Introducción.
En Ventura, reflexiono sobre tres estados del ser —ventura, fortuna y felicidad— despojándolos de todo artificio.
No se trata de posesiones externas ni de reconocimientos públicos, sino de una experiencia íntima que nace sin impostura y sin necesidad de explicación.
Mi poema defiende un territorio esencial: el del sentir sin necesidad de darle sentido.
La felicidad no requiere ser razonada ni justificada; basta con ser percibida.
Es un verbo que se conjuga en la piel antes que en la mente. En este espacio previo al análisis, el sentir existe por sí mismo, libre de obligaciones, libre de discursos, libre de cualquier intento de apropiación.
La ventura, no es azar ni premio: es aquello que germina cuando la cordura permite que el sentir sea puro, sin usura, sin exhibición, sin posesión.
VENTURA
Ventura,
lo que está dentro de ti,
sin que nada pretenda usura.
Fortuna,
la de tener saberes
sin impostura,
sin alardes,
sin necesitar púlpitos
que alcen el grito
de legiones oscuras.
Felicidad,
tu verbo sin necesitar sentido,
sin ataduras.
¡Ay, felicidad!,
esclavitud de poseerte
en la locura,
con el ansia de beber la eternidad,
apresando tu sentir eterno,
derramando tu simiente
entre sinuosas amarguras.
Ventura,
lo que ha de venir
por caminos fértiles
sembrados de cordura.
© María Bueno, 2026 – Todos los derechos reservados.
Crítica.
El poema se sostiene sobre una tensión muy significativa: la diferencia entre sentir y dar sentido. Al afirmar “tu verbo sin necesitar sentido”, la autora no propone vacío ni irracionalidad, sino una forma de autenticidad radical: la experiencia vivida antes de ser explicada.
Esta idea atraviesa todo el texto.
La ventura no admite usura; la fortuna no necesita púlpitos; la felicidad no soporta la posesión. Cada concepto se limpia de lo accesorio hasta quedar reducido a su esencia. La felicidad, cuando se intenta poseer o eternizar, se convierte en esclavitud; cuando se deja simplemente ser, se vuelve verbo libre.
El cierre, “caminos fértiles sembrados de cordura”, equilibra el impulso emocional con una serenidad madura. No se trata de arrebato, sino de conciencia limpia: sentir plenamente sin que la reflexión imponga máscaras o exigencias.
Es un poema sobrio, conceptual y honesto, donde la mayor fuerza reside en esa defensa callada del sentir sintiendo, sin necesidad de explicación ni conquista.