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La llave que gira

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(@joseaurelio)
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Ya sé que no hay regreso, solo la llave girando
en la grieta del costado
donde el tiempo deposita sus monedas falsas
y quema sus mapas rotos.
Tú y yo, dos náufragos que aprendieron
a respirar bajo el agua,
a contar los segundos exactos
que separan cada ola.

Los sueños quedaron en aquel café
de la calle donde el invierno
siempre llegaba antes que nosotros.
Las promesas se pudrieron como frutas
en un cajón hace tiempo ya olvidado.
Pero algo en el fondo del pecho
—un músculo viejo, una costumbre de luz—
siguió marcando el compás
de los días que no tuvimos.

Mira: las heridas no son cicatrices,
son idiomas que aprendimos
a hablar con besos en la noche.
Cada error fue un escalón
hacia esta mesa donde el pan
todavía calienta la mano.
Cada pérdida, un vidrio
que nos enseñó a ver el cielo
desde dentro de la casa.

No vine a decirte que el dolor se borra
—sería mentirle al espejo que nos devuelve
las arrugas exactas de lo ya vivido—.
Vine a mostrarte que el tiempo no pasa:
que se acumula como arena en los bolsillos,
y que pesa, sí, pero al tiempo es un ancla
que nos impide flotar hacia el olvido.

Celebra conmigo esta torpeza de estar vivos,
este andar a tientas por el cuarto oscuro
donde la memoria enciende sus fósforos.
Celebra los trenes que perdimos,
los besos que no dimos,
las cartas que nunca llegaron a destino.
Porque de todo eso
está hecho este instante:
un mosaico de fracasos
tan hermosos que duelen
como duelen las cosas
que al fin valen la pena.

Ahora sí, ahora que sabemos
que el amor no es un puerto sino una deriva,
que la esperanza no es un faro
sino la decisión de seguir remando
cuando el agua está negra
y el viento no recuerda nuestro nombre.
Ahora, justo ahora, cuando el mapa
no sirve y la brújula miente,
vuelvo a extender la mano.

No para salvarte
—no hay salvación que valga la pena—,
sino para decirte:
aquí está el frío, aquí está el hambre,
aquí está el miedo;
pero también este pan recién horneado,
esta taza de café humeante,
esta certeza de que el mundo sigue girando
a pesar de romperse, delante de nosotros.

Y en el centro del vértigo, un gesto:
tu mano en la mía, como dos náufragos
que deciden no llamar al rescate
porque han descubierto
que el fondo del mar
también alumbra estrellas.

 
Respondido : 29/07/2026 6:46 pm
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