Los pelícanos y la garza
Dos pelícanos observan a una garza mientras esta se come las moscas que revolotean alrededor de su estilizado cuello.
―Hay a quienes la necesidad les viene servida ―comentó, suspirando, uno de ellos―. A otros, en cambio, nos cuesta la vida.
―Hablar por lo que nos anima no atiende ni a instinto ni a medida ―replica el otro, con tirantez reprimida―. Por sabido doy que no es luz todo lo que ilumina…
La garza, tragándose la última mosca que tenía en el pico, les responde:
―No por viandas las doy por recibidas, solo me quito de encima a quienes el provecho les anima.