre derramada, guerra, bombas y locura frenética que hubiese en esta antigua villa cuando se acercaba al siglo XXI; que no lo mencionara anteriormente no dista de la realidad o el trasfondo de este relato pero así fue o es. Esta historia no termina aquí, ninguno de los nibelungos podría permitirlo. El río y sus afluentes son hoy corrientes de aguas negras, hay muchas montañas intransitables y no precisamente por la topografía; pero es que eso es lo que desde esta ventana nibelunga se deja ver, no queriendo decir con ello que eso es todo o que todo acaba así. Desestimar los logros que embellecen con ayuda del esfuerzo humano cada rincón que se permite restaurar en esta ciudad, eso sería muy triste, pero lamentablemente es parte de otra historia, o mejor, de otro capítulo de este relato. Porque para ser consecuentes esta serie de párrafos están enfocados a hablar de un personaje histórico “el nibelungo”. ¿Y a tanto de todas estas inquietudes, finalmente qué es lo que siempre pensé que es un nibelungo?

    Siempre pensé que los nibelungos eran faunos que se escondían entre los bosques de los cuentos antiguos, o más bien son como faunos pero sin bosques donde esconderse. Seres que trascienden el tiempo adquiriendo  la conciencia de los milenios, algunos de ellos sabios que ponen a disposición el saber a cambio de las mejores intenciones, otros tercos como perdidos pero finalmente guardianes de la vida, juguetones, traviesos y amantes de la música nocturna de las ninfas. Criaturas que gobiernan las leyes del universo inmaterial, amos del misterio y los acertijos; aliados de los dioses dispuestos a defender con valor el equilibrio de este mundo. Esos son los personajes que aman de verdad.

    26 septiembre, 2021 a las 2:17 am ver respuesta

    Zenda el 21 de septiembre, 2021 a las 10:14

    Escribe un relato —tienes de plazo desde el martes 21 de septiembre hasta el domingo 3 de octubre de 2021— ambientado en cualquier momento histórico que te parezca relevante o interesante, desde la guerra de Troya hasta la llegada del hombre a la Luna. Ponte en la piel de un personaje histórico de cualquier época y lugar; imagina que eres Napoleón, Cleopatra, Marie Curie, Gutenberg, Aristóteles..., y participa en el nuevo concurso de Zenda patrocinado por Iberdrola, dotado con 2.000 euros en premios.

    El jurado está formado por Juan Eslava Galán, Juan Gómez-Jurado, Espido Freire, Paula Izquierdo y la agente literaria Palmira Márquez.

    El primer premio está dotado con 1.000 €. El premio para los dos finalistas es de 500 €.

    A continuación te explicamos cómo participar.

    1) Los textos deberán ser originales e inéditos. La extensión mínima de los textos es de 100 caracteres y la máxima, de 1.000 palabras. Cada concursante podrá participar con un máximo de dos textos.

    2) Debes publicar tu relato en internet, como entrada de un blog, como una anotación en Facebook, en Twitter con un tuit o un hilo, o en Instagram mediante una publicación o una historia destacada.

    3) Después, si aún no estás dado de alta debes registrarte en este foro de Zenda y escribir una respuesta al final de esta misma entrada. En la respuesta, incluye la dirección donde has publicado el texto. No es necesario publicar aquí el texto completo, basta con la URL (la dirección web).

    4) Calendario del concurso: puedes participar desde el martes 21 de septiembre de 2021, al domingo 3 de octubre de 2021 a las 23:59. El miércoles 6 de octubre publicaremos en Zenda una selección con los 10 relatos que optan a los premios. El viernes 8 de octubre de 2021 se difundirán los nombres del ganador y de los dos finalistas.

    Y podrás divulgarlo con la etiqueta #HistoriasdelaHistoria en las redes sociales.

    En este enlace puedes consultar las bases del concurso.

    ¡Participa y escribe tu relato!

    https://foro.zendalibros.com/forums/topic/historias-de-la-historia-nuevo-concurso-de-zenda/

    #HistoriasdelaHistoria.

    Relatos entre abiertos de una ventana nibelunga.

    Siempre pensé que los nibelungos eran faunos que se escondían entre los bosques de los cuentos antiguos. Pero cuando crecí, supe que eran otras cosas, lo más cercano a este concepto del que oí alguna vez y que en el presente relato hago mención, fue alusivo en la magna obra del compositor Richard Wagner. A decir verdad cuando investigué sobre los nibelungos supe que los nibelungos eran otra cosa, no obstante a que escucho a Wagner desde tiempos inmemorables, nunca me interesé por develar el sentido de lo que significaba nibelungo hasta hace poco. Pero ya veréis qué son las jugarretas de la imaginación de un muchacho que lleva las palabras desconocidas al límite en increíbles consideraciones. Pues he aquí no la respuesta de qué es un nibelungo, sino lo que siempre pensé que eran los “nibelungos”.

