VOLVORETA
Se irguió con lentitud
al levantarse en la «madrugá»,
para comerse el día a «bocaos»,
con ferocidad.
Los temores que la amenazaban
serían casi imposibles de frenar.
¡Fájate bien, que tu espalda
no se doble ante la adversidad!
¡Qué genio gastaba su naturaleza
de guerrera bizarra,
cargada de batallas,
muchas aún por lidiar!
Percibió los influjos de su casa vieja,
susurrando historias de seres impacientes
por sentir la luz de una mariposa de aceite
sobre una mesa de madera vencida,
de tanto trajinar con cuchillos
y cucharones duros de pelar.
Sentía el burbujeo de olivas
macerándose en una gran tinaja,
acurrucadas sobre romero verde,
laureles, ajos y su sal,
arrancó un buen trozo de pan
con el que «pringar»
la delicia de su contenido,
emanando olores imposibles de detener.
Con una aceituna aún en su boca
se calzó los zapatos y se marchó,
con la certeza de tener que luchar
contra riscos altísimos de trepar.
Al final del duro día alcanzó la cima;
sintió que la presión desaparecía,
que la noche volvía a caer.
Dejó su coraza en el camino
y sus temores
hasta el próximo amanecer.
¡Ay, noche!, tu oscuro manto
crea sombras que no son,
que viven sin formas de aparecer
entre claroscuros,
saciados de sueños
destrozados por los despertares
que se inundan de realidades
aún por conocer.
Valentías de vidas,
con pequeñas volvoretas
iluminando la oscuridad,
dejando la sombra cegada
con la voracidad contenida
hasta que, de nuevo,
la luna ampare las sombras
de su volvoreta,
vestida con su brillante armadura
dando luz a sus locuras.
Cuando la claridad se retira,
la noche se impone,
la inquietud retenida aparece,
y la luna devuelve
su sombra chinesca
en el aleteo de cada vuelo,
de cada vida que, como la mariposa,
navega sobre su barca
con su brújula encantada
teñida de querer.
Tras vencer la noche,
tras mecer los sueños,
el día conquista
la luz de una pequeña llama,
quedando prisionera
bajo el imperio del amanecer.
Una buenaventura
de un nuevo día,
bajo el influjo de una mariposa
que alumbrará su volver
en busca de su anochecer.
Nota de la autora:
Volvoreta: mariposa en gallego, históricamente se escribió siempre con dos uves, aunque el gallego normativo moderno la escribe con dos b (bolboreta).
Es cuestión de gustos, a mí me gusta más —aunque parezca una osadía— con las V, porque me recuerda a las alas de tan bello ser.
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