Lo artificial no me excita,
al menos no lo demasiado;
mi libido, profundo como el mar,
escapa como agua
entre dedos de azúcar.
Debes saber que a veces me duermo,
y ahí me quedo,
vaciando mis certezas.
Nada escapa ante el plástico
de las botellas vacías.
Los espejos rotos susurran
como notificaciones;
explotan como pintura impalpable
que mi cuerpo no toca,
que no besa, que no siente.
Es una red de distancia,
una cápsula
que necesito quebrar
para mirarte por dentro.
Tengo una colección
de profundos sentimientos,
son infinitos;
no logran sintetizar tan fácilmente
su esencia,
si no es por medio de algo
que arda como el corazón.
Medito, me cuestiono,
y aunque no tengo respuestas
he llegado a la conclusión
de que este mundo, así como va,
no me convence.
No es un castigo, no.
Es saber dónde abrir la flecha,
es la salvación de unos pocos
inocentes.
Como los pájaros del bosque
que resisten...
con los ojos
de un niño.