    A finales del siglo XX nací. Nunca me dejaré de decir inclusive en estas épocas de nuestros días que,  los personajes históricos somos todos. Seguramente habrán unos que se noten más por sus acciones valerosas o deshonestas, pero finalmente la historia está escrita con los pasos de cada uno de los habitantes de la tierra. Desde el campesino que siembra la cosecha que nos alimenta, hasta el fabricante de la tinta con la que han escrito desde tiempos inmemorables los historiadores. El problema en este sentido que tiene la historia es que desde sus posibilidades, nombrar o dar reconocimiento a cada uno de los partícipes de este escenario que es la vida, haría tediosa e inaplicable la propuesta de hacer historia. Por eso a nuestra suerte devienen desde hace siglos métodos como el dibujo y la escritura para definir el conjunto de las acciones de nuestro paso por el cosmos. Así nació y se pintó la concepción de pueblo, villa o ciudad, país, nación. De este modo se hace justicia y los que no cabemos en las páginas de la memoria colectiva, no dejamos de ser parte de esta experiencia por mas inadvertidas que sean nuestras huellas.

    Quiero escribir sobre mí, un personaje histórico que ha padecido los efectos de nuestras acciones milenarias. No voy a olvidar de ninguna manera lo que decía sobre qué era para mí el ser nibelungo desde una apropiación personal de tal concepto, pero para ello es necesario hacer mi contexto. Nací cerca a los albores del siglo XXI. El mundo que todos conocemos había comenzado una cruzada para no olvidar la serie de holocaustos que habían iniciado en el siglo XIX, por eso se despliega por todos los rincones del mundo una serie de relatos sobre héroes, que encararon los males de otras épocas como lo fue la arremetida de las ideas que partieron en dos al siglo X-X (veinte). En esta época la villa en la que aún yo no había nacido, se convierte en la gran ciudad en la que nací. Y qué villa tan hermosa era, qué pueblo tan lleno de colores, flores como aires frescos que recorren sus parajes, esta villa en medio de un valle, al lado de un río serpenteante, cuanta alegría yace en sus habitantes; quien haya visto fotografías de estos personajes, darán fe y testimonio elocuente de la felicidad redundante, en sus gestos, rosadas mejillas, pintorescos vestuarios y la imagen de una vida tranquila.

    Al llegar la reconversión citadina a mediados del siglo XX, el aire se ennegrece, sabe a plomo, como a metal; lo que se veía en las ilustres y antiguas fotografías conservadas amorosamente en algunas bibliotecas desaparece, me refiero a la continuidad del paisaje. No quiero decir que hoy esta ciudad que fue una hermosa villa, hubiera perdido su encanto, pero había algo especial en esas fotografías de lejanas épocas  que al verlas te daba la sensación de que podías recorrer cada rincón con plena libertad. Yo, que cuando nací, crecí y pude actuar bajo mis propias fuerzas, intenté desenfrenadamente recorrer cada rincón de este montañoso valle que alberga la ciudad donde nací, me di cuenta de que el mundo ya había superado la desgracia que partió en dos al siglo XX, pero por alguna razón aunque el mundo estuviera en paz, la ciudad no lo estaba y el mundo, tampoco.

    Esta historia no termina aquí, en tragedia, es decir, por más combates, sangre derramada, guerra, bombas y locura frenética que hubiese en esta antigua villa cuando se acercaba al siglo XXI; que no lo mencionara anteriormente no dista de la realidad o el trasfondo de este relato pero así fue o es. Esta historia no termina aquí, ninguno de los nibelungos podría permitirlo. El río y sus afluentes son hoy corrientes de aguas negras, hay muchas montañas intransitables y no precisamente por la topografía; pero es que eso es lo que desde esta ventana nibelunga se deja ver, no queriendo decir con ello que eso es todo o que todo acaba así. Desestimar los logros que embellecen con ayuda del esfuerzo humano cada rincón que se permite restaurar en esta ciudad, eso sería muy triste, pero lamentablemente es parte de otra historia, o mejor, de otro capítulo de este relato. Porque para ser consecuentes esta serie de párrafos están enfocados a hablar de un personaje histórico “el nibelungo”. ¿Y a tanto de todas estas inquietudes, finalmente qué es lo que siempre pensé que es un nibelungo?

    Siempre pensé que los nibelungos eran faunos que se escondían entre los bosques de los cuentos antiguos, o más bien son como faunos pero sin bosques donde esconderse. Seres que trascienden el tiempo adquiriendo  la conciencia de los milenios, algunos de ellos sabios que ponen a disposición el saber a cambio de las mejores intenciones, otros tercos como perdidos pero finalmente guardianes de la vida, juguetones, traviesos y amantes de la música nocturna de las ninfas. Criaturas que gobiernan las leyes del universo inmaterial, amos del misterio y los acertijos; aliados de los dioses dispuestos a defender con valor el equilibrio de este mundo. Esos son los personajes que aman de verdad.