INCOMPLETO
La belleza de lo incompleto
me asombra cada día,
cada momento que observo,
ver aquello que se muestra imperfecto,
que revela ante mis ojos lo efímero,
lo insuperable de la excelencia
de todo cuanto es incierto.
Las ramas retorcidas de un árbol
son su identidad y sello,
sintiendo que las formas de lo bello
aparecen en pequeños trozos de tiempo.
Los pinceles de cada día
dibujan instantes cargados de belleza,
pero incompletos.
Sé que lo efímero
es seguir construyendo,
sabiendo que, a cada paso,
todo va desapareciendo,
guardándose en el alma
que todos llevamos dentro.
Lo imperfecto es el origen,
lo sublime de mirarnos sin complejos,
lo hermoso de sabernos incompletos,
para nutrirnos de fuentes
cargadas de luz y deseos,
deseos que van tomando forma
con sólo sentirlos intensos.
Los sueños se transforman en realidades
cuando sabemos mecerlos;
ellos se convierten en claridades
que impulsarán tus mejores momentos.
Sueños, esos que empujan nuestro ánimo
al levantarnos cada mañana,
en busca de trocitos de vida,
devorando hasta el hartazgo
lo que el alma pida en cada momento.
Ella sabe de flujos cristalinos,
entre líneas torcidas,
de raíces sinuosas
que tejen el tiempo.
Mirar de frente cada detalle,
intuyendo el crecimiento
de la imagen que se va filtrando
hasta agarrar las entrañas
y cortar el aliento.
Nada es imperfecto
cuando una mirada observa
sin temores ni miedos.
Sueños,
aquellos que rinden la mirada
para empapar de frescura
el crecer de la vida
sólo con trocitos,
sin alcanzar lo perfecto
de cada sentir,
de cada momento.
Imperfecto:
miradas que atrapan
lo efímero de cada instante,
de cada momento.
© María Bueno, 2025.