El aire no duerme.
Un reloj avanza en mí,
y una barca
navega en mi sangre
rebasando
mi edad.
Los sueños vagos
extravían
la esperanza,
como pájaros
sonámbulos.
La maravilla de vivir
es adelantar tristeza
y colgar las penas
en la alcayata
del otoño.
La luz en el mar
declina en la sal
y un puño de cal
blanquea
las tumbas.
Como pájaro ciego
vuelo
en mis metáforas
y las siento
en mis alas.
El aire no duerme
en las agujas del tiempo
y la barca de mi sangre
navega sin anclas
sus aguas.
Mi lecho
es la paz de la existencia,
que guarda
los secretos
del infinito.
María Isabel flores Rubio
Este poema recorre la experiencia interior del tiempo a través de imágenes de mar, luz y tránsito. Cada estrofa funciona como un instante detenido donde la conciencia observa su propio viaje: la memoria, la fragilidad, la vigilia. La voz poética avanza entre lo íntimo y lo universal, buscando en el movimiento de la existencia una forma de claridad y de paz.