Y al final solo quedó
querernos en silencio,
como se quieren las cosas
que nunca más serán verdad.
Tú esperabas una palabra,
yo esperaba que la dijeras;
y entre los dos dejamos
que el tiempo hiciera su trabajo.
Pero dejamos pasar la noche,
y después dejamos otra,
y luego llegaron los meses
con su manera lenta de cerrar las puertas.
Qué extraño el amor:
a veces no se pierde por falta de deseo,
sino por exceso de reproches.
Y queda esta pequeña eternidad:
saber que pudimos ser felices
y no haber sido capaces
de pedir perdón a tiempo.
Tanto nadé en tu búsqueda
que crucé todos los ríos
para morir luego en tu orilla.