Hubo un día en que caminamos con los niños por un sendero que subía rodeando la montaña. Desde arriba, el agua bajaba por medio del camino haciendo surcos como pliegues en la arena; cientos de mariposas de todos los colores y tamaños se posaban sobre las piedrecillas sueltas. A medida que avanzábamos, el sonido del río comenzó a disminuir y el paisaje se hacía más silencioso. Nos sentamos por un momento bajo un bosquecillo de bambú, y nos parecía curioso que no hubiera ningún ruido; era una sensación maravillosa. Por un momento cerré mis ojos y respiré. Fue como sentir que toda esa quietud impregnaba mi cuerpo. Luego comenzamos a bajar y, mientras avanzábamos, me dio la impresión de que aquel lugar remoto y desolado era un paraíso: un lugar poco común, un santuario inmóvil que contenía todo lo que otros espacios no alcanzan.
A beautiful image