El milano y la cigarra
«Siempre tan ocupada,
con el canto en la garganta,
usted no conoce penas
ni jilguero que no dé la planta... »
le dice un milano a una cigarra
mientras barre la acera
de su pequeña casa.
«Ni qué decir, señor milano:
oídos sordos hago
a los que, como usted,
reprimen por género
y por raza».