Los pelícanos y la garza
Dos pelícanos observan a una garza mientras esta se come las moscas que revolotean alrededor de su estilizado cuello.
―Hay a quienes la necesidad les viene servida ―comentó, suspirando, uno de ellos―. A otros, en cambio, nos cuesta la vida.
―Hablar por lo que nos anima no atiende ni a instinto ni a medida ―replica el otro, con tirantez reprimida―. Por sabido doy que no es luz todo lo que ilumina…
La garza, tragándose la última mosca que tenía en el pico, les responde:
―No por viandas las doy por recibidas, solo me quito de encima a quienes el provecho les anima.
El conejo y el perro policía
Tras varios días desaparecidos sus padres y sus hermanos, un conejo fue detenido e interrogado por un perro policía:
―¿Dónde están tus padres y tus hermanos, chico?
―Enterrados.
―¿Has matado a tus padres y a tus hermanos?
―Están con mis abuelos.
Confundido, el perro policía insiste:
―A ver, chico, están con tus abuelos o están enterrados.
―Las dos cosas.
El gavilán y el mercader
De un puesto del mercado, un gavilán roba un trozo de carne y, antes de que el mercader lo echara en falta, se la entrega un colega. Después, fingiendo sorpresa, lanza la voz de alarma:
―¡Al ladrón, al ladrón!
Ante los gritos, un borrico contrae el hocico. Y derechos a él, de diversas especies, se le echan encima más de cien animales. Que, sin pensarlo dos veces, a patadas y picotazos lo deshacen.
Los animales, jubilosos le ofrecen la carne al mercader. Pero éste, los pone al corriente del pillaje:
―Darnos al primer ruido nunca nos dará por aprendidos.
La manzana y el gusano
Manzana: Aunque te doy la vida, acabas comiéndome…
Gusano: Ni siquiera te sobrevivo, princesa.
Manzana: No estoy tan segura…
Gusano: Tu corazón se me resiste.
Manzana: Sí, pero…
Gusano: Igual. Con la pera es igual.