Vivir para no ver
la vejez y la ceguera
(entre otros hábitos)
que (hoy) me recrean
son los otros hijos
como los de la tontez
de no pasar vergüenza
aunque a menudo
sin saber cómo ni porqué
se les acerca algún padre
con la pretensión
de hacerse cargo de sus deficiencias
como si el pensamiento
no formase parte
de la estructura mental de la lengua
y no
la cosecha hecha hombre