Nadie le dijo a ella que si las estrellas explotaban en su cuerpo no tendría que ir a trabajar.
Nadie le dijo a ella que descansara.
Mientras sufría del parásito cerebral
ella tan triste y cansada
fue a trabajar.
Nadie le dió una mano
aunque les sobrara una
mientras ella se agarraba el cráneo
con las diez uñas.
Nadie se atrevió a saludar
pues tenía ojeras hasta las rodillas
¿quién querría hablar
con noche indigna?
Nadie la abrazó,
nadie la escuchó,
nadie le dijo que todo estaría bien
y nadie le dijo
que la invitaba a comer.
Lloró en el salón al volver
y se preguntó por qué no tenía a nadie
y le respondió una vocecilla de aire:
"Todo el mundo tiene un alguien en su piel
y tú eres nadie"
Resulta que Nadie era ella
y ella era Nadie,
que ella era primera
si se trataba de cuidarse.