Introducción al poema:
En este poema, se entrelazan la fragilidad y la fortaleza de cada ser con lo imaginado, lo soñado y la fuerza del querer.
La humanidad lleva siglos en la búsqueda de la piedra filosofal.
Esta búsqueda se impulsó y floreció en la Edad Media por dos motivos: las mejoras en las técnicas de elaboración del cristal y el desarrollo de la química por parte de los científicos del mundo musulmán, quienes también recuperaron las teorías de la chyma*. A través de la traducción de los antiguos textos griegos este conocimiento llegó a Europa, donde gozó de gran atención durante el Renacimiento.
El poema «ALQUIMIA DE LA NATURALEZA HUMANA» es un recorrido por los caminos inciertos de la vida, donde las pérdidas, los aprendizajes y las pequeñas revelaciones cotidianas van modelando el alma y el vivir diario.
ALQUIMIA DE LA NATURALEZA HUMANA
La humanidad y su naturaleza
es la evolución de almas,
viviendo entre caminos sinuosos
que día a día cambian,
sin que sepamos dónde
ni cómo llegar,
presintiendo encrucijadas
por las que no sabremos andar.
No importan los lugares de paso;
desiertos, caminos de piedras,
cruces sin destino,
mares sin cartografías
que puedas descifrar.
Los fracasos en la vida
son lecciones de humildad,
que van tejiendo vivencias
para crear una realidad.
Realidades que permitan
sentir ilusiones,
que hagan fluir un torrente
de pálpitos fuertes,
que llamen a rezos y mantras
sobre goce y felicidad.
Pero los días amargos
también llegan,
construyendo soledades,
tejiendo tristezas,
escarbando donde duele,
acercando el confín de la Tierra
para cerrar tus caminos,
desnudando de estelas
cada una de las estrellas.
Alquimia de la naturaleza humana
que nos empuja a regresar,
a la consciencia prendida
por hilos frágiles,
que soportan el peso
de raíces torcidas
para no tropezar.
Alquimia, esa que sabe reparar
esos días amargos que llegan,
para enseñarnos a reconocer
el valor de vivir,
entre realidades
que tu propia esencia mezclará,
dejando que la alquimia modere
el flujo de la naturaleza,
creando caminos que guiarán
al origen humano,
a la evolución de cada ser,
para enfrentar la dificultad
de la diversidad del sentir,
del imaginar,
desde sendas que tiran de la humanidad
con pociones mágicas,
con baños de realidad.
Mezclar eternamente
para no dejar jamás de soñar.
La piedra filosofal de la humanidad
carga sus miles de años,
para transformar
el valor de lo etéreo
del pensamiento humano,
uniendo imaginarios soñados
con la química real,
esa que puede curar
el dolor desde su origen;
lo físico y el alma en el caminar.
¡Ay alquimia, con tu piedra filosofal!
No tienes aristas
porque piedra no eres,
contienes la esencia
del pensar y transformar.
Sólo lo sentido,
macerado por la alquimia,
tiene rango de eternidad,
la tuya,
la que tu ensueño unirá
a tu realidad,
consiguiendo mezclar
lo divino y lo humano
en busca del infinito
con surcos en la mar.
© María Bueno, 2025.
*NOTA sobre la chyma, de la revista Siglo Digital.
La teoría de la «chyma» en alquimia, se refiere a la idea de que la materia está compuesta por cuatro elementos principales: fuego, agua, tierra y aire, y que la combinación y proporción de estos elementos determina las propiedades de cada sustancia. La palabra «chyma» proviene del griego y significa «fundir» o «derretir», lo que alude al proceso de transformación y mezcla de estos elementos.
